“La manera de pensar que tenemos cada uno se transmite al fútbol. En la vida no me gusta esperar, por eso sobre el césped soy así”, Maurizio Sarri no puede ser más rotundo en sus ideales. Acude a San Paolo con su chándal de gala, las gafas impolutas y varios filtros de cigarrillo que pasará por sus labios durante los 90 minutos que dure el partido. Esto ya no es lo que era, los entrenadores a los que les comen los nervios no pueden fumar desde la banda. Aunque Sarri, a veces, ha tenido algún que otro truco. Durante las tres temporadas que estuvo en el Empoli solía fumar en los encuentros como local. ¿Cómo se lo montaba? Es fácil, se acercaba a las gradas del Estadio Carlo Castellani y desde allí algún aficionado le acercaba un cigarrillo. Tan solo eran un par de caladas, suficiente para un fumador empedernido como él. Sarri no cumple los estereotipos del clásico entrenador. Es minucioso como pocos, adora su trabajo por encima de cualquier cosa, es políticamente incorrecto, muy supersticioso y amante de la literatura. En una entrevista reconoció que al defensa Lorenzo Tonelli le había recomendado la biografía de Djokovic, para que así entendiera el cuidado de los pequeños detalles como la dieta.

Sarri 1Como si del destino se tratara, Sarri nació en Nápoles hace 58 años. Hijo de una familia obrera, nació por casualidad al sur de Italia, ya que su familia era originaria de la Toscana. Fruto del azar, o no, sus mejores momentos como entrenador han sido en estas dos regiones. Su padre, Amerigo, fue un notable ciclista aficionado, logró vencer más de una treintena de carreras. Finalmente no se dedicó al ciclismo, trabajaba en una fábrica cerca de Nápoles, aunque intentó que su hijo Maurizio sí lo hiciera. Pese a desearlo, a su heredero le gustaba más la pelota. De todas formas no era muy hábil con el balón en los pies, por eso mismo decidió dedicarse a las finanzas en un banco. No era el empleo de su vida pero no estaba mal, poseía buena remuneración y además viajó por Londres, Suiza, Luxemburgo y Alemania. Lograba compaginar su jornal de banquero con su verdadera pasión: ser entrenador de fútbol. Por las mañanas dirigía finanzas y por las tardes a jóvenes aspirantes a futbolistas de los equipos amateurs en la Toscana. Llegó el día en el que se hartó de los números, abandonó su empleo y decidió que el banquillo fuera su nueva oficina.

No hay una sola categoría del fútbol italiano que no haya visto a Sarri por sus banquillos, desde regional, tercera, Serie B y hasta la Serie A. En todos los clubes por los que ha pasado ha trabajado de sol a sol, su dedicación roza el límite de la obsesión. Para el técnico “fatiga es levantarse a las seis para ir a la fábrica” y no preparar numerosas jugadas tácticas a balón parado. Antonio Conte comenzó su carrera como entrenador en el modesto Arezzo en segunda división, tras sus malos resultados fue cesado y Sarri ocupó su vacante. Aquí llegaría la primera de sus gestas deportivas, llevó al club de la Toscana hasta los cuartos de la Coppa Italia. Continuó por clubes modestos hasta que llegó al Empoli. De nuevo la Toscana se cruzaba en su camino. En esta ocasión, ascendió hasta la Serie A al Empoli y además logró mantenerlo en la máxima categoría del fútbol italiano. Es entonces cuando De Laurentiis no dudó, llamó a Sarri y lo convenció para fuera el técnico del Nápoles tras la salida de Rafa Benítez rumbo a Madrid. No creo que le fuera difícil persuadir al exbanquero, ya que desde crío era aficionado del Nápoles. 

Sarri2“Me encanta Nápoles y su humanidad, me encanta su espíritu social. Si algo le sucede a un vecino es como si te hubiera pasado a ti”, afirma un Sarri que ha vuelto a sus raíces napolitanas. Pese a no haberse criado en sus calles, el entrenador reconoce que el carácter que posee la gente de Nápoles es parecido al suyo. No existe mayor felicidad, y presión, para un napolitano, que defender el escudo del Nápoles, por eso mismo Sarri e Insigne son la imagen de un pueblo que sueña con volver a ser grande. Desde que volviera a casa hace ya tres temporadas, cada año su equipo logra objetivos más ambiciosos. El fantasma del Scudetto rodea al Nápoles, la plantilla tiene calidad suficiente como para lograrlo, aunque tratar con la dinastía de la Juventus es tarea complicada. Sus éxitos de momento no se han transformado en títulos, pero el juego que practica el Nápoles ha sido reconocido tanto por aficionados, medios de comunicación y entrenadores rivales. Quizá sea un premio menor, pero se trata de todo lo contrario. Sarri habla así sobre sus futbolistas: “El niño dentro de cada jugador nunca debe apagarse, porque es justo lo que mantiene el carácter lúdico del juego”. El truco, al final, es ese: hacer que los jugadores sean ellos mismos y que tengan libertad sobre el césped.

Le espera una temporada interesante, se medirá a Guardiola en la Champions y a la Juve en el Calcio. ¿Cómo le van a asustar estos retos a un tipo que lo dejó todo por ser entrenador?