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Este texto está extraído del #Panenka138, un número que dedicamos al Rayo por su centenario y que sigue disponible aquí
Conmigo sucedió lo que sucede con el 95% de los niños: son del equipo de sus padres o abuelos. Normalmente es algo hereditario. Mi hermano y mi viejo eran del Real Madrid, y yo también lo fui hasta mi adolescencia. Me da un poco de palo reconocerlo, pero es la verdad. Pero también a mucha gente le ocurre lo que me pasó a mí, que pese a no ser del barrio de Vallecas, un buen día conoces al Rayo Vallecano y te enamoras del club. Yo fui conociendo al Rayo poco a poco, gracias a El Vela, uno de mis colegas, que también cantaba. Él me fue invitando a algunos partidos. Fui conociendo a gente y me di cuenta de la cantidad de cosas que tenía en común con ellos. Me enamoré totalmente del Rayo hasta convertirme en un apasionado del club.
El Rayo me inspira. Lo digo absolutamente de corazón. Todo lo que vivo alrededor del equipo y del club me sirve de inspiración para mis temas. Y sigo enamorado de este deporte gracias al Rayo: es el único club que me permite seguir creyendo en la magia del fútbol. Que en medio del barrio de Vallecas, en la Avenida de la Albufera, haya un estadio de Primera División es algo que me emociona. En Madrid, lo más parecido que teníamos era el Vicente Calderón, pero ya no existe. Para alguien del sur de Madrid, el Santiago Bernabéu es casi inaccesible, como si estuviera en otra galaxia. Y el campo del Getafe está en una zona un poco más inhóspita, casi en un polígono industrial.
Conozco muchas causas sociales gracias al club y a su gente. Cuando voy al estadio, me siento partícipe de una comunidad. Me gusta pensar que al tratarse de un campo tan familiar, cada grito de ánimo que sale de la grada llega perfectamente a oídos de cada jugador. Me gusta pensar que los futbolistas lo perciben. Y que ganamos partidos gracias a esos ánimos. Ya sé que suena un poco ‘peliculero’, pero lo siento así.
“El Rayo es el único club que me permite seguir creyendo en la magia del fútbol. Que en medio del barrio de Vallecas, en la Avenida de la Albufera, haya un estadio de Primera División es algo que me emociona”
Empecé a ir al estadio gracias a El Vela y otros amigos, como Raúl o Manuel. Les estoy muy agradecido. Y desde hace tres o cuatro años soy abonado: suelo ir con tres amigos más y nos sentamos juntos. Me encanta vivir la previa de los partidos, es algo mágico: encontrarte a muchos conocidos es algo que me fascina. Estoy convencido de que si fuese aficionado del Real Madrid o del Atlético no me encontraría a tantos conocidos en los partidos. Para mí, ir a ver al Rayo significa saludar como mínimo a 30 personas; gente que no conozco del fútbol, sino de otras cosas. Y tengo algunas anécdotas curiosas: una de las últimas fue la entrevista que Rafa Escrig nos hizo en DAZN, junto a mi compañero Ergo Pro, justo antes de un Rayo-Barça. Fue algo super loco y super bizarro, algo que me llevo para siempre. Por cierto, desde estas líneas le envío un saludo a Rafa, un periodista como la copa de un pino.
Yo soy de Orcasitas, un barrio de Madrid. Pero con permiso de mis compadres, me siento un vallecano más. Buena parte de mi grupo de amigos son de Vallecas y tienen su local en el barrio. Paso mucho tiempo con ellos. Me suelo cortar el pelo en la peluquería de mi amigo Morillas, también en Vallecas. Mi oficina también está en el barrio, en la calle Mogambo. Suelo ir al bar de mi colega Simón, al lado del mercado. El 70% de mi vida está en Vallecas: aquí me cuidan bien no; lo siguiente.
El rap y el Rayo tienen mucho en común. El antifascismo, por ejemplo. Ni en el rap ni en el Rayo hay cabida para cualquier otra cosa. El orgullo de la clase obrera y la reivindicación también son valores compartidos entre el club y el rap.
Si no estás metido en el día a día del rayismo, puede que no aprecies todo lo que significa este club: la afición del Rayo y su grada de animación (Bukaneros) tienen muy presente su parte social. Se vuelcan totalmente en actividades contra el racismo, el machismo o la homofobia, por ejemplo. También se han movilizado mucho en contra del posible cambio de ubicación del estadio, con un cordón de aficionados rodeando el campo. He tenido la suerte de ir con Ergo Pro a algunas charlas sobre antirracismo organizadas por Bukaneros, está claro que la del Rayo es una de las aficiones que más se moviliza por las causas en las que cree.
Tengo relación con algunos jugadores del Rayo. El primero fue Catena, nos seguimos en las redes sociales y empezamos a charlar. Esta temporada ha fichado por Osasuna y cuando actuamos en Pamplona vino a vernos. Nos regaló unas camisetas. Es un pedazo de crack. ¡Isi y Camello también son unos fieras! Te lo pasas genial con ellos. Son gente terrenal. Yo nunca me hubiese imaginado a un futbolista de Primera así. Son unos máquinas: gente normal, campechana y humilde. Seguro que ya habrán puesto algún tema nuestro en el vestuario. Y confieso que alguna vez he fantaseado con componer algo especial para el club, una especie de himno o algo por el estilo. De momento, ya he metido un par de rimas del Rayo en algunas canciones.
“El rap y el Rayo tienen mucho en común. El antifascismo, por ejemplo. Ni en el rap ni en el Rayo hay cabida para cualquier otra cosa. El orgullo de la clase obrera y la reivindicación también son valores compartidos”
¿La parte menos buena? Que el presidente del Rayo representa justo lo contrario de los valores del club. Podría enumerar mil cosas: estuvo sin pagar a las jugadoras del femenino, y ahora quiere cambiar de sitio el estadio. Trejo ya dijo que estaba dispuesto a ceder el brazalete de capitán porque no se sentía representado por el presidente. No puedes estar orgulloso de un presidente que representa lo contrario al Rayo, por eso es normal que la gente se le eche encima. Si cambiasen de sitio el estadio, se cargarían el 90% de la magia que tiene Vallecas. Me parecería fatal. Aunque si depende del presidente, no creo que ocurra, como tantas otras cosas que prometió y que no cumplió. Y si ocurre, aunque sea dentro de muchos años, ahí estaremos los socios del Rayo para protestar.
Entretanto, seguiremos animando. Y ahora que se acerca el final de esta reflexión, es el momento de subrayar que no pretendo convertirme en portavoz o abanderado del Rayo. Hay mucha gente que lleva más años que yo acudiendo al estadio. Pero la invitación de Panenka a escribir sobre el equipo me permite revivir mi pasión por el fútbol, que empezó como la de casi todos, cuando era pequeño y jugábamos en la calle o en el colegio. Y sobre todo, me permite rendir un homenaje muy cariñoso a toda esa gente de Vallecas mucho más enamorada del Rayo que yo. Si estas palabras sirven para dar un poco más de visibilidad a esa afición y a ese barrio y a esos jugadores, estaré encantado.
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