Inmersos en las constantes críticas que genera el formato de la Copa del Rey en España, donde desde la 2006/07 aún se le dio más ventaja a los clubes poderosos, es mirar un poco más arriba en el mapa y entender cómo debe tomarse una copa. Respetar tradiciones, igualar -tanto como sea posible- posibilidades y dar oportunidades a humildes clubes para generar alegrías en rincones donde pocas veces se sonríe. No sé cuán complicado será conseguir aplicar estas tres directrices; lo que está claro es que en Francia la Coupe despierta un romanticismo que ya querríamos ver nosotros desde el costado sur de los Pirineos.

El Comité Francés Interfederal -antecesor de la Federación Francesa de Fútbol- creó el 15 de enero de 1917 la Coupe de France en memoria de Charles Simon, dirigente deportivo francés de inicios del siglo XX que murió en la Primera Guerra Mundial. En su primera edición participaron 48 clubes. Y, a partir de ahí, el torneo fue agrandándose hasta llegar a los más de 7.000 equipos que en la actualidad se citan cada año en la Coupe de France, siendo, de largo, la competición futbolística con el mayor número de participantes del planeta.

Sin importar nivel, división, ni estatus, la competición del KO francesa reúne a todas aquellas entidades que quieran participar con unos requisitos mínimos: tener los derechos federativos, pagar la cuota de inscripción para el torneo y contar con un terreno de juego homologado para poder disputar los encuentros. Y, aunque parezca un hecho atractivo para la mayoría, los clubes más prestigiosos del país discrepan con las facilidades que se dan para formar parte de la competición, alegando que deben ir a jugar a lugares de condiciones pésimas, aunque desde la organización siempre se ha rechazado la posibilidad de poner mayores trabas para inscribirse en la Coupe de France.

 

El torneo francés guarda la peculiaridad de disputarse en hasta cuatro continentes -América del Norte, América del Sur, África y Oceanía-, pese a ser una competición nacional

 

El torneo se divide en dos etapas: la fase preliminar, que cuenta con ocho rondas previas, y la fase final, que arranca desde treintaidosavos de final. En primer lugar, en la fase preliminar van entrando clubes de mayor categoría a medida que avanza la competición. Las dos primeras rondas las disputan equipos regionales y es a partir de la siguiente cuando el fútbol semiprofesional francés inicia su curso en la copa. En tercera ronda acceden los clubes de la National 3 -quinta división-; la cuarta ronda da paso a los de National 2 -cuarta categoría-; y en la quinta ronda entran los de la National -tercer escalón del fútbol galo-. A partir de la séptima llega una de las particularidades que hacen de la Coupe de France un torneo sin igual. Junto con la entrada de los 20 clubes que conforman la Ligue 2, también tienen su hueco en la competición los campeones coperos de los territorios de ultramar. Por su parte, los clubes de la máxima categoría del fútbol francés, la Ligue 1, inician su camino con el comienzo de la fase final.

Suele ser alrededor del mes de noviembre cuando la séptima ronda de la Coupe depara unos emparejamientos de lo menos ortodoxos. Inacabables viajes, tierras paradisíacas, choque de culturas y, sobre todo, distintos continentes. El torneo francés guarda la peculiaridad de disputarse en hasta cuatro continentes -América del Norte, América del Sur, África y Oceanía-, pese a ser una competición nacional. En la séptima ronda, equipos de las divisiones más modestas del fútbol francés recorren miles de kilómetros para seguir adelante en el torneo copero. Martinica, Guadalupe, Nueva Caledonia o Isla de Reunión son algunos de sus destinos, y ante la imposibilidad de cubrir gastos de tal magnitud es la FFF la encargada de costear los viajes de los clubes.

 

Una copa que no entiende de clases ni categorías, un lugar donde hasta los más humildes, sean del rincón del mundo que sean, tienen heroicas historias que contar

 

Esta historia arrancó en Guadalupe durante la Copa de Francia de 1961. El CS Moulin fue el primer club de los territorios de ultramar que disputó el torneo galo, aunque solo pudo disfrutar de un partido en dicha competición. El Dieppe, club de una pequeña ciudad homónima del norte de Francia, fue su rival y se impuso por 3-2 en la eliminatoria. Desde entonces, diversos clubes de las colonias francesas fueron apareciendo gradualmente en la competición, hasta que en 1977 se decretó que los campeones de las copas regionales de cada uno de los territorios de ultramar tendrían un lugar reservado en la Coupe. Después llegó la primera victoria, protagonizada por el mismo club que inició el cuento, el Moulin guadalupeño, acompañado de gestas como la del Geldar Kourou de Guayana, que hasta hoy es la entidad de ultramar que se ha atrevido a llegar más lejos en la competición copera, acabando su periplo por la competición del KO francesa de 1989 en dieciseisavos de final ante el Nantes de la Ligue 1.

Pero no solo ultramar esconde sorpresas en la Coupe de France. La pureza de sus sorteos -no importa división ni nivel para saber rival o estadio local- ha sido una de las claves para que numerosos clubes desconocidos, sin recursos y, a priori, sin potencial, hayan escrito anécdotas para la posteridad. Existen ejemplos como los de Nimes, Amiens y Quevilly, de tercera división, o el Calais, de la cuarta categoría, que rozaron la gloria con los dedos al quedarse a las puertas del mayor éxito de sus respectivas historias al caer en la final contra equipos de primera división.

Tras superar a Angouléme, Saint-Ló Manche, Auxerre, Lens y Chambly, Les Herbiers, de la National, está a un paso de emular las gestas que en su día encumbraron a Le Havre y Guingamp como héroes de la competición, siendo los únicos que han conseguido alzar el título sin ser clubes de la Ligue 1. El último humilde en hacer historia en la copa francesa se verá las caras con el París Saint-Germain el próximo 8 de mayo en el estadio de Saint Denis. Un equipo de provincia, de una ciudad de apenas 15.000 personas, contra el club de los petrodólares, de Neymar y de la capital. Así es la Coupe de France, una copa que no entiende de clases ni categorías, un lugar donde hasta los más humildes, sean del rincón del mundo que sean, tienen memorables historias que contar.

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Jorge Giner

Ver comentarios

  • Muy buena nota. Me encanta este tipo de torneos donde todavía la deportividad es más importante que el negocio. O mejor dicho, que se dan cuenta que el negocio está en la deportividad.
    En el caso de la copa del rey en España, creo que lo que la mata o que lo que hace imposible que un equipo de los importantes pueda ganarla es el tema de los 2 partidos.
    Yo soy de argentina, y desde hace unos pocos años, creo que 5, empezó la copa argentina. Creo que han tomado el modelo francés o el inglés. La empiezan equipos de los torneos regionales y eventualmente se suman los de segunda y primera. Todavía no se dio ningún campeón que no sea de primera, pero si se han dado varios batacazos. El año pasado un equipo de 3ra llegó a semi final eliminando a varios equipos de primera. Solo lo derroto River Plate en semi, o sea, no solo uno de primera, sino uno de los equipos más importantes de la liga argentina.
    Respecto a estructura, es a 1 partido en estadio neutral y la división en el cuadro por parte de los equipos de primera durante la fase final se por la posición que han obtenido en la liga el año anterior, por lo que varía año a año.
    Saludos, espero algún día tengan una distribución, aunque sea pequeña, de su revista aquí en Argentina.

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Jorge Giner

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