Miradas

La mejor camiseta del mundo

Hace algunos años, las compañías Footy Headlines, The Football Attic, True Colors Football y Design Football, todas ellas especializadas en diseño, decidieron elaborar conjuntamente una lista de las 50 camisetas más bonitas de la historia del fútbol. La clasificación, discutible en cuanto que subjetiva, tuvo al menos el detalle de rescatar a dos perlas del pozo de la memoria: en 9ª posición quedó la versión exclusiva que Puma preparó en su día para Africa Unity, una salvajada conceptual aderezada por su finalidad poética; más lejos, en la 42ª, la equipación local burdeos del Arsenal, que en 2005 tuvo la tentación de recular hacia sus orígenes, como si ya supiera que nada bueno le esperaba en el futuro. La primera plaza, en cualquier caso, no la ocuparon ni unos africanos ni unos ingleses. Se la adjudicaron los que, según Lineker, ganan siempre. Y lo peor de todo es que dio la sensación de que se imponían con una autoridad demoledora, aunque en el ranking no figurasen puntos que ayudasen a hacerse una idea sobre la diferencia existente entre las candidatas.

La selección de la República Federal de Alemania (RFA) aguardaba la llegada de los 90 de la misma manera que lo hacía su nación: en vísperas de un cambio decisivo. Las dos piezas del cascarón germano se acercaban tanto que ya no era imposible suponer un nuevo encaje, y el clima socio-político del país invitaba al optimismo. Adidas tampoco quiso darle la espalda a esos aires entusiastas, y elaboró para el equipo de la RFA una prenda inédita: por primera vez el conjunto nacional incluiría la bandera tricolor en su vestimenta. Con esa zamarra envolviéndoles el torso, los alemanes viajarían por media Europa, verían caer el gran Muro y, justo en el verano en el que desapareció la moneda de la RDA, ganarían el Mundial de Italia’90.

Trascendencia pública, carga simbólica y un éxito con el que siempre podamos asociarla. ¿No es eso lo que se le debería exigir a una camiseta para que fuera la más hermosa de todas? ¿Que tenga un relato único? Probablemente sí. Y probablemente no, a su vez. Porque en el fútbol, el hallazgo, el encuentro fortuito, aquello que pasa por primera vez delante de nuestros ojos desamarrado de cualquier contexto, sin un pasado que lo arrope, también tiene el poder de fascinarnos. Un delantero, un equipo, un trozo de tela. Qué importa de dónde vengan. Qué importa el secreto que escondan. Qué importa que no los hayamos visto antes, si nos gustan. En ocasiones, es la belleza por si sola la que nos tumba de un puñetazo. Así de sencillo.

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Marcel Beltran

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  • Totalmente de acuerdo. Y yo la tengo. Con el 18 del gran Jurgen Klismman. Pero matizo que toda esa belleza se ha banalizado y diluido con la elástica actual de la mannschaft y sus absurdas copias e implementaciones en el resto de equipos que ha hecho Adidas.

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