Karpe Diem es un grupo de música noruego creado hace ya 15 años por Magdi Ytreeide y Chirag Rashmikant. Los dos amigos, provenientes de familias inmigrantes, se conocieron en el instituto donde encontraron una forma común para expresar sus sentimientos, la música. Ahora, unos años más tarde, son el grupo de hip hop de referencia en el país escandinavo. Pero no todos tienen la suerte de poderse expresar a través del ritmo, porque esta es una cualidad innata. Ni tampoco lo pueden hacer en su país. A veces hay que cruzar fronteras para poder ser uno mismo y triunfar en aquello en lo que eres bueno, como lo hizo, en este caso, Tokmac Chol Nguen.    

El jugador noruego, nacido en Kakuma, Kenia, empezó su carrera profesional en el Strømgodset IF, donde llegó procedente del Drammen FK, entidad que desapareció en 2016. Sus tres primeros años en el club no fueron los mejores, apenas llegó a disputar una decena de partidos y fue cedido al Baerum, de la segunda división noruega. Después de otra cesión al Mjøndalen, en 2016 se afianzó en el primer equipo del Strømgodset, donde consiguió unas cifras de goles y asistencias que le llevaron a firmar por el Ferencváros húngaro. Ahí es donde empieza a escribir la historia que le ha permitido ser convocado por la selección noruega.

La semilla de calabaza

Hungría es un país profundamente racializado. El primer ministro Viktor Orbán, conocido por su polémico liderazgo, ha sido acusado, entre otros, de controlar los medios de comunicación, reformar las leyes del país acorde con los intereses de su partido, pero sobre todo de su gestión con la crisis de los refugiados. Hungría fue uno de los únicos países que vulneró los principios fundamentales de la Unión Europea al no aceptar el reparto equitativo de los refugiados. Y este rechazo se instaló entre los favorables al gobierno y entre los ultras en el fútbol.

Así pues, Nguen se mudó a Hungría en el apogeo de este odio hacia los inmigrantes. De lleno en la boca del lobo. Además, fichó por uno de los equipos con la base de fans más racista y violenta del país. Pero el noruego tenía un objetivo, o al menos lo desarrolló con los años, cambiar la mentalidad del equipo de Budapest. Desde el inicio el extremo izquierdo ya despertó simpatía entre los aficionados del ‘Fradi’. El apodo que los fans le dieron, ‘Tokmag’, se traduce como ‘semilla de calabaza’ y es un término de cariño ya que su nombre, Tokmac, suena fonéticamente similar. De esta forma Nguen se convirtió, en poco tiempo, en el niño mimado del Ferencváros, dispuesto a cambiar con sus goles, sus asistencias y su calidad, la mentalidad cerrada de los aficionados húngaros.

Cuando todo cambió

El 31 de mayo de 2020 el Ferencváros visitaba el Pancho Arena, el estadio del Puskás Akadémia, el equipo fundado por Viktor Orbán. El primer ministro húngaro, gran aficionado al fútbol, creó el club en 2007 y lo vinculó de lleno con el partido político del gobierno, el Fidesz. El Puskás Akadémia, nombre puesto como homenaje al mejor jugador húngaro de todos los tiempos, Ferenc Puskás, juega en Felcsut, pueblo natal de Orbán y ha logrado, en pocos años, convertirse en uno de los equipos punteros del país. En 2013 subió por primera vez a la primera división húngara y en la presente temporada ya disputó la primera ronda clasificatoria de la Europa League, donde cayó eliminado ante el Hammarby sueco. Pero volvamos al mayo, en el Pancho Arena, cuando todo cambió.

Justo en medio de la crisis provocada por la pandemia, unos 600 aficionados se congregaron en el moderno estadio de Felcsut, a solo unos metros de la casa de Viktor Orbán. El partido prometía. Un Ferencváros ya casi campeón contra el Puskás Akadémia, que buscaba afianzarse en las posiciones que dan acceso a la fase clasificatoria de la Europa League. Apenas se habían disputado 17 minutos del partido cuando Tokmac Nguen emprende una de sus carreras características por la banda y supera al portero con un chute raso, pero certero. 0-1. El partido terminaría 1-1, pero el resultado no fue lo más importante de ese día. Después de marcar el gol, el jugador noruego muestra un mensaje debajo de la camiseta del partido: “Justice for Floyd”. Para una grada tan cercana al Fidesz, el partido político del gobierno, que los días previos había condenado las protestas que se habían originado en todo el mundo de soporte a George Floyd, fue un gesto impropio e insultante. En todo el mundo, deportistas de diferentes deportes habían mostrado su indignación contra la brutalidad policial hacia Floyd y habían sido aplaudidos por sus gestos. En Hungría se advirtió a Nguen que no lo volviera a repetir. La decisión de la MLSZ, la federación de fútbol húngara, chocó contra la directriz de la FIFA que llamaba al “sentido común” para no sancionar a los jugadores por sus protestas. Pero en Hungría huyeron de lo establecido.

Punto y aparte

La advertencia no hizo arrugarse a Tokmac Nguen. El jugador del ‘Fradi’ defendió sus actos y reivindicó su mensaje en una entrevista para la BBC World: “Fue un mensaje muy importante y lo mantengo porque esto es algo que realmente defiendo y que me tomo como algo personal. No creo que sea correcto que solo porque juego al fútbol no pueda decir lo que siento. Se supone que solo debes jugar al fútbol. Se supone que debes hacer tu trabajo en el campo. No quieren que tengas una opinión política”. En los últimos años, el histórico club húngaro se había visto inmerso en problemas con los organismos internacionales. En 2014 la UEFA les obligó a jugar a puerta cerrada los partidos clasificatorios para la Europa League por el comportamiento racista de sus aficionados en un partido contra el Rijeka croata. Es por eso que las acciones de Nguen fueron una muestra de valentía. Porque gracias a él y a la política que los dirigentes del club han decidido emprender en los últimos años, las conductas reprochables de los fans del ‘Fradi’ han decaído. Tokmac Nguen no fue silbado por la afición después de su celebración en la ‘casa’ de Orbán, un significativo paso hacia la justicia.

Esta temporada ha sido la de su consagración como jugador a tener en cuenta. Su actuación en la fase de grupos de la Champions League en el Camp Nou, donde le anularon un gol y forzó la expulsión de Piqué, y en el partido contra el Dinamo de Kiev con un tanto, le han hecho mostrarse al panorama futbolístico mundial. Seguro que el Ferencváros querrá conservarlo, pero la reciente convocatoria con la selección de Noruega solo hará que los clubes europeos se fijen aún más en él. Porque como Karpe Diem o Kubala, histórico jugador húngaro del Barcelona pero que también militó en el Ferencváros, a veces hay que encontrar tu sitio en otro país para poder alcanzar la gloria.

 


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Fotografía de Imago.