Las piernas de los rivales temblaban cuando el menudo Nobby Stiles aparecía en el radar. Un futbolista que maximizaba el arquetipo de la dureza del fútbol en los 60, enmascarado en un líder de corazón noble. Un ‘perro de guerra’. Hasta que perdió la lucha contra el Alzheimer.
Este reportaje está extraído del #Panenka80, nuestro Especial sobre los Bad Boys del fútbol
Inglaterra sonríe como siempre soñó y llora de alegría pegada al televisor con la imagen de Wembley, donde 97.924 ‘elegidos’ disfrutan del mejor momento de sus vidas: la celebración del primer Mundial. Los futbolistas consiguen hacerse hueco entre la multitud y comienzan a brindar el título a los aficionados con la vuelta olímpica más legendaria del fútbol inglés. En mitad del fervor del césped, surge alguien diminuto al que se le adivina una considerable alopecia y una alarmante ausencia de dientes en su dentadura, que muestra sin tapujos con pegadiza carcajada. Animado como nadie, agarra la Copa Jules Rimet con su mano izquierda, la acerca a los graderíos y baila sin compás, descoordinado y torpe ante la mirada simpática de todo el país, como a quien no le importa nada la opinión general. No tiene estilo, pero sí ingenio. El capitán, Bobby Moore, justo a su lado y sin parar de reír ante la escena, le da palmaditas en la cabeza, como si aquella fuera una diablura más. Podría parecer el animoso amigo de algún futbolista, un hincha cuyo deseo ha sido milagrosamente concedido o hasta el utilero gracioso que disfruta de su momento de gloria, pero la realidad es que tiene el número ‘4’ en la camiseta y es uno de los jugadores clave de la selección campeona. Aquel instante sigue siendo uno de los más especiales de la historia del fútbol inglés; por su cercanía popular y porque aquel simpático personaje, llamado Nobby Stiles, fue el perfecto embajador del pueblo raso en el césped.
La ebullición de Inglaterra como país exportador de música, arte urbano y cuna del movimiento mod no puede entenderse sin la década de los 60, donde Londres se convirtió en la capital mundial de la optimista juventud de la época. Más del 40% de quienes habitaban la ciudad de moda eran chicos en edad de comerse el mundo y estaban dispuestos a hacerlo con una jarra de cerveza interminable entre manos y ritmos rockeros como energía diaria. Pero aquella efervescencia no se correspondía con quienes levantaban la nación desde cualquier barrio obrero. En uno de ellos, en Collyhurst, al norte de Mánchester, los niños tenían un cotidiano test callejero al que sobreponerse si querían progresar. Y cuando eres de familia humilde, el más bajito de todo el grupo y, además, complementas tu imagen con una ausencia total de dientes en la parte central de la boca producto de tu falta de higiene y de conciencia (como, por ejemplo, caer de boca desde el sofá de casa mientras celebras un gol del United), quedan pocas cosas a las que agarrarse para imaginar un futuro exitoso. El fútbol siempre fue un refugio para Nobby Stiles, aunque empezó a practicarlo detrás de las porterías, siendo el encargado de que la pelota no acabara en el río Irk mientras otros jóvenes disputaban partidos en el equipo escolar de St. Patrick (una funeraria que dirigía su padre). El ‘patito feo’ del barrio era hincha del Manchester United desde niño, algo que le ayudaba a tener una meta y soñar despierto con un Old Trafford coreando su nombre. Por ello, cuando en 1959 logró una prueba con las inferiores de los ‘Red Devils‘, la esperanza… le mostró el camino más cruel y esperado: el de un rechazo por su menuda estatura.
Sin dientes, alopécico, miope y con una misión: frenar al rival
Pero meses después, tras destacar en varios torneos juveniles durante los England Schoolboys de Mánchester, el ojeador sí le dio su aprobación y entró en la academia del United. El club que más capacidad de reclutamiento de juveniles había logrado en toda Gran Bretaña, se había fijado en él y, esta vez, no por su singular aspecto físico, sino porque aquel chico se ganó la confianza de Matt Busby en tiempo récord. La tragedia aérea de Múnich (1958), donde el club había paralizado su historia y exigió renovar su plantilla, acabó dando entrada a muchos más canteranos y, desde que debutó en 1960 ante el Bolton (con 22 años), su crecimiento en los planes del equipo fue imparable. El día clave llegó ante el mejor Tottenham de la historia, cuando Busby, sin poder contar con su mediocentro defensivo habitual, Maurice Setters, apostó por Nobby para frenar a Jimmy Greaves. Lo hizo. Valiente para ir al choque, y ensalzando hasta el cielo el término tackle, Stiles se convirtió en un par de temporadas en uno de los futbolistas más agresivos, duros y rocosos del fútbol mundial (en tiempos donde no se habían inventado las tarjetas de amonestación). Y, al mismo tiempo, en un icono irrepetible de aquel vestuario.
El Manchester United acababa de ganar la liga inglesa de 1965 y las autoridades mancunianas habían invitado a toda la plantilla al Ayuntamiento de la ciudad para homenajearles. El comedor, gigantesco, reunía a la mejor plantilla del fútbol inglés. De repente, Nobby Stiles se levantó de la mesa y se excusó ante su repentina necesidad de visitar el aseo. Cinco minutos. Diez minutos. 20 minutos. El futbolista no regresaba a la comida y, tal y como cuenta en su biografía George Best (cuya experiencia personal le había otorgado la capacidad de detectar problemas ajenos), este decidió ir en su búsqueda. Ni rastro en el baño. Ni rastro en los pasillos. Ni rastro en la recepción. En el comedor contiguo al del homenaje mancuniano se estaba celebrando otro convite y Best fue a olisquear. Solo necesitó unos segundos para encontrar a Nobby en una mesa de otra persona, comiendo el plato de otra persona y hablando con otras personas. George alucinó. No se lo podía creer. Su compañero había perdido las lentes de contacto y no llevaba gafas (ambas compradas por el club para que pudiera jugar): elementos que destaparon una absoluta falta de visión producto de una miopía que nunca contó y que solo Busby conocía. El norirlandés entendió en ese momento que Nobby era un tipo tan peculiar que no podría ser entendido sino como el particular elemento de percusión que necesitaban en su fútbol…
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