Siempre he tenido predilección por los laterales, a decir verdad no sé por qué. No siento devoción por cualquier lateral, concretamente muestro pasión por esos de esos de largas piernas y metro ochenta que vuelan por cualquiera de las dos bandas. De esos que a un balón dividido lo mismo envían la pelota o al extremo fuera del campo. De los que no se andan con rodeos, vaya. Los típicos cumplidores. A mí, dame un Manuel Pablo y déjate de hostias, anda. Lo que más me gusta de los laterales es cuando tienen la capacidad de dominar los partidos o ser tan influyentes para sus respectivos equipos como el delantero centro. Que se hagan imprescindibles desde la parte más marginal del césped es de una grandeza terrible.

Renan Lodi es de estos tipos que no se arruga ante ninguna presión o adversidad. De esos que si tienen que salir de la presión rival con un caño, salen de la presión rival con un caño. Renan Lodi es de esa clase de tarados. Y nos encanta. El brasileño no lo ha tenido fácil desde su llegada al Atlético de Madrid. En primer lugar porque llega para ocupar el puesto del posiblemente mejor lateral izquierdo en la historia del club. Algo así como los sustitutos de Dani Alves en el Barça, saben la camiseta y el lugar que van a ocupar. En segundo lugar porque no es sencillo llevar el fútbol brasileño con su ritmo e idiosincrasia desde Brasil hasta la Liga. Son dos mundos totalmente distintos.

Respecto al primer concepto, el tiempo lo dirá. Lodi tendrá su carrera sin tener en cuenta la de Filipe Luis aunque siempre estará el que los compare constantemente. Sobre el segundo tema creo que ya podemos despejar cualquier duda posible. El de Sao Paulo duró 42 minutos sobre el verde del Metropolitano en su debut en liga. Lo que para muchos sería una tumba, para Lodi tan solo será una anécdota. En el tercer encuentro ante el Eibar, con la sanción ya cumplida, fue el artífice de la remontada de su equipo ante un equipo que poco les concedió durante gran parte del encuentro. Larga carrera, control orientado, levanta la cabeza y pone el balón donde toca. El repertorio completo. Es como si hubiera dicho: “¿Me habéis expulsado? Ahora lo vais a flipar”

Lo que más me fascina de su fútbol es la clase y categoría con la que lo hace todo. Y además, parece hacerlo sin esfuerzo alguno, esa es la mejor parte de todas. Los notables jugadores son aquellos que se mueven sobre el verde como por la cocina de su casa o como en un bar cerveza en mano. Les importa una mierda lo que hay a su alrededor, que su rival sea buenísimo o que 60.000 tipos estén atentos hasta al color del cordón de sus botas. Esos son los que brillan por encima del resto. Lo intentan una y otra vez sin tener en cuenta que muchas veces se mueven sobre la cuerda como una funambulista. Pagaría una entrada tan solo por ver a un lateral y pagaría la mía junto a la de mi acompañante para disfrutar del tarado de Renan Lodi.