Pasaportes

Los demasiados partidos

En días de Champions invariablemente me viene a la mente el absurdo que supone que haya partidos de la mejor competición del mundo ocurriendo en simultáneo. Es verdad que ahora es mucho más sencillo que antes recuperar los juegos y verlos en diferido, pero hacerlo de esa manera supone otro tipo de experiencia reservada para los analistas, los entrenadores y los solteros.

Yo, a reserva de tener que ponerle al día con ciertos juegos para fines periodísticos, me siento más cómodo con el hecho de ir acumulando partidos que no he visto. De alguna manera me recuerda a lo que el ensayista mexicano Gabriel Zaid decía en Los demasiados libros: “La gente que quisiera ser culta va con temor a las librerías, se marea ante la inmensidad de todo lo que no ha leído, compra algo que le han dicho que es bueno, hace el intento de leerlo, sin éxito, y cuando tiene ya media docena de libros sin leer, se siente tan mal que no se atreve a comprar otros. En cambio, la gente verdaderamente culta es capaz de tener en su casa miles de libros que no ha leído, sin perder el aplomo, ni el deseo de más”.

No me avergüenza decir que tengo almacenados partidos en mi biblioteca sentimental que no he visto. Por el contrario, me enorgullece no perder el aplomo ni el deseo de más partidos. Por ejemplo, como testigo revolucionario, me niego a recuperar en diferido la derrota del Atlético de Madrid en Dortmund. Eso, sin embargo, no me impide haberlo descargado y almacenado en mi memoria como una asignatura pendiente que, si no ocurre nada raro, no saldaré nunca.

 

“No me avergüenza decir que tengo almacenados partidos en mi biblioteca sentimental que no he visto. Por el contrario, me enorgullece no perder el aplomo ni el deseo de más partidos”

 

Tampoco voy a negar que me desestabiliza la inmensidad de todos los partidos que no he visto, ni de los que me han dicho mis colegas que tengo que ver y, desde luego, los que he abandonado sin pudor alguno a la menor provocación. Pero puede más el deseo irrefrenable por seguir acumulando partidos que no he visto.

Zaid, en ese mismo ensayo, recupera con urgencia el aforismo de José Gaos, que reza así: “Toda biblioteca personal es un proyecto de lectura”. Y es verdad, ya que nada dice más de una persona que los libros que no ha leído. Como nada dice más de un aficionado que los partidos que no ha visto. Dicho esto, hay algo que no nos pedimos permitir: que prosperen los partidos que no son para ver, como sí han prosperado los libros que no son para leer, sino para “tenerlos a la vista impunemente, sin sentimiento de culpa: diccionarios, enciclopedias, atlas, guías, libros de cocina”.

Lo que no podemos eludir, me temo, es que los partidos que nos recomiendan, como los libros que se regalan, se conviertan en una obligación que devenga en la preguntas intimidatorias “¿Ya lo viste?” o “¿Qué te pareció?”. Para evitar el vértigo, recomiendo dejar de obsesionarnos por estar al día, puesto que lo que importa —sostiene Zaid— es cómo se anda, cómo se ve, cómo se actúa, después de leer… y de ver partidos.

 


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Fotografía de Getty Images.

Ricardo López Si

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Ricardo López Si

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