Si el fútbol, como sostiene Javier Marías, constituye la recuperación semanal de la infancia, la conclusión de la Liga vendría a ser algo así como el retorno anual del final de curso: con sus exámenes, sus notas y su polen en suspensión. Una analogía reforzada por el calendario: ambas temporadas -la futbolística y la escolar- comparten su desarrollo de forma casi exacta. Pero sabemos que el tiempo es una masa informe y engañosa, que puede correr más que un extremo el día de su debut o moverse menos que un línier barrigudo de los 80. Y esta campaña ha cundido una cierta sensación de agotamiento en los estadios: tanto a los que pugnaban por la matrícula de honor como a quienes evitaban repetir curso el calendario se les ha hecho muy largo.
Llega, pues, el momento de repartir las notas. En The Guardian hace un año decidieron complementar el veredicto oficial con otro alternativo: una clasificación inversa de acuerdo a los fallos cometidos, en lugar de los aciertos. Hoy Panenka importa el concepto y el mecanismo evaluador -que tampoco es muy científico- para lanzar una mirada retrospectiva a los últimos ocho meses de fútbol: golazos, pero también tantos en propia puerta; regates, pero también clamorosos errores defensivos; intensidad, pero también saques de banda a los pies de los rivales.
Como la recopilación de los mejores momentos ya la harán los demás, vamos nosotros -gracias a los datos de OPTA- en busca de lo que de verdad nos gusta: el fallo. El resbalón. El error. El equipo que más la ha cagado. ¿Recordáis el soniquete de la Liga de las Estrellas? Pues ha llegado la hora de la liga de los estrellados.
En uno de sus adagios eternos, Helenio Herrera proclamó que al fútbol “se juega mejor con diez que con once”. Salvo el peculiar técnico argentino, el resto de la humanidad prefiere abordar los 90 minutos de cada partido en igualdad numérica.
Metodología: dos puntos por expulsión.
A pesar de que aún tiene que nacer el árbitro que cambie su parecer después de una acalorada charla con un jugador, los futbolistas insisten en hacer pedagogía: explican sus acciones, a veces de forma amistosa, otras con maneras de gallito de barra de bar. Y a los colegiados eso les hace mucha gracia. Mucha.
Metodología: 30 amarillas (o más), 10 puntos; de 25 a 29, 8; de 20 a 24, 6; de 15 a 19, 4; de 10 a 14, 2; menos de 10, 0.
Últimas noticias: según un estudio reciente, los equipos que no marcan en un encuentro tienen unas posibilidades altísimas de no ganarlo. Cada partido sin mojar supone un lastre en la tabla, y más desde la introducción de la liga de tres puntos.
Metodología: dos puntos por partido.
Aficionados, jugadores, periodistas… Todos cometemos el mismo error: si el árbitro pita penalti, es gol seguro. Una equivalencia más equívoca que el redondeo de los precios cuando pasamos de las pesetas a los euros. Y si no que le pregunten al Barça (por los penaltis, no por los euros).
Metodología: Un punto por penalti fallado.
Un resbalón. Una falta de comunicación. Una leve desconexión neuronal. Una mala tarde, como diría Chiquito. Nos puede pasar a todos… aunque a algunos les pasa más que a otros.
Metodología: dos puntos por error.
Esta categoría supone la elevación a la máxima potencia de la anterior: no hay error defensivo más grosero que marcar contra tu propio equipo. Este año, además, hemos visto auténticos golazos. La FIFA, siempre dispuesta a ensanchar aún más su negocio, no tardará en convocar los premios Ricardo Rocha (la versión maligna de los premios Puskas).
Metodología: dos puntos por cada autogol.
Estamos en la era de la intensidad. Todo lo que sucede en un campo de fútbol se puede explicar a partir de ese concepto. Si se gana, es porque “le pusimos más intensidad”. Si se pierde, “nos faltó intensidad”. Por eso sorprende el elevado número de saques de banda entregados a rivales. ¡Más intensidad, chavales!
Metodología: entre los 10 equipos con más saques de banda al rival, 10 puntos al primero, 9 al segundo, 8 al tercero…
En julio de 2004 entró en vigor la sanción por celebrar un gol quitándose la camiseta. Quizá uno de los momentos más álgidos de la imbecilidad hecha regla de fútbol, de acuerdo. Pero es que casi no quedan jugadores que recuerden cómo era el fútbol antes de aquella prohibición. Y siguen quitándose la camiseta. Somos seres de costumbres.
Metodología: un punto por cada amarilla.
Una situación de juego con influjo creciente. Desde la reglamentación oficial del tiempo añadido -con cuarto árbitro, tablilla electrónica y su canesú- cada vez se prolongan más los partidos. Y por lo tanto, las posibilidades de registrar goles tardíos. La cosa es que si te meten un tanto en el alargue, te sabe mal. Si te meten dos, te cabreas. Pero si te meten, siete…
Metodología: dos puntos por cada gol encajado más allá del minuto 90.
Después de molestar a la buena gente de OPTA, y de rompernos la cabeza con los excel, hemos llegado a la conclusión de que no es lo mismo acertar que no fallar. Porque si de los fallos dependiera, el Levante habría bajado de nuevo como colista, pero le habrían acompañado dos equipos que sí han logrado la permanencia: Granada y Sporting. Los asturianos, además, habrían reeditado con el Rayo Vallecano las mismas estrecheces clasificatorias de la última jornada. Sorprende la proximidad con la zona de descenso del Málaga, probablemente lastrado por el pésimo arranque de la temporada. Y sorprende aún más la distancia entre el descenso y el Getafe: el equipo azulón no aparece en el top-4 de ninguna de las nocivas categorías que hemos puesto arriba, salvo en la de partidos sin marcar (es el segundo en ese concepto). Valencia y Espanyol confirman que este año han fallado más que el tarotista de una TV local, y en cambio el Depor da la sorpresa metiéndose en una hipotética Champions: especialmente meritorio resulta su liderazgo como conjunto que menos goles ha encajado fruto de los errores defensivos.
Y en la cima -bueno, en este caso abajo del todo-, los tres de siempre. Pero ojo, porque esta clasificación reparte las cartas de manera alternativa. Nada de alirón culé, ni rush final merengue. El ranking de la equivocación, el fallo y el desliz proclamaría campeón inverso al Atlético de Madrid. Y en el fondo, tendría todo el sentido del mundo: el Atleti del Cholo, campeón de la Liga contra el error.
20. Levante UD, 83
19. Granada CF, 80
18. Sporting de Gijón, 76
17. Rayo Vallecano, 75
16. Málaga CF, 73
15. Valencia CF, 69
14. RCD Espanyol, 68
13. SD Eibar, 68
12. Getafe CF, 66
11. Real Sociedad, 66
10. Sevilla FC, 66
9. Celta de Vigo, 61
8. Real Betis Balompié, 61
7. Villarreal CF, 57
6. UD Las Palmas, 55
5. Athletic Club, 52
4. Deportivo de La Coruña, 48
3. Real Madrid CF, 35
2. FC Barcelona, 32
1. Atlético de Madrid, 28
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Curiosa clasificación!
Me gustaría saber cómo se puede obtener una puntuación impar en aquellos apartados donde se adjudican "2 puntos por cada..." También pongo mucho en duda que el número de tarjetas que te hayan sacado sea un indicativo de lo mal que lo haces. Qué casualidad, debe ser que los equipos "grandes" siempre tienen un comportamiento tan impecable que no les sacan tarjetas ni los expulsan. Eso, sólo queda para los "proletarios". A la hora de fallar penalties, resulta que los grandes son los peores jajaja qué gracia ¿será porque es a ellos a los únicos que les pitan pensalties a favor? Muchas gracias, hombre, de una sportinguista, que después de haber conseguido permanecer en primera con enormes esfuerzos, sin poder fichar y con una afición modélica, ahora tengo que aguantarle a usted con sus patochadas y clasificaciones alternativas.
Hola, Sandra, gracias por tu comentario. Hay alguna clasificación en la que sí se otorgan puntuaciones impares, como en la de los penaltis fallados. Eso explica que en el sumatorio total puedan haber también resultados impares. Acerca de las tarjetas: esta y todas las demás clasificaciones están basadas en una idea del diario inglés The Guardian; convendrás conmigo -y con ellos- en que una tarjeta nunca es una buena noticia para ningún equipo, sea 'grande' o 'pequeño'. Y, finalmente, este artículo no deja de ser un ejercicio libre para valorar desde un punto de vista alternativo la temporada que acabamos de cerrar en Primera División; en ningún caso cuestiona los logros reales de cada uno de los equipos. Así que: enhorabuena por la permanencia.