Pasaportes

Pedro Herrera, el arte de reinventarse

Este artículo está extraído del interior del #Panenka156, que sigue disponible aquí

 

Antes de que palabras como ‘resiliencia’ o ‘reinventarse’ estuvieran de moda, algunos futbolistas las ponían en práctica con absoluta naturalidad. Fue el caso de Pedro Mari Herrera Sancristóbal, uno de esos jugadores que no solo se empeñan en luchar contra el anonimato, sino que además, lo consiguen. Formado en Lezama, todo parecía conspirar para que su carrera transcurriera en los sótanos del fútbol: primero, porque su físico cambió radicalmente (de ‘Herrerita’, como lo llamaban al principio, pasó a Herrera) y segundo, porque en aquella época el Athletic estaba forjando una plantilla de primerísimo nivel, llamada a ganar dos Ligas consecutivas, en 1983 y 1984.

Pero si el camino de San Mamés se cerraba, otros se abrirían. El del Erandio, por ejemplo, con el que ascendió desde Preferente a Segunda B, aún siendo juvenil. Su llegada a la élite fue lenta, pero segura: lo firmó el Salamanca para jugar en Segunda, y logró el ascenso a Primera a la primera. La gran oportunidad le llegó desde Zaragoza. El club maño había tomado nota de sus virtudes: era un centrocampista versátil, capaz de desenvolverse en la media punta o como volante, y con cierta capacidad goleadora. No se equivocó el Zaragoza: allí vivió Herrera sus mejores años, entre 1982 y 1988, con un título incluido, la Copa del Rey de 1986 tras tumbar en la final al Barça.

 

En Vigo, notó un dolor extraño en la rodilla. El parte médico fue demoledor. “Cartílago destrozado, tejidos en peligro, riesgo de invalidez. Se recomienda abandonar la práctica del fútbol”

 

Herrera celebró su 29º cumpleaños con un nuevo contrato: plenamente consolidado en Primera y en la edad idónea, se incorporó al Celta. Todo fue bien el primer año, pero durante la pretemporada del segundo, notó un dolor extraño en la rodilla derecha. El parte médico fue demoledor. “Cartílago destrozado, tejidos en peligro, riesgo de invalidez. Se recomienda abandonar la práctica del fútbol“.

Era el verano de 1989: Herrera acababa de cumplir los 30 y ya era un exfutbolista. Por esas fechas, también fue padre: a su hijo, nacido en Bilbao, lo bautizó Ander. Lejos de lamentarse, Pedro Herrera se recicló. Recibió la indemnización correspondiente, pero no se quedó de brazos cruzados: pasó a formar parte de la secretaría técnica del Celta y en 1993 regresó a Zaragoza, ya como director deportivo. En un puesto tan exigente, se mantuvo 19 años. Para entonces, su hijo Ander ya había recogido su testigo futbolístico.

Advertisement
PUBLICIDAD
Javier Giraldo

Entradas recientes

Buenos Aires: el paraíso de los campos de fútbol

¿Qué fue antes: el fútbol o la ciudad? Paseando por Buenos Aires, uno duda. He…

1 día hace

Real Politik FC #24 | De Catalunya a Gibraltar: selecciones sin Estado

¿Qué requisitos hacen falta para tener una selección oficial? ¿Podría ser que algún día Catalunya,…

2 días hace

La primera revolución de un tal José Mourinho

Hace algo más de dos décadas, Mourinho llegó al Chelsea de Abramovich para cambiar la…

3 días hace

Del banquillo al paredón

Los exentrenadores húngaros Géza Kertész e István Tóth-Potya fueron ejecutados por el nazismo. Lideraron una…

6 días hace

AIK y Djurgarden, el derbi de los gemelos

Así se ve desde dentro un intenso derbi que contrasta con la supuesta vida ideal…

1 semana hace

El banquillo de Real Politik FC | Soweto y el gran derbi de África

¿Por qué un solo futbolista pudo dividir el fútbol sudafricano? ¿Qué papel jugaron Estados Unidos…

1 semana hace