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José Luis Violeta: un latido único

El aragonés con más partidos en la historia del Real Zaragoza formó parte de 'Los Magníficos' y 'Los Zaraguayos', demostrando siempre nobleza y valor

Este reportaje fue publicado en abril de 2020, en nuestro número sobre el Zaragoza. José Luis Violeta falleció el 5 de mayo de 2022 a los 81 años de edad


 

En días en los que la cabeza tiene tiempo para todo tipo de historias y fantasías, imagino que este reportaje podría aparecer en Volata, revista especializada en cultura ciclista. Rememorando a ese hombre que estuvo cerca de conseguir el primer Tour de Francia para España, pero que se topó con un intratable Jacques Anquetil.

Esta novela de ficción producida por las horas de confinamiento la pudo tener José Luis Violeta (Zaragoza, 25 de febrero de 1941), que durante su adolescencia se despertaba pensando en ciclismo y pasaba todo el día entre cadenas, manillares y sillines. Violeta era un apasionado de la bicicleta y en el taller en el que trabajaba compartía tertulias con otros enamorados como Adolfo Bello, esprínter de la época. “Me compré una bicicleta, la arreglé en la tienda y de los 14 a los 17 años estuve con ella. A los 17 padecí una bronconeumonía, estuve un mes y pico en la cama y le cogí mucho miedo a la bicicleta”, relata José Luis.

Ese parón lo cambió todo. El miedo a la bici era patente y Violeta llegó al balompié de rebote. “Había jugado al fútbol en el colegio. Me invitaron a hacerlo en el River [equipo muy modesto de la capital aragonesa] cuando tenía 17 años. Antes de terminar la temporada llegó el señor Cubero [ojeador del Zaragoza], le debí de gustar y le preguntó a mi presidente si podía ir al Zaragoza. Me dieron permiso y allí me fui”. Empezaba una historia de amor en el césped que se prolongaría hasta 1977.

‘MAGNÍFICO’ INSTANTÁNEO

Tras disputar un único encuentro con el cuadro juvenil, militar en el Juventud (filial zaragocista) y estar cedido en el Calvo Sotelo de Puertollano (donde fue nombrado mejor jugador) le llegó la gran oportunidad. Ramallets hizo caso a los buenos informes de César Rodríguez (dos mitos de nuestro fútbol) y lo reclutó para la gira de pretemporada. Era 1963 y en ese vestuario había futbolistas que se convertirían en leyenda, como Carlos Lapetra, Severino Reija o Marcelino, entre otros.

“Empecé a jugar de titular. Hicimos una gira por Alemania, Holanda y Bélgica para terminar en el Trofeo Mohamed V, en Marruecos. Jugué 22 partidos la primera temporada, pero me casé en diciembre y el presidente me dio permiso para irme de viaje de novios a Mallorca. Entró en mi lugar Pepín, para formar en la medular con Isasi”, rememora con precisión Violeta.

Uno de los puntos fuertes de José Luis eran esas extraordinarias 33 pulsaciones por minuto que lo convertían en un toro. Con Santos, Canario, Marcelino, Villa y Lapetra como estiletes en fase ofensiva, Violeta tenía que cubrir las espaldas. “Fue por naturaleza. Mi padre y mi tío, también exfutbolistas [Luis y Paco Violeta dejaron un gran recuerdo en el Arenas Club de Getxo], no contaban con herramientas para medir las pulsaciones y saber si era algo que venía de familia, pero a nosotros nos hacían un reconocimiento médico al inicio de la temporada y siempre estaba en esos números. Santos y yo teníamos unas 33 o 34 pulsaciones por minuto en reposo”.

 

El Zaragoza de ‘Los Magníficos’. De izquierda a derecha, arriba: Yarza, Irusquieta, Santamaría, Reija, Pais y Violeta. Y abajo: Canario, Santos, Marcelino, Villa y Lapetra.
PRIMEROS TÍTULOS DE LA HISTORIA

Bien es cierto que José Luis no fue titular en las dos finales de una temporada para el recuerdo (1963-64), pero el 2-1 al Valencia en la Copa de Ferias y el 2-1 al Atlético de Madrid en la Copa de España suponían los dos primeros títulos de la historia del Zaragoza, en un curso en el que quedó cuarto en Liga. “Lo de los ‘Cinco Magníficos’ se le ocurrió a un periodista, pero Carlos Lapetra me dijo que ‘Los Magníficos’ no eran cinco, sino todos los que salíamos a cada partido”. Empezaba una historia llena de tardes de fútbol preciosista.

¿Cómo era ese toque que desde La Romareda empezó a deleitar en España y en Europa? “Carlos Lapetra alguna vez iba arriba y cuando entraba en el área regateaba porque tenía una cabeza extraordinaria. Y, sobre todo, Juan Manuel Villa, que dentro del área hacía unas cosas portentosas. Santos bajaba al centro del campo porque tenía grandes condiciones físicas y ayudaba. Reija se aprovechaba mucho de la posición de Lapetra para subir. Reija era un defensa de ataque, no me gusta la palabra carrilero. Cuando subía, Lapetra se llevaba a su defensa y lo aprovechaba Severino, que en el área tenía a Canario y Marcelino”.

El Zaragoza venía de disputar la final de Copa en 1963 y ganar la ya mencionada de 1964, para después jugar dos más de forma consecutiva (derrota y triunfo). Entre la 1960-61 y la 1967-68, el cuadro aragonés acabó dos veces tercero y tres veces cuarto y quinto en Liga. La fama ya era merecida a nivel nacional, pero también llegó en las competiciones europeas.

Al título de 1964 en la Copa de Ferias se le sumó una final perdida en la edición de 1966, en una temporada en la que el Reino Unido tenía al cuadro ‘blanquillo’ como la referencia española. “Nos conocían en todo el mundo. En el año 1966 los ingleses pensaban que la base de la selección española para su Mundial iba a ser del Real Zaragoza, porque terminamos muy bien, ganamos la final de la Copa de España contra el Athletic y no salíamos del Reino Unido, prácticamente, en todas las competiciones”. Únicamente Lapetra, Marcelino y Reija acudieron al Mundial, aunque los tres fueron titulares en la derrota final en la fase de grupos, ante la República Federal de Alemania, para acabar la participación española.

LA NOCHE DE LEEDS

Meses antes del Mundial, el Zaragoza se midió al incipiente Leeds United de Don Revie (venía de ascender en 1964 a la máxima categoría inglesa, de ser segundo 12 meses después para volver a repetir posición en 1966) en semifinales de la Copa de Ferias. 1-0 en La Romareda, 2-1 en Elland Road y la obligación de dirimir al finalista en un tercer encuentro.

 

Dijo ‘no’ al Real Madrid porque el Zaragoza lo necesitaba para subir

 

Violeta disputó los tres partidos, aunque en el 1-0 en Zaragoza fue expulsado (la primera de sus dos expulsiones como zaragocista en 471 partidos). El choque definitivo pasó a la historia de ‘Los Magníficos’ y del club. “El Leeds United era un equipo de una envergadura terrible que dos años más tarde ganaría la Copa de Ferias. Era el mejor equipo de Inglaterra. La moneda salió de su lado y tocó jugar el tercer partido en su campo. Antes de los 15 minutos íbamos 0-3. Lo que más recuerdo es que en los saques de esquina yo marcaba a Jack Charlton [hermano de Bobby, leyenda del Leeds United y campeón del mundo con Inglaterra]. Salimos ovacionados y ganamos mucha fama en Inglaterra en esa época”. Esos aplausos en Elland Road son una melodía que nunca se olvidará.

Marcelino medía, más o menos, 1,70 metros, pero sus duelos contra ‘Jackie’ Charlton (1,91 metros) en esa eliminatoria marcaron a Violeta: “Marcelino es un dios. Yo no he visto a nadie rematar tan bien de cabeza como él. No era muy alto, pero tenía una fibra en las piernas que hacía que le terminara sacando medio cuerpo a Charlton cuando saltaba. Era una cosa increíble”.

FIN DE UN CICLO Y DESCENSO

El aragonés con más encuentros en la historia del club (471) -solamente por detrás de Xavi Aguado (473) en el global-, apodado ‘El León de Torrero’ en homenaje al animal que ilustra a la ciudad y al club, y a su barrio de origen, todavía tenía muchos partidos por vivir.

En la 1968-69 el equipo rozó el descenso, en una plantilla en la que, del famoso ataque, resistían Santos (30 partidos esa temporada), Marcelino (19), Lapetra (diez) y Villa (seis). En 1970 terminó octavo y cerca de posiciones europeas (con Villa y Santos siendo importantes, ya sin Lapetra, y con Marcelino jugando sus seis duelos finales antes de la retirada) y en 1971 se consumó el desastre. “Cuando bajamos a Segunda División, el presidente, José Ángel Zalba, vino a un entrenamiento”, recuerda el exinternacional. “Me dijo que el Real Madrid me quería, que tenía buenos informes dados por mis excompañeros de selección Velázquez, Pirri, Amancio o Zoco. Me dijo que podía irme, pero yo le contesté: ‘¿El Zaragoza me necesita para subir a Primera División?’. Me dijo que sí y yo me quedé”. Aquel fue un gesto de amor por unos colores difícilmente igualable.

En ese equipo ya estaba el paraguayo Felipe Ocampos, y Violeta no falló en su pronóstico: “Un gran delantero. Le veía detalles, como la forma de bajar la pelota con el pecho en el área. La huella de Marcelino era difícil de borrar, pero el futbolista bueno sabe dejar su sello en el terreno de juego”.

‘ZARAGUAYOS’ Y SUBCAMPEONES

Avelino Chaves era un maestro con los informes y logró reunir a una camada de jugadores procedentes de Sudamérica que, junto a los españoles Manolo González, Rico, García Castany, Javier Planas, Ruibal o Violeta, con el brazalete, conformarían otro equipo ‘blanquillo’ de leyenda.

Ascenso instantáneo en la 1971-72 y tres campañas posteriores en las que ‘Los Zaraguayos’ tuvieron de nuevo portadas a nivel nacional: octavo, tercero y segundo en Liga, así como unas semis y una final de Copa y dos participaciones en la Copa de la UEFA.

Violeta fue el nexo entre ‘Los Magníficos’ y ‘Los Zaraguayos’. “A los Arrúa, Ocampos o Diarte, los trajo Avelino Chaves para que, por fortuna, jugaran en el Zaragoza”. Paraguayos, uruguayos y algún argentino para liderar una época que se quedó sin títulos.

“Bajamos a Segunda en la transición entre ‘Los Magníficos’ y ‘Los Zaraguayos’. Cuando llegaron Nino Arrúa y el ‘Lobo’ Diarte ya vi que esto era otra cosa. Estuvimos cinco o seis temporadas hasta que bajamos otra vez, en 1977, cuando Diarte se marchó al Valencia por necesidades económicas del club. Diarte tenía mucha conexión con Arrúa. Lo notamos mucho. No tuvimos la suerte de traer a un sustituto de su categoría”.

DE LEYENDA A LEYENDA

Con el descenso de 1977, Violeta puso punto y final a su carrera futbolística. “Terminaba contrato y a varios compañeros y a mí nos dijeron que nuestra época había pasado. Si no es en el Zaragoza, ¿dónde iba a jugar? Para jugar en Segunda o Tercera División preferí retirarme. Ya había hecho lo que tenía que hacer por mi equipo. Es la vida del deportista”, asume.

Violeta colgó las botas a los 36 años. Fue 14 veces internacional absoluto y jugó en Wembley o en el Central Lenin de Moscú. Se agolpan los recuerdos y las estrellas a las que José Luis tuvo que cubrir: “¡Jugar contra Pelé! Añadí al brasileño a una lista en la que ya estaban Di Stéfano, Eusébio o Puskás”.

El 3 de septiembre de 1974, el Zaragoza recibió al Santos de Pelé en una jornada para el recuerdo: el boxeador Perico Fernández hizo el saque de honor, el argentino Ovejero partió la portería al agarrarse de la red y Pelé salió a hombros de La Romareda. “Una ciudad como Zaragoza vio a una leyenda de la historia del fútbol”, asegura una leyenda del Real Zaragoza.

“Jugar en este club cambió mi vida por completo. Iba para arreglar bicicletas y terminé en un equipo de la categoría del Real Zaragoza”, concluye. Como reza el himno de club: “La raza en el juego, nobleza y valor, bandera y orgullo de nuestro Aragón”. Es José Luis Violeta, el león del escudo del Real Zaragoza. Patrimonio del club.

 


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Fotografía de Imago y agencias.