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Jan Ceulemans: corazón de león

Seguramente no haya jugador más emblemático en la historia del Brujas que Jan Ceulemans, un ’10’ de filias eminentemente ofensivas, que redefinió su posición en el campo a través de su sentido táctico del menos es más. Un tipo de 1,91, fuerte y técnico a la vez, capaz de dominar el juego aéreo como un albatros o abrir el campo a su alrededor como un abrecartas envenenado.

De 1978 a 1992, el de Lier comandó al mítico club belga, al que regaló una media de prácticamente un gol cada dos partidos, a lo largo de 407. Tal borrachera de goles es una de las más brillantes de su época, no tan proclive al fútbol ofensivo del siglo XXI.

A pesar de no haber emigrado nunca de Bélgica, hay que recordar que su carrera coincidió con la liga belga más potente que se recuerda, un tablero de ajedrez donde había tantas reinas y reyes como peones. Del mejor Anderlecht de la historia al RKV Malinas que le robó la Recopa de 1988 al mítico Ajax de Amsterdam, pasando por el Standard de Lieja de Eric Gerets, mucho antes de la era de los Hazard, De Bruyne y compañía, Bélgica ya vivió su era dorada en aquellos años 80. La misma en la que Ceulemans y Scifo dejaron para el recuerdo duelos inolvidables contra la Escocia de Kenny Dalglish o la Argentina de Maradona, en el ’86.

El primero de estos duelos tuvo lugar en el ’82, en un choque de estilos inolvidable entre la leyenda red y el gigante belga. El del ’86 fue la claudicación ante la excelencia del barrilete cósmico, aunque no sin la presencia de un Ceulemans que, jugando a la vera de Scifo, formó una de las alianzas más imaginativas y plásticas que se recuerdan sobre la medular de un terreno de juego. En aquel Mundial, Bélgica acabaría sucumbiendo ante Francia en la lucha por el tercer puesto, no sin antes apear a España en cuartos de final, donde Ceulemans asestó un cabezazo de infausto recuerdo para la hinchada española.

 

A pesar de no haber emigrado nunca de Bélgica, hay que recordar que su carrera coincidió con la liga belga más potente que se recuerda, un tablero de ajedrez donde había tantas reinas y reyes como peones

 

Aquella selección aunaba una combinación casi matemática entre talento y poderío físico. Esta ecuación ya anticipaba la evolución del fútbol belga hasta nuestros días, aunque sin la necesidad de nacionalizar a medio equipo por el camino.

Aquella Bélgica de ensueño no fue si no la constatación de unos años en los que Ceulemans ya había brillado con descaro en la Eurocopa de 1980. En dicha ocasión solamente lo pudo parar la República Federal Alemana timoneada por Bernd Schuster. El subcampeonato cosechado fue la constatación de una gran estirpe de centrocampistas imaginativos. De esta misma, es obligatorio recordar la compenetración telepática entre Ceulemans y Gerets, ‘El león de Flandes’, con quien formó una pareja terrorífica para todo defensor que intentase levantar barreras por el flanco derecho del césped.

De Gerets a Marc Degryse, pasando por Scifo, Ceulemans hizo de eslabón entre las diferentes generaciones de ídolos belgas. Precisamente, con Degryse llegó a formar una pareja letal del ’83 al ’89, jugando desde las espaldas del ratonil delantero de Roeselare. Fue en la 85-86 cuando también coincidió con Jean-Pierre Papin. Un triángulo mágico. No en vano, entre el francés, Degryse y Ceulemans sumaron medio centenar de goles en liga. Una cifra astronómica en aquellos tiempos donde había pichichis que no necesitaban llegar a la veintena para hacerse con el preciado galardón.

 

Podría haber fichado por el Milan imperial de Arrigo Sacchi. Pero, cuando la operación parecía ya resuelta, Ceulemans honró su amor por el escudo del Brujas diciendo que no a los transalpinos

 

A pesar de los números espectaculares cosechados en aquella temporada, el Brujas no se pudo hacer con la liga. De hecho, el palmarés de Ceulemans tampoco destaca por una suma imponente de ligas y copas de su país. En total, tres campeonatos ligueros, dos copas y seis supercopas, y ningún título continental. Seguramente, este pequeño borrón en su currículum habría sido arreglado de haber fichado en su momento por el Milan imperial de Arrigo Sacchi. Pero, cuando la operación parecía ya resuelta, Ceulemans honró su amor por el escudo diciendo que no a los transalpinos. Dicha acción fue tan valorada por la afición del Brujas como representativa de un tipo que había sido destinado para ser cabeza de león en el club y la selección de sus amores, con la que llegó a jugar en 96 ocasiones, a lo largo de nada menos que 14 años.

El ‘no’ de Ceulemans tornó en una solución con el nombre de Ruud Gullit, la versión mejorada del ídolo belga, cuya relevancia en la evolución de la posición de mediapunta con mentalidad de pivote fue básica en la concepción táctica del fútbol moderno, donde los centrocampistas cubren huecos y presionan más que atacan.

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Marcos Gendre

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