Es un domingo más en el barrio de Caballito, padres e hijos caminan luciendo orgullosos la camiseta de Ferro Carril Oeste dialogando sobre el partido que dentro de unos minutos comenzará. Es como la misa de los domingos para los cristianos, la familia de Ferro, como buenos feligreses, no falla a su cita con en el estadio Arquitecto Ricardo Etcheverri. Los padres cuentan a sus hijos cómo Beto Márcico los hizo campeones en los ochenta, y estos responden ilusionados que algún día también harán campeón a su club. Ya no están los tablones de las gradas, ya no saltan los hinchas sobre la madera y los niños no juegan bajo las gradas un partido de fútbol simultáneo al del césped. Los tiempos cambian, el estadio más antiguo de Argentina, y segundo de América, cambió las gradas de madera por el cemento y quizá, como bien señalan los más nostálgicos, se fue parte de su esencia. Pero esa añoranza desaparece en cuanto los jugadores de Ferro saltan al césped, lo que no abandona a Ferro es su identidad.
La crisis se lo llevó casi todo
Lo que le ocurrió al club verdolaga a inicios de siglo es la historia que tantas veces hemos repetido sobre otros equipos y en diferentes países, el cuento de nunca acabar. Hablamos de la clásica situación en la que un club vive por encima de sus posibilidades, los resultados deportivos no acompañan y se termina en la quiebra absoluta. Exactamente eso le sucedió a Ferro, quien redujo los presupuestos de las demás actividades deportivas fiando todo el gasto al fútbol. Pese a tener futbolistas de nivel años atrás, como Roberto Ayala o el Mono Burgos, la situación económica era dramática. En el año 2000 Ferro desciende de categoría al ganar tan solo tres partidos entre los torneos Apertura y Clausura, y tan solo dos años después se declaró la quiebra. Todavía cayó más bajo, descendió hasta la Primera B Metropolitana (tercera división del fútbol argentino) siendo la primera vez en su historia en la que Ferro acudía allí, no olvidemos que es uno de los fundadores de la máxima categoría. Tan solo dos temporadas después regresó a la Segunda División, en el año 2014 salió de la quiebra para volver a ser un club de sus socios. A día de hoy continúa en la segunda categoría, añorando tiempos mejores pero sabiendo que si Ferro estuviera en la última división del fútbol argentino sus fieles hinchas seguirían yendo al estadio.
La máquina de Griguol
Aquel Ferro era un equipo sin estrellas, todos trabajan por igual y acataban las indicaciones de Griguol. Nadie estaba por encima de ningún otro. Pero si queremos destacar a un futbolista por encima del resto, por injusto que parezca, ese es Beto Márcico. “La mía es una alegría muy especial, muy íntima. Pensar que el año pasado mi viejo José Domingo estuvo en las dos finales y no nos pudo ver campeones. Ahora yo no lo tengo al lado mío, pero hice la promesa de llevarle a su tumba una plaqueta con el escudito de Ferro. Seguro que desde el cielo él también nos está acompañando en este momento”, decía Márcico a los compañeros de El Gráfico nada más salir campeón en el 82. También había otros jugadores importantes como Garré, el capitán Saccardi o un viejo conocido del fútbol español como es Héctor Cúper. A aquel Ferro se le trató como a un equipo físico y táctico, se dijo de él que hacía un fútbol muy poco vistoso como queriendo restarle importancia a los éxitos conseguidos. Algo así como sucede en la actualidad con el Atlético de Madrid de Simeone. Márcico ha declarado que su éxito tenía mucho que ver con la disciplina que les impuso Griguol: “el viejo nos hacía entrenar martes y miércoles en doble turno, y los demás una sola vez. Mentalmente te preparaba para estar fuerte”. Como anécdota, durante un Ferro-Huracán el árbitro detuvo el partido porque los futbolistas de Ferro tenían demasiado tiempo el balón, le dio el balón a Huracán y el juego continuó.
El que era un equipo de amigos derrotó a rivales con los que jamás había soñado, trabajaron más que nadie y se creyeron capaces de todo. Sus hinchas siguen acudiendo a Caballito aunque su historia reciente ya no se escriba con letras de oro, allí continúa estando el punto de encuentro de muchos que se hicieron inseparables gracias a Ferro y transmitiendo a otras generaciones la importancia que tiene el barrio y su sentido de pertenencia.
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Excelente nota! Como diríamos acá en caballito Notón!
aguante FERRO! Saludos desde Argentina!
Desde Barcelona,Catalunya,apoyando siempre a Ferro!! Tengo 44 años y le cogí simpatia a raiz de trabajar en Renfe de VS y como siempre seguí el futbol argentino veia muy tipico y facil ser seguidor de Boca,River o Independiente...así que empecé a seguir al Caballito aunque me diese cuenta enseguida que no estaba en la maxima categoria.Y así hasta ahora.Desde Barcelona,al otro lado del charco animando a Ferrocarril Oeste!!!!!!
Hermosa nota. Cabe agregar que en otras disciplinas (handball, futsal, beisbol) Ferro bien puede ser considerado entre los primeros 4 o 5 clubes en Argentina.