Pasaportes

Félix Ettien, pura dinamita en el césped

Su nombre irrumpió con fuerza en septiembre de 2000: era el primer partido del Atlético en el infierno de Segunda y un joven marfileño llamado Ettien, pura dinamita en la banda derecha del Levante, se encargó de poner el encuentro patas arriba. ¿Quién era ese jugador con cuerpo de velocista y sonrisa kilométrica? Lo había reclutado Ricardo Chover, secretario técnico del Levante, en la Copa África sub-20 de 1997, cuando Ettien era todavía más nadador que futbolista. “De pequeño era un pieza y mis padres me internaron”, recuerda Ettien para Panenka. “La única distracción posible era la natación”. Cuando iba camino de convertirse en un ‘nini’, sus hermanas le aconsejaron probar con el fútbol: así llegó al USC Bassam de Abidjan, su primer club.

El agente que lo llevó a Europa lo dejó medio abandonado y sin papeles cuando iba a firmar por el Levante, y sus primeros meses en el club ‘granota’ tampoco fueron fáciles. “A Idrissa Keita y a mí nos miraban raro, pensaban que les íbamos a contagiar la malaria o algo así; eran otros tiempos”, confiesa. Superó los obstáculos a base de esfuerzo y gracias a un físico privilegiado. Hacía 2.000 abdominales al día, aunque no era precisamente un virtuoso del balón. “Fui aprendiendo viendo a mis compañeros en los rondos… Bueno, Schuster y Preciado también me enseñaron muchas cosas”, admite. Híbrido entre lateral y extremo, se adueñó de la banda derecha del Levante durante una década (1997-2008), al punto de convertirse en el jugador con más partidos de la historia del club.

 

El agente que lo llevó a Europa lo dejó medio abandonado y sin papeles cuando iba a firmar por el Levante, y sus primeros meses en el club ‘granota’ tampoco fueron fáciles. “A Idrissa Keita y a mí nos miraban raro, pensaban que les íbamos a contagiar la malaria o algo así; eran otros tiempos”

 

En 2008, el Levante descendió y despidió a través de un ERE a media plantilla: en ese grupo de jugadores estaban Ettien y Luis Rubiales. A Ettien no le fueron demasiado bien los negocios extrafutbolísticos -una discoteca en Valencia con mil problemas burocráticos y un negocio de exportación de Moët Chandon, arruinado por la guerra civil en Costa de Marfil-, pero en 2018 recibió una llamada de Rubiales, ya presidente de la Federación. “Se dijo que me contrató como chófer, pero en realidad me llamó como persona de confianza”.

 


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Javier Giraldo

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