Real Betis' Spanish midfielder Joaquin celebrates their victory at the end of the Spanish Copa del Rey (King's Cup) final football match between Real Betis and Valencia CF at La Cartuja Stadium in Seville, on April 23, 2022. (Photo by JORGE GUERRERO / AFP) (Photo by JORGE GUERRERO/AFP via Getty Images)
Las fechas marcan la vida de un bar. El día que sube la persiana para que pinten las paredes de verde. El día que entra el primer cliente. O el día que alguien pide el que pronto se convertirá en el bocadillo estrella. En El Chino hay otra fecha que marca el establecimiento. El 26 de agosto de 2001, Joaquín Sánchez, tu Joaquín, nuestro Joaquín, debutó en Primera. La camiseta verdiblanca con la que fue titular en la Romareda preside un bar que abrió, muchos años antes, otro Joaquín Sánchez, su Joaquín. El tío Joaquín.
El primer Joaquín Sánchez, el más conocido en el local ubicado cerca del río Guadalete, tenía los ojos achinados y no hizo falta más poesía: bautizó al bar como El Chino. Unas pizarras en la terraza y unos taburetes sin estridencias demuestran que lo mejor en los bares, como en el césped, es hacer bien las cosas sencillas. El Chino pronto se convirtió en el refugio de pescadores y trabajadores de astilleros, que veían detrás de la barra a Joaquín. No tuvo hijos pero sí ocho sobrinos, y uno de ellos fue especial para él y al final especial para todos. Por él le pusieron Joaquín, por él jugó al fútbol y por él seguramente ahora también es nuestro Joaquín. Porque el tío Joaquín le daba dinero para las botas de fútbol y le pagaba el tren para que fuese a Sevilla a entrenar.
El bar es como un jugador versátil: fuerte en desayunos, potente en aperitivos y fino en las copas. Ahora lo regentan Lucas y Ricardo, otros dos sobrinos que tuvo el tío Joaquín. Hermanos del futbolista del Betis, ambos también se calzaron las botas. “Ha sido como mi padre, nos sentimos muy afortunados de haberlo tenido con nosotros mucho tiempo”, dijo Joaquín, al borde del llanto, en una de sus renovaciones. Porque el tío Joaquín no puede ver los goles de su sobrino. O al menos no desde el estadio. Falleció a los 65 años, poco antes de Joaquín debutara con el primer equipo del Betis y se convirtiera en nuestro Joaquín, que desde entonces mira al cielo cuando marca un gol. Para recordar aquel 3 de septiembre del 2000 en el que ya no estaba para verlo.
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