Nunca es fácil marcharse de casa. Los recuerdos te invaden constantemente e incluso llegas a echar de menos esa rutina que meses antes parecía absorberte. La zona de confort que te da un entorno cotidiano es algo difícil de encontrar. Por lo general, nos cuesta trabajo hasta cambiar de oficina y tener que adaptarnos a la nueva silla que tiene el respaldar demasiado recto. En el mundo del fútbol, dejar al equipo de tu vida es uno de los momentos más difíciles en la carrera de un jugador. Iker Casillas pasó por este trance después de parar lo imparable durante 25 años en el Real Madrid. Se marchó del club que le había dado todo para poder seguir disfrutando. No quería un retiro dorado en una liga estrambótica. Así fue como llegó al Oporto, convencido de que podía seguir ganando.

“Es un honor entrenar junto a uno de los mejores porteros de la historia”, dijo Raúl Gudiño, nuevo compañero de portería del español. A sus 34 años, Casillas apareció en los campos de entrenamiento del Oporto con todo el peso que le otorgaba haber sido capitán de la selección española campeona de Europa y del Mundo. Con el Madrid había levantado nada más y nada menos que 19 títulos. Desde el principio se hizo hueco bajo los palos del Estadio do Dragão. Sus paradas entusiasmaban a una afición necesitada de alegrías. Dejó actuaciones para el recuerdo en Champions y una exhibición en un clásico ante el Benfica que se llevaron por 1-2, aunque lo mejor llegó en su tercera temporada.

 

El Oporto volvió a reinar en Portugal después de cinco años de sequía. Era el sexto campeonato nacional que ganaba Iker Casillas, demostrando que también sabía ganar después de salir de casa

 

En la jornada nueve de la campaña 2017-18, Casillas parecía estar viviendo un déjà vu. Después de siete victorias consecutivas y un empate, el técnico Sérgio Conceição decidió darle su puesto a José Sá. Era una situación que ya había vivido con anterioridad en el Real Madrid, cuando José Mourinho decidió poner a Diego López porque decía que “es mejor que Iker Casillas”. Como hizo entonces, siguió trabajando para cambiar la opinión del entrenador y recuperar la titularidad. Lo consiguió después de 13 suplencias seguidas y estuvo liderando a su equipo desde atrás en el tramo más importante de la temporada.

Volvió al once inicial ante el Rio Ave FC, en una cómoda victoria por 5-0. Desde ese día, estuvo realizando atajadas durante doce jornadas y consiguió por fin su primer título con los ‘Dragones’. Tras el dominio del Benfica a lo largo de cuatro temporadas en la Primeira Liga, el Oporto volvió a ganar después de cinco años de sequía. Sumaron su entorchado número 28 a falta de dos partidos para el final. Era el sexto campeonato nacional que ganaba Iker Casillas, demostrando que también sabía ganar después de salir de casa. Pasado ya un tiempo, el 1 de mayo de 2019, sufriría un infarto durante un entrenamiento que conmocionó a todo el mundo del fútbol. Por suerte, todo quedó en un susto y le sirvió para comprobar que ya se había ganado a toda la afición oportista y a todo amante del deporte.