“Ya está. La directiva tiene que echar a Valverde. Este equipo no juega a nada. El único que hace algo es el Fati ese”, da comienzo a una nueva discusión familiar entre un hombre que defiende sus ideales, una mujer que responsabiliza a los jugadores y una chica que, con cara de incertidumbre y sin entender por qué debatimos sobre temas subjetivamente banales, pregunta si es tan importante el papel de un entrenador en el equipo. Ni que decir cabe que esta última es un ser carente de sentimientos y emociones hacia nuestro querido esférico.

Sin decir nada y como si de un gesto automático se tratase, comienzo a repasar mentalmente los diferentes casos de entrenadores que hayan tenido mucha incidencia en su plantilla hasta que me salta a la memoria la situación del Sevilla. La temporada pasada, el conjunto femenino de Nervión llegó a la decimotercera jornada con un balance tan pobre como ridículo. Solo dos victorias consecutivas en la jornada dos y en la tres. Apenas 12 goles en su marcador. Hasta en 33 ocasiones, las guardametas habían ido al fondo de las redes en un gesto de buena voluntad para devolver la pelota al centro del campo. Por descontado, con el semblante negativo. Ese tan característico de chutar cabreada; manos a la cintura; negar con la cabeza.

Seis puntos de 39 posibles era un bagaje realmente escaso. Como no podía ser de otra manera, el juego que desplegaba el equipo de Paco García y Sergio Jiménez era insulso, pobre y falto de ideas. No consiguieron implantar su metodología en el cuadro rojiblanco y cada partido se convertía en un sufrimiento. La derrota por 6-0 ante el Athletic Club fue la gota de manzanilla que colmó el vaso. La directiva sevillista se reunió con ambos y los despidió antes de Navidad.

El equipo no funcionaba. El Sevilla andaba en la última posición y los béticos se frotaban las manos al ver cómo su eterno rival había cogido la autovía a la Segunda División. Pero ahí cambia todo. Absolutamente todo. Tras el clásico carrusel de nombres, Joaquín Caparrós y Amparo Gutiérrez, directores de fútbol de la disciplina masculina y femenina respectivamente, hicieron oficial la contratación -y posterior presentación- de Cristian Toro.

 

Con Toro en el banquillo se consolidó un estilo de juego. Con la posesión, verticalidad; sin ella, fortaleza defensiva como si se fuera a acabar el mundo

 

El técnico bonaerense comenzaría una dupla con David Losada que cambiaría por completo el rumbo de la plantilla. Su debut se produce tan solo dos días después de haber sido presentado. Viaja con el equipo al hogar del Madrid CFF y allí logra su primera victoria por la mínima. Un 0-1 justísimo que fue como una bocanada de aire fresco después de diez jornadas de apnea, bien sumergidos en el fondo de la tabla.

Si bien es cierto, la siguiente jornada perderían por la mínima el derbi ante el Real Betis. Tras ir empatados a dos, Virgy anotó un auténtico golazo de falta para alegría de los verdiblancos. Cómo son las cosas. Ahora los marca para el Sevilla pero eso es otra historia. El conjunto de Toro regresaba a la última plaza y quedaba, todavía, toda la segunda vuelta. Las andaluzas cerraban un balance de tres victorias y 12 derrotas en las primeras quince jornadas. Eran carne de descenso pero si alguien sabe manejarse bien por los lodos, ese era el actual técnico de las hispalenses.

Un vuelco en la segunda vuelta. Seis victorias, dos empates y siete derrotas sirvieron para que las sevillistas fuesen escalando puestos hasta la décima posición. Con Toro en el banquillo se consolidó un estilo de juego. Con la posesión, verticalidad; sin ella, fortaleza defensiva como si se fuera a acabar el mundo. Mordían por recuperar el balón. No daban nunca un esférico por perdido y, cuando lo recuperaban, eran once jugadoras en busca de los tres puntos.

Jugadoras como Olga, Alicia, Araya, Maite o Nagore dieron un paso al frente y, guiadas por Toro, consiguieron librarse del descenso con bastante calma. Si bien es cierto que matemáticamente no lo lograron hasta la última jornada, los cinco puntos de margen que fueron manteniendo con regularidad fueron un colchón suficiente como para no acabar sufriendo. Es verdad que pueden salir escépticos que aseguren que cinco puntos no es como para tirar fuegos artificiales. Cierto es. Igual que también lo es que tan solo se quedaron a seis de poder disputar la Copa de la Reina. Y, en cualquier caso, Toro logró que sus pupilas sumaran 23 puntos de 45 posibles.

El éxito del argentino con las hispalenses se debía, en gran medida, a sus conocimientos sobre la liga española. Porque Toro no era nuevo en nuestros banquillos. En 2012, el técnico argentino llegó a Valencia para ponerse a las órdenes del equipo ‘ché’. Por aquel entonces, la plantilla también estaba en puestos de descensos y con una necesidad imperativa de reanimación. Su gestión, metodología y, por supuesto, la garra que transmitía fueron puntos claves para lograr el éxito. Ese que consiguió a través de las botas de Raquel Pinel, jugadora que tiene a sus órdenes en Sevilla y que, por aquel entonces, fue la autora del gol ante el Sant Gabriel que materializaba la permanencia.

Durante los próximos años, consolidó al Valencia como uno de los mejores equipos de la liga española alcanzando, en 2015, la final de la Copa de la Reina tras eliminar a clubes como el Barça o el Athletic por el camino. En la última temporada de Toro, allá por el 2017, las ‘chés’ conseguirían una histórica tercera posición. Año y medio más tarde, agarraba el Sevilla en una posición muy similar a la que se encontró en su primer año en Valencia. Su reto, poner al Sevilla en la élite española.

Salvó muy bien los muebles durante la anterior campaña y comenzó la actual con una notable victoria por 4-0 sobre el Granadilla. Un resultado que demostró que su marca sigue siendo visible en el juego de las hispalenses y que la plantilla tiene intención de continuar en la dinámica positiva que demostró al final la temporada pasada. Claro que, en la segunda y en la tercera jornada, las andaluzas cayeron ante un rival de entidad como el Atlético de Madrid y uno guerrero como el Sporting de Huelva. Eso sí, tiene toda una temporada por delante…

Así que, en cualquier caso y tras percatarme de que la historia de Toro en el Sevilla encaja a la perfección dentro de los parámetros de mi futura explicación, miro a esa chica que había preguntado si un entrenador realmente tiene tanta incidencia en un equipo. “Bueno, sí. A ver cómo te cuento yo esto…”, le digo. Y, bajo una mirada que desprende más compromiso que verdadero interés, atiende al breve resumen oral sobre la relación entre el Sevilla y Cristian Toro.