Asociar el Corinthians a Sócrates, a Roberto Rivellino o al Mundial de Clubes de 2012 (con ese recordado gol de Guerrero al Chelsea), no exigiría esta carta. Asociarlo a Toro o Zamora, quizá sí. Escuchar el fuerte acento portunhol de quien presidió el club durante ocho mandatos en el discurrir de cinco décadas diferentes ayuda a encontrar la primera pista. Y un repertorio de frases mágicas que millones de brasileños pueden completar si sólo escuchan sus primeras palabras nos acaba de poner en la dirección correcta.

«Tuve una infantilidad muy difícil» (“Tive uma infantilidade muito difícil”)

Pese a que la talla de los jóvenes zamoranos se incrementaba ligeramente en España, los datos muestran que, a principios del sigo XX, el número de mozos excluidos del servicio militar por la agudización de los problemas de subsistencia crecía sensiblemente. Pauperismo es una manera de llamarlo. Emigrar a Brasil, como Luis Mateos y Mangloria Valle, era una manera de reaccionar. Su hijo Vicente tiene 6 años cuando llegan a Sao Paulo, en 1914. Serán una familia de 11 hijos, con penurias, estrecheces y la determinación de quienes no quieren ser engullidos por la fatalidad. Y no serán un caso excepcional: la española es la tercera colonia más numerosa de inmigrantes en Brasil en esa época, sólo tras italianos y portugueses.

«Un jugador tiene que ser completo como el pato, que es un bicho acuático y gramático» (“Jogador tem que ser completo como o pato, que é um bicho aquático e gramático”)

Los Mateos encuentran trabajo en la construcción, como tantos otros inmigrantes. Y como esos jugadores que salen de la cantera y llegan al primer equipo, los Mateos pasan de cargar piedras a montar una pequeña empresa constructora. El polivalente Vicente cubre toda la cancha en su negocio, como le gusta que hagan los jugadores de ese fútbol de pioneros del Brasil de los años 30, lleno de nombres en inglés, hijo de Charles Miller. Vicente confesaba que en su juventud no tuvo tiempo para hacer otra cosa que no fuera trabajar, que no tuvo un día de asueto hasta que cumplió 26 años. Pero que adoraba el futebol. Si hubiera sido italiano, con toda probabilidad Vicente habría animado al Palestra Itália, el equipo que años más tarde, tras la derrota del eje en la II Guerra Mundial, adoptaría el nombre de Palmeiras. Si hubiera sido portugués, se habría hecho aficionado de la Associação Portuguesa de Desportos (el club que resultó de fusionar el Lusíadas, el Lusitano, el 5 de Outubro, el Marquês de Pombal y el Portugal Marinhense). Andaba por ahí el Germania, también. O el São Paulo Futebol Clube. Pero el equipo que le arrebataba el corazón es otro: tenía el estadio en la zona norte de Sao Paulo, donde hoy el Ponte das Bandeiras cruza la Marginal Tietê: se llamaba Sport Club Corinthians Paulista, y jugaba en el Ponte Grande.

El negocio de la construcción alfombra el camino de Matheus (que ha tropicalizado su apellido) hacia el Corinthians. En 1933, el Corinthians ya se había mudado al Parque São Jorge, en Tatuapé, y el municipio de Sao Paulo saca a licitación la pavimentación de la avenida que unirá la puerta principal del estadio con la avenida Celso Garcia, una de las arterias de expansión de la ciudad hacia la zona este. Ese negocio no se le podía escapar a la Pavimentadora e Construtora Vicente Matheus Ltda. por nada del mundo. Y no se le escapó. El constructor Matheus se mudó también a vivir al barrio, para estar cerca de su equipo.

«Pido a los corinthianos que acudan a las urnas a naufragar nuestra lista» (“Peço aos corinthianos que compareçam às urnas para naufragar nossa chapa”)

Matheus ya se ha asfaltado el acceso al Corinthians. Frecuenta el club, a sus dirigentes y a sus jugadores. El Campeonato Paulista de 1954 se decide en febrero de 1955. Matheus ya es el Director de Fútbol de la directiva corinthiana, comandada por Alfredo Trindade. Y el de 1954 no es un Paulista más: es el del Cuarto Centenario de la fundación de la ciudad. A la final han llegado, en un Pacaembú a reventar, contra el eterno rival, el Palmeiras. Pacaembú es el estadio que la Copa del 50 ha dejado en Sao Paulo. El encuentro del 6 de febrero de 1955 es el mayor espectáculo futbolístico que se haya visto en Sao Paulo, según las crónicas de la época, y el broche dorado para una de las mejores formaciones del ‘Timão‘ corinthiano, con Luizinho, Cláudio, Baltazar, Idário, Goiano, Gylmar y Roberto Belangero. 

Ese equipo habrá llegado a 1955 ganando tres Paulistas, tres Copas Río-São Paulo y el primer gran título internacional del club: la Pequeña Copa del Mundo de 1953 disputada en Venezuela contra la Roma, el Caracas y un Barcelona que tiene en sus filas a Biosca, Segarra, Basora, César, Moreno y el gran Kubala (máximo goleador de la competición junto a Luizinho).

Alfredo Trindade es el presidente del Corinthians que ha aupado a Matheus. Y será también su rival en las elecciones de 1959: Matheus y su aliado, el abogado Wadih Helu, hacen responsable a Trindade de la decadencia del Corinthians glorioso de la primera mitad de la década y se presentan como una alternativa joven y enérgica. Y victoriosa.

El primer Matheus presidente ya marca su estilo: se gasta una fortuna en traer a Almir Pernambuquinho, el ‘Pelé Blanco’, que había hecho 50 goles en 72 partidos en el Vasco da Gama carioca. Pero se lía parda en el vestuario: celos, falta de recursos para contener la salida de otros cracks, mano dura del presidente y malos resultados deportivos. Matheus no logra la reelección tras un mandato turbulento y en 1961 pierde la presidencia precisamente frente a su antiguo aliado y ahora rival, Wadih Helu.

«Quien está bajo la lluvia es para quemarse» (“Quem está na chuva é para se queimar”)

Si al hablar del carácter de alguien en Brasil se alude a su sangre española será, con toda probabilidad, que ese alguien ha pedido que le agarren el cubata. Y con Matheus no era diferente. 

Matheus no rehuía el combate ni con políticos, ni con periodistas, ni con rivales… ni con aliados. La larga campaña de vuelta a la presidencia dura una década y culmina en 1971 con la elección de Miguel Martínez, el candidato que Matheus apoya para derrotar a Helu.

Martínez lleva a Matheus como vicepresidente, pero todo el mundo sabe quién manda ahí. Quizá todo el mundo menos Martínez, quien en 1972, en plena crisis financiera del club, es objeto de una moción de censura (uno de esos impeachments que tanto dan de sí en Brasil). Martínez estaba por la labor de tomarse una licencia de 60 días y en un visto y no visto acabó destituido del cargo y con la policía impidiéndole el acceso al club a petición del número dos de su candidatura, ya Presidente en ejercicio y refrendado en la poltrona por la Federación Paulista de Fútbol.

La segunda época de Matheus le lleva hasta 1981. Y aún volverá en 1987 y en 1989. Y con Marlene, se verá, entre 1991 y 1993.

«Conmigo o sinmigo, el Corinthians será campeón» (“Comigo ou sem migo o Corinthians será campeão”)

Matheus asume con su estilo personalísimo y rigurosísimo la gestión del Corinthians. Pero el drama es la sequía de títulos. Con la mirada puesta en los entorchados, el estricto Matheus lo mismo gobierna con mano firme que contrata un zahorí de Recife para que compruebe si hay algún sapo enterrado bajo el césped del Parque São Jorge.

Entre 1914 y 1954 el Corinthians había ganado 15 Campeonatos Paulistas. Y tres Copas Río-São Paulo. Y la Pequeña Copa del Mundo de Caracas. Pero estábamos en 1977 y llevaba 23 años sin un título que llevarse a la vitrina, y con alguna decepción monumental como el subcampeonato del Brasileirão de 1976 frente al Inter de Porto Alegre, después de que en la semifinal 70.000 miembros de la fiel torcida se hubieran desplazado a Río a ver a su equipo ganar en los penaltis a un gran Fluminense, en lo que pasó a la historia como la Invasión Corinthiana del Maracanã.

El Corinthians llega a la final del Paulista de 1977 contra la Ponte Preta, después de dejar por el camino al Palmeiras y al São Paulo. Será al mejor de tres partidos. La serie empieza con victoria del Corinthians y la consecuencia es que 138.032 aficionados concurren al segundo partido en el Morumbi, aforo récord del estadio aún hoy, esperanzados en disfrutar con sus propios sentidos el final del ayuno. Pero ganar así no hubiera sido una dosis adecuada para el sufrimiento de un corinthiano. Ponte Preta 2, Corinthians 0.

El 13 de octubre de 1977 es la cita del tercer partido, un abismo que asoma durante 82 minutos hasta que Zé Maria centra al área una falta desde el lateral derecho; Basílio la peina, llega a Vaguinho en la esquina del área pequeña que la chuta con toda su fuerza y la revienta en el palo; el rebote lo cabecea a puerta Wladimir pero un defensa la despeja en la línea de gol; vuelve a Basílio, un metro delante del punto de penalti, que le manda un zapatazo de compás que se cuela en la historia por el centro de la portería. El locutor Osmar Santos resuena metálico en la banda sonora del Timão: “Dulce misterio de la vida, este Corinthians. Inexplicable Corinthians. Vete a buscar la alegría en el fondo del alma del pueblo”. Vete de paso, también, a ver si encuentras el zapato que perdió Matheus en las celebraciones.

Luego vendrían, como grandes hitos de la gestión de Matheus, el Paulista de 1979, también contra la Ponte Preta, previa jugada de despachos que desarmó al Palmeiras; y el Brasileirão de 1990, el primero de la historia del club, frente al archirrival São Paulo. Pero ambos éxitos están un peldaño más abajo en el altar.

«Sócrates es innegociable, invendible e imprestable» (“O Sócrates é inegociável, invendável e imprestável”)

Además de los títulos, Vicente Matheus dejó en la historia del Corinthians la impronta de quien funde su persona en la institución. Pero su propia personalidad era también indisociable de una imagen estrambótica, alimentada a partes iguales por la espontaneidad y el cálculo. Si su origen español era la excusa perfecta para las palabras con las que definía su gestión en el Corinthians, su desparpajo era una estrategia para agradar, o despistar, a griegos y napolitanos.

El caso paradigmático fue el fichaje de Sócrates. Se acababa el 1978 y el São Paulo le había puesto el ojo al espigado volante que despuntaba en el Botafogo de Ribeirão Preto. Las elevadas pretensiones económicas de los botafoguenses obligaban a la directiva saopaulina a negociar la venta de alguno de sus mejores jugadores para tener con qué pagar. Matheus se convence de que Sócrates debería tomar el camino del Parque São Jorge y no el del Morumbi (como ya había hecho Geraldão la temporada anterior) y manda a su hermano Isidoro a negociar con Antônio Galvão, el Presidente del São Paulo, el fichaje por el Corinthians del volante Chicão, la operación que habría de render a los tricolores los fondos para la compra de Sócrates. Mientras Isidoro Matheus eterniza la negociación en São Paulo, Vicente sube a un un avión, vuela a Ribeirão Preto y, con dinero de su bolsillo, ata a Sócrates. No llegó la sangre al río, pero sí añadió un capítulo más a la leyenda de Matheus. Y una oportunidad de desquite al São Paulo, que no dejó pasar la contratación años más tarde del hermano de Sócrates, un tal Raí.

Sócrates, figura del Corinthians hasta que en 1984 fue transferido a la Fiorentina, sería el líder natural de un movimiento efervescente entre la contestación política y el hippismo futbolístico: la Democracia Corinthiana. A Matheus ya le pilló de refilón, aunque no se privó de criticarlo. No tenía claro que el asambleísmo libertario funcionase mejor para el fútbol que la disciplina de la concentración. Bueno, sí lo tenía claro. Aquello era algo así como si Santiago Bernabéu fuera presidente del St. Pauli. 

«Después de la tempestad viene la ambulancia» (“Depois da tempestade, vem a ambulância”)

Si bien Matheus compatibilizó su mediática carrera deportiva con una exitosa actividad empresarial, no quiso dejarse tentar por los cantos de sirena de la política, aunque se los entonaron con frecuencia. Le decían que la presidencia del Corinthians era la tercera magistratura más poderosa del Estado de São Paulo, a lo que él respondía que, aunque lo fuera, para él las otras dos estaban por debajo.  

Casi todo estuvo por debajo del Corinthians para Matheus. Dice San Pablo en la Primera Carta a los Corintios que el amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. Fue el caso de Matheus y Marlene, que se conocieron en el club en 1955 y compartieron la pasión por el Corinthians al punto de que Marlene lo llegó a presidir la entidad entre 1991 y 1993, cuando Vicente no podía reglamentariamente presentarse a la reelección. Juntos disfrutaron, fuera de la primera línea, algunos títulos más hasta que, tras 14 días internado por una complicación de salud a comienzos de 1997, como él mismo hubiera dicho, el partido acabó al terminar (“Um jogo só acaba quando termina”). Fiel a su Nación hasta la muerte, estas son las palabras que le acompañan en el Cementerio de la Cuarta Parada en la zona Este de São Paulo.