Moneyball es una película estrenada en 2011 que cuenta la historia de cómo Billy Beane, exjugador de béisbol estadounidense, consigue hacer de los Oakland Athletics uno de los mejores equipos de la Major League Baseball con un presupuesto muy restringido respecto a las otras franquicias. Protagonizada por un introspectivo Brad Pitt, demuestra que no siempre el dinero hace la gloria, ni tan siquiera en el deporte. Los diálogos entre los personajes son los que marcan el ritmo de la acción y, sin ser sólo una película de deporte, es una de las más genuinas del género. Basada en una novela homónima escrita por Michael Lewis en 2003 y titulada Moneyball: The Art of Winning an Unfair Game, relata cómo el director deportivo Beane (Brad Pitt), con la ayuda de su asistente Peter Brand (Jonah Hill), montan un equipo con la tecnología sabermétrica, el análisis empírico del béisbol que mide la actividad en el juego, para ojear a los jugadores. Un sistema parecido es el que aplicó Matthew Benham para llevar a su querido Brentford a la máxima división del fútbol inglés.

Era el año 1989 y Matthew Benham se acababa de graduar en física por la Universidad de Oxford. Apuntaba maneras. Después de pasar 12 años trabajando en el mundo de las finanzas, Benham llegó a ser vicepresidente del Bank of America. Pero en 2001 se cansó y decidió dedicarse a las apuestas deportivas. Se unió al proyecto de Premier Bet como asistente en el desarrollo de los sistemas predictivos de apuestas, siempre con un ojo puesto en la analítica. Ahí es donde empezó su obsesión por el Big Data. Y no es para menos porque, a partir de aquí, Benham construyó un imperio. Después de dejar Premier Bet en 2003, en 2004 fundó Smartodds, su propio sindicato de apuestas, donde se propuso ayudar a los clientes con la ayuda de los números, su conocimiento de los algoritmos, las estadísticas y los datos. Con Smartodds consiguió una gran popularidad que le hizo convertirse en el dueño de una importante empresa de apuestas, Matchbook.

Amor a primera vista

Pero el fútbol apareció en la visión empresarial de Benham y, como a todos nos ha pasado, el sentimiento futbolístico se vuelve tan intenso que es difícil de controlar. El empresario había sido durante toda su vida fan del Brentford y en 2009 los del oeste de Londres no pasaban por su mejor situación financiera. Benham puso la lupa y emergió como potencial comprador del club cuando acordó con los Bees United, el grupo de aficionados dueños del club en ese momento, que invertiría una cantidad significativa al equipo a cambio de ser el propietario si no podían devolverle la inversión hecha. En 2012 Matthew Benham se convertiría en propietario del Brentford FC después que la junta de los Bees United lo aprobara por mayoría. Un nuevo paradigma en el club de los sueños del empresario.

 

Ankersen le preguntó si subirían a la Championship. “Normalmente esperas un sí, un no o una respuesta con emoción. Pero él me dijo: ‘Hay un 42,3% de probabilidades que ascendamos’. En ese momento vi que entendía el fútbol de otra manera”

 

Hasta el día de hoy, Benham ha depositado más de 100 millones de libras en las arcas del club y lo ha llevado a un nivel inesperado para los aficionados del club. Y no sólo eso, ha sabido arroparse con gente de confianza que cree en la idea del Big Data en el mundo del fútbol. Para aquellos que, en su día, se cuestionaban si era posible gestionar un club basándose en los datos, tenían a 1.200 kilómetros la muestra del éxito. En la temporada 2014-15 el Midtjylland danés dio la sorpresa en la liga y consiguió ganar el campeonato después de no haberlo ganado antes en toda su historia. Aparte de esta increíble hazaña, el equipo destacó por su manera de gestionar un club alejado de las formas convencionales. El propietario de este club no era ni más ni menos que Matthew Benham, que ese mismo año había invertido más de seis millones de euros en los daneses y había instaurado la filosofía que empezaba a dar sus frutos en el Brentford. El nombramiento por parte de Benham de Ramus Ankersen como presidente de la institución, con tan sólo 31 años, suscitó dudas, pero en poco tiempo dio sus frutos.

Ankersen se basó en diferentes indicadores clave de rendimiento para juzgar la actuación del equipo, tanto en el terreno de juego como en las oficinas. Y acertó. Además, todo este análisis -nunca contado por Ankersen o Benham- ayuda también a estructurar un discurso para los entrenadores en los descansos de cada partido y frente la prensa; antes de hablar con alguno de estos dos, los técnicos reciben un informe que describe cómo se está desempeñando el equipo en ciertas métricas clave. Un cálculo matemático preciso. Y todo ideado por Benham. Ankersen cuenta que cuando conoció a Benham le preguntó sobre si creía que el Brentford subiría a la Championship. “Normalmente esperas un sí, un no o una respuesta con emoción”, dice el danés en The Guardian. “Pero él me miró y me dijo: ‘Hay un 42,3% de probabilidades que ascendamos’. En ese momento ví que entendía el fútbol de otra manera”.

Cuestión de tiempo

Muchos escépticos se atrevieron a cuestionar el método utilizado por Benham, pero sólo él sabía que en un tiempo prudencial todo saldría como había planeado. Billy Beane estaría orgulloso, el modelo reflejado en Moneyball daba sus frutos y no solo en el béisbol. Y vaya si funciona, Benham ha conseguido llevar al equipo de su adolescencia a la Premier League. Toda la experiencia adquirida a lo largo de su carrera, entre los años en el Bank of America y después en el mundo de las apuestas, le han servido para desarrollar un sistema diferencial. En el Brentford, ha fichado a graduados en matemáticas para analizar los datos detrás de jugadores de todo el mundo que pasaban desapercibidos. Gracias a ello, incorporó futbolistas como Neal Maupay, Saïd Benrahma o Ollie Watkins, con los que ha sacado un gran lucro vendiéndolos a equipos de la Premier League y manteniendo -y llevando a su máximo nivel- a jugadores de la talla de Ivan Toney o Bryan Mbuemo. Pero tampoco ha sido todo un camino de rosas para Benham. Durante el confinamiento, el club llegó a registrar pérdidas de nueve millones de libras. Pero lejos de desanimar, esto alentó a Benham a mover lo antes posible el club del histórico Griffin Park a un nuevo estadio lleno de asientos premium, decisión que ayudó a realzar la economía de los ‘Bees.

 

El Brentford ha fichado graduados en matemáticas para analizar los datos detrás de jugadores que pasaban desapercibidos. Gracias a ello, incorporó futbolistas como Neal Maupay, Saïd Benrahma o Ollie Watkins

 

Brad Pitt interpretó uno de los mejores papeles de su vida en Moneyball y Benham está disfrutando aplicando una variante de este método al oeste de Londres. Pocas cosas tienen en común estas dos personalidades, una tan cercana a los focos y a las cámaras y la otra en la sombra y pendiente de otros temas. Pero algo sí comparten, el amor de los fans por su obra. “No encontrarás ni un solo aficionado que diga una palabra en su contra, y eso es inusual”, dijo Greg Dyke, presidente del Brentford entre 2006 y 2013. Y es que a veces lo inusual tiende a convertirse en real.

 


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Fotografía de Imago.