Junio de 2011. La selección femenina iraní de fútbol se dispone a jugar un partido clasificatorio para los Juegos Olímpicos de Londres’12. Su rival es Jordania. Minutos antes del pitido inicial, el colegiado exige a las futbolistas de Irán que se quiten el hiyab, alegando que esta prenda infringe las normas de la FIFA. Las chicas no están por la labor, reivindican este velo como parte de su identidad musulmana y el árbitro, para zanjar la polémica, da por concluido el encuentro con un 3-0 para las jordanas. A pesar del disgusto y las lágrimas de algunas jugadoras, la decisión seguirá siendo igual de firme en los tres próximos encuentros oficiales. Desgraciadamente, el castigo también: derrota administrativa y fin al sueño olímpico. En pleno escándalo, la entonces máxima autoridad de Irán, Mahmud Ahmadineyad, acusa a la FIFA de “colonialistas” y “dictadores“. La macroorganización futbolística ni siquiera se da por aludida. Como casi siempre, corre un tupido velo -y nunca mejor dicho- y a otra cosa. Sin embargo, un hombre prefiere alzar la voz a quedarse callado. Prefiere denunciar lo que considera una injusticia a esperar a que sean otros quienes demanden soluciones. Esta persona es, desde hace seis meses, vicepresidente de la FIFA y, con 36 años, también su miembro ejecutivo más joven.
El Príncipe Ali Bin Al Hussein, presidente de la Federación de Fútbol de Jordania, fundador de la Federación del Asia Occidental y la esperanza de cambio con la que hoy muchos sueñan para destronar a Seph Blatter, decidió aquel verano de 2011 que enarbolaría la lucha para que este pañuelo que recubre la cabeza, el cuello y las orejas no fuera nunca más un impedimento para jugar a fútbol. “Es importante que todos los que aman este deporte tengan las mismas posibilidades de disfrutarlo“, manifestó nada más enterarse de cómo la selección femenina de su país había derrotado a Irán.
Las negociaciones para levantar la prohibición del velo islámico fueron largas. Si el argumento de la FIFA se basaba en criterios de seguridad y riesgo de lesiones, Ali empezó a buscar precedentes que lograran dejar en evidencia semejante tesis: de los cascos protectores permitidos en ciertos jugadores -Petr Cech o Cristian Chivu- a casos en los que el pelo largo había sido más peligroso que uno recogido. En su lucha, contó con el apoyo incondicional de Wilfired Lemke, asesor especial en Deporte, Desarrollo y Paz del Secretaro General de las Naciones Unidas, quien llegó a escribirle una carta a Seph Blatter instándole a escuchar la petición de Ali.
En marzo de 2012, casi un año después de iniciar su lucha, Ali presentó el caso ante la International Football Association Board, la organización encargada de definir las reglas del fútbol desde 1886. A la tenacidad y convicción para desterrar prejuicios religiosos de su discurso, el vicepresidente de la FIFA ligó otra idea, la de crear hiyabs con características más seguras, básicamente un modelo de diseño holandés que quedaba fijado en la cabeza a través de un velcro desechable.
La FIFA entró en razón y la IFAB adaptó su normativa a los nuevos tiempos, como ya habían hecho otras federaciones como la de atletismo, rugby, judo o taekwondo. El velo dejaba de ser un handicap, un impedimento, un agravio para el deporte más popular del mundo. “Quería garantizar que el fútbol es para todos”, dijo el hombre al que Luis Figo, Michel Platini y Diego Armanado Maradona apoyan de forma incondicional para “limpiar las cañerías” -ministro de exterior alemán dixit– de la máxima organización futbolística del planeta. Un príncipe que ya se ha ganado el reinado del fútbol femenino, logre o no desbancar esta tarde a Blatter del gran trono del fútbol mundial.
Fuentes:
‘The prince and the girl: the quest for the hijab in football’
‘Prince Ali bin Al Hussein backs Velcro hijab for women football players’
‘La FIFA prohíbe el pañuelo’
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El fútbol es un deporte, las reglas están para cumplirlas. El fútbol no es musulmán ni cristiano, que el Jeque haga su campeonato en Jordania y se pongan lo que les dicta su religión.
El fútbol tambien sirve para unir pueblos y debe respetar religiones “Es importante que todos los que aman este deporte tengan las mismas posibilidades de disfrutarlo“. Me parece que tu comentario esta errado y discriminatorio , el hiyab no tiene nada de malo, no están en ventaja o desventaja por utilizarlo y en ningún momento infringe las reglas del juego que es lo realmente importante.