1991. Se acababa el siglo y se acababa el mundo; el mundo tal y como lo conocíamos. Caían gigantes que creíamos de hierro; gigantes que, sin embargo, resultaron ser de barro. Y al otro lado de la polvareda que había dejado el muro ya derribado, se contaba el fin del cuento de la Historia. Pero la historia no había hecho más que empezar, y su cuento venía con moraleja: nada es inamovible ni eterno.

Aquí y allí, Europa siempre desafiará las leyes esenciales: todo lo destruye, pero todo lo transforma. Un terremoto crujía a los pies del continente, que se resquebrajaba en fronteras que ni recordaba tener. Y mientras los carros de combate volvían a pisar el asfalto, del miedo brotó la vida. Porque si hay algo que identifica a los pueblos de Europa es su determinación por querer ser, por afirmarse y reafirmarse. Soñar por muy doloroso que sea.

Eslovenia era un par de millones de personas enclavadas entre Yugoslavia e Italia, eran diez días de guerra, una independencia y un mundo al que encandilar. Todo nuevo Estado nace entre ideas preconcebidas. El deporte tiene mucho que ver en ello. Eslovenia, montañas y esquiadores; con el tiempo, jugadores de baloncesto e incluso los mejores ciclistas del planeta. Ni rastro del fútbol en sus glorias nacionales. Y, sin embargo, la tozudez europea: aun teniendo casi siempre las de perder cuando su selección o sus clubes salen a escena, aun habiendo quedado el balón forzosamente aparcado en los años yugoslavos, los eslovenos dan a su modesto fútbol el valor de 40 medallas olímpicas. Orgullo nacional es querer tanto o más a tus defectos que a tus virtudes.

2021. Se acabó la década y se acaba el fútbol; el fútbol tal y como lo conocíamos. Y los gigantes, que creíamos de barro pero son de hierro, levantarán un muro que frenará las ilusiones de pequeños territorios como el esloveno. La casi inevitable Superliga europea será muchas cosas: un éxito de audiencia, un multiplicador de ingresos, un catalizador para jóvenes estrellas… Será ‘súper’ y será ‘liga’. Lo será casi todo. Pero nunca, nunca, será europea. Ni soñarlo.

 


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Redacción

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