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Colección de recuerdos

Felicidad y memoria. La salida del álbum de cromos del Mundial de Catar ha avivado nuestro espíritu coleccionista y nos ha devuelto a la niñez

SAO PAULO, BRAZIL - OCTOBER 19: Detail of printed stickers displayed Lionel Messi of Argentina on the production line of FIFA World Cup Qatar 2022 stickers album at Panini factory on October 19, 2022 in Sao Paulo, Brazil. (Photo by Alexandre Schneider/Getty Images)
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Hay muy pocas cosas en la vida que nos jodan más que un cromo repetido. Nos deja con una cara amarga y un regusto triste, como cuando la chica que te gusta te hace la cobra. Sabes que  lo tenías ahí, a escasos centímetros de ti. Creías tener todas las papeletas, estabas a punto de conseguir ese ansiado beso y sonreír. Pero no. Te jodes, te esperas y lo vuelves a intentar.

Todos tenemos nuestro propio punto coleccionista. Y si algo tenemos en común es que lo queremos todo de manera apabullante, al instante y sin pensarlo demasiado. No obstante, eran muy pocos los que conseguían completar la mitad del reto. Y seamos realistas, no nos lo ponían nada fácil. Lo empezábamos con una ilusión inmensa, como tu vuelta al gimnasio. Pero eso sí, al primer golpe de realidad y al ver que esa maldita figurita número 66 no salía, desistíamos. Como cuando llueve, que no haces ni el esfuerzo de ponerte el chándal. Basta un solo revés para caer en picado. Juego, set y partido: derrota. Qué jodido es quedarse a medio camino y con el álbum incompleto. Porque ahí permanecerá, olvidado, cerrado y opaco, esperando una revisión nostálgica junto a un par de colegas tan frikis como nosotros. Y en aquel momento será cuando nos arrepintamos de no haber hecho un esfuerzo extra cuando debíamos. Quizá podríamos haber encontrado a alguien que nos ayudase a finalizarlo, que tuviese esa carta que nos faltaba y nos completase. Pero no, optamos por el camino más fácil, por rendirnos. Elegimos obviar y renunciar.

Los cromos son intergeneracionales. Como las Adidas Stan Smith, los Beatles o Star Wars. Y mirémonos a los ojos, digámonos las cosas claras: ¿de verdad podríais considerar futbolero a alguien que no ha anhelado completar un álbum? Yo ya confieso que no. No juzgaré a aquel que, como yo o muchos de vosotros, se vio obligado a desistir por falta de recursos materiales. Pero sí discutiré con todo aquel que me niegue la fantasía de abrir aquel pequeño sobre de cartoncillo con la esperanza de que aparezca Lionel. Llámame infantil si quieres, me da igual, me hace feliz. Porque el placer de que aparezca un jugador de tu equipo es solo equiparable al de un gofre con Nutella y fresas. Un momento dulce. Un instante sonriente. Un sabor y una imagen por descubrir.

 

Disfrutemos de las pequeñas cosas. Digámonos a nosotros que sí. Que somos críos. Que somos futboleros. Que somos los más frikis de aquel deporte en el que once tíos o tías corren tras el balón

 

Por suerte, sé que no soy el único. Como buen barcelonés, sé que en aquella esquina entre las calles Comte d’Urgell y Tamarit, del Mercat de Sant Antoni, se siguen juntando cada  domingo decenas de niños y niñas (y no tan niños y niñas) para completar sus colecciones. Además, con la salida del álbum de cromos del Mundial de Catar, las redes han sido plagadas de videos  cortos de niños disfrutando de este vicio tan bonito. El fútbol se ve, se lee y se escucha, pero sobre todo, el fútbol se recuerda.

Hemos dejado demasiados álbumes a medias. Y demasiados recuerdos. Completémoslos. Disfrutemos de las pequeñas cosas. Digámonos a nosotros que sí. Que somos críos. Que somos futboleros. Que somos los más frikis de aquel deporte en el que once tíos o tías corren tras el balón. Llenemos todas las páginas de nuestro álbum, conservemos los recuerdos. Como cada cromo de Lionel. Porque hay muy pocas cosas en esta vida que nos hagan más felices que un nuevo recuerdo inolvidable.

 


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Fotografía de Getty Images.