Hoy toca visita al cuartel de la policía en Panjim, capital de Goa. Todos los extranjeros que vienen a Goa para trabajar deben pasar por allí para quedar registrados. La burocracia en este país es algo que se lleva a rajatabla. A su manera, pero a rajatabla. Un claro ejemplo sucede nada más aterrizar en él: papeleo para inmigración a rellenar y entregar en los controles. Y no uno, ni dos controles. Durante ese tiempo en el aeropuerto, es mejor tener el pasaporte siempre en una mano, porque no puedes dar más de diez pasos sin que te lo pidan. Entregas los papeles, de los que debes guardar una copia para cuando regreses, aunque luego nunca te la pidan. Pero el protocolo es el protocolo. Pasas el control y a los diez metros hay otro oficial que está mirando como van pasando los controles y te pide el pasaporte. ¡Pero si estas viendo que lo acabo de enseñar! Da igual, son las normas. Así que te pasas el rato mostrando tu identidad por los pasillos y, en nuestro caso, haciéndote fotos con desconocidos. Si cobráramos una miseria por cada foto que nos hacemos volveríamos con el doble de salario.
Luego te enteras que otro motivo de los múltiples controles, como de los múltiples empleados que hay en casi cualquier oficio, aunque no lo ejerzan y se limiten a mirar como trabajan uno o dos, es ocupar a la gente. Y es que la superpoblación que sufre este país es tan desorbitada que cualquier empleado de más se agradece.
Así que nos dirigimos a la comisaría. No hace falta repetir que vamos en dos coches para volver a tener la oportunidad de estar un rato atascados en mitad de un tráfico nervioso y ruidoso para una distancia que a pie se traduce en un paseo. Security rules again, protocolo. A nuestra llegada a la comisaria se van sucediendo los hechos propios de cualquier recado en la India. El superintendiente encargado de hacer nuestro registro no está, así que hay que esperarle porque ningún otro oficial de la comisaria es el encargado de registrar a los jugadores del FC Goa. Una vez llega, falta un papel, parece ser que del club. Además del contrato hay que presentar no se qué formulario que no tienen (o que no nos dan, eso nunca lo sabremos). Otra vez a esperar a que no sé quién vaya a por él. Y en medio de tantas esperas, más fotos, muchas fotos. De grupo, con uno, con otro, otra vez con el primero que quiere otra, y así.
Volvemos al hotel con el trámite ya hecho, pero a nuestra llegada me llama un miembro del club para reclamarme el pasaporte de nuevo. Parece ser que tiene que volver a la oficina porque en un principio yo debería haber ido el día anterior y no hoy, y el superintendiente estas cosas se las toma muy a pecho. Así que se le debe justificar mi ausencia el día anterior. Por suerte para eso también estamos en la India y no representa ningún problema: un papel escrito a mano y firmado de mi puño servirá para contentarle. Ahora sí que está todo hecho. O eso creíamos porque al rato nos dicen que otro día habrá que volver para recoger el resguardo de lo que hemos firmado.
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