Memphis Depay siempre le dio la espalda a la responsabilidad. El día que tuvo que afrontarla se dio cuenta de que el coche en el que iba montado viajaba a tal velocidad que no atravesaría el muro de la madurez. Van Gaal y Mourinho le fueron construyendo aquella pared, ladrillo a ladrillo, hasta desahuciarlo de Old Trafford. Y desde entonces, desterrado a Lyon, comenzó a escribir el prólogo del regreso. Hasta ahora.

De algún modo, Memphis podría revelarse como uno de los protagonistas de Rewind, la novela de Juan Tallón, donde desde Lyon explicaban que eran “jóvenes e indestructibles, no pensábamos demasiado en el futuro y nos gustaba pasarlo bien mientras no llegaba”. En Mánchester no le dejaron explorar las fronteras del futbolista, entre el bien y el mal. No vieron con buenos ojos que se desplazara en hoverboard por el hotel en el que vivió al llegar a Inglaterra. Tampoco que en su primer invierno estampara uno de sus Mercedes contra una granja en una helada carretera secundaria de Cheshire. Un tractor tuvo que rescatar su coche. Se estaba balotellizando y el espejo tenía que ser Rooney. Una vida regateando responsabilidades.

Desde 2018, cuando empezó a hacer de Lyon su parque temático, empuñó el micro y empezó a escribir. La discografía de Memphis -Jesé pero bien- es un paseo por su vida, completamente difuminada entre el futbolista y el rapero. Habla del balón como futbolero y de dinero y mujeres como rapero. Muchos de los futbolistas que brotan del hambre o de los mundos complicados no terminan de despegarse de su pasado cuando llegan a la élite, de quienes se esperan y respetan pérdidas de balón fuera del terreno de juego. Su “vengo de la nada, ahora estoy en la cima” (Really come from nothing / Now we in the hills) es el started from the bottom now we here de Drake. Sus letras son autobiográficas, como también lo es su fútbol: carismático y provocador. Es el cliché hecho realidad que ha crecido en la vida más perra. “Solía viajar en tren, ahora voy en aviones privados / De no tener vacaciones a fiestas en Los Angeles” (Used to travel on the train, I’m now in private planes / From no vacations to parties in LA).

 

Sus letras son autobiográficas, como también lo es su fútbol: carismático y provocador

 

Hay futbolistas que parecen haberse escapado de la NBA. Allí existen otros cánones, se rigen por otras reglas que no son más que la reproducción de la cultura de la inmensidad y lo grotesco de su país. Memphis Depay tiene trazos de Trae Young: el mismo contoneo, el carisma y la pausa de saberse mejor que el rival: “Sé que aman lo que hago / Aún vienen a mi barrio / Sigo siendo imprudente cuando disparo / Siento a mis fans, cómo juego, no fallo, no hay secretos en mis movimientos” (I know they love what I do / Still coming back to my hood / Still being reckless when I shoot / Feel my fans, how I ball, no fault, no secret how I move). Y también tiene el poso de Bnet, fluyendo sobre el escenario, recibiendo golpes hasta matarte con la frase definitiva.

Se puede ser buen jugador de muchas formas. Hay buenos correctos, como Iniesta, hay quienes se creen buenos, como Braithwaite, quienes te lo hacen creer -aquella Eurocopa de Arshavin- y quienes son buenos, lo saben y necesitan que lo sepas. Eso es Memphis, un futbolista de gestos hipnotizantes que te entra por los ojos, domador de espacios reducidos, de tiros con parábolas imposibles y regates irrespetuosos, como tienen que ser las gambetas. “Quieren saber dónde está el león / Estoy en la jungla donde están los leones / Un león joven en el trono de Mufasa” (They wanna know where the lion is / I’m in the jungle where the lions at / Young lion in Mufasa’s seat). Memphis tiene un punto de narcicismo. Por el mastodóntico tatuaje en la espalda, por su forma de sentir y vivir el fútbol, por sus letras. “Estoy en el Mercedes, no tropiezo / Tengo al estadio gritando mi nombre / Y tras el partido me aseguro de que ganemos” (I got Mercedes on me I’m not tripping / I got the stadium screaming my name / And after the game we making sure that we winning).

Memphis es un jugador instintivo y disfrutón, necesita el balón y alardea de lo que puede hacer con él: “Mejor que no intenten hacerme falta / Suelto tiros libres” (They better not tryna tackle me / Freekicks I let of). Terminó el prólogo de su regreso, está de vuelta en la élite más absoluta. Ahora le toca lidiar con Messi, uno de los mayores creadores de palabras. En el trono de Mufasa hay sitio para Memphis.

 


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Fotografía de Imago.