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El fútbol y las lesiones mentales: algo está cambiando para siempre

No es una rotura muscular ni tampoco una fractura. Es una dolencia que no se ve pero que cada vez afecta a más futbolistas

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Este reportaje está extraído del interior del #Panenka145, un número que dedicamos a la salud mental en el fútbol


Parar por culpa de un contratiempo físico forma parte del día a día del fútbol. ¿Pero qué ocurre cuando el percance que obliga a frenar no lo sufre el cuerpo, sino la mente? Lo que en otros deportes se empezó a aceptar hace algunos años, sigue siendo noticia en el fútbol.


 

En diciembre de 2023, Laura Gutiérrez, conocida futbolísticamente como Laurina, dijo basta. Acababa de dejar el Betis y fichar por el Deportivo de La Coruña, un club grande con la ambición de ascender a la Liga F, pero, a los 23 años, veía cómo su carrera se paraba en seco. Ni siquiera sabía si volvería a actuar como profesional, una incertidumbre que no nacía de una fea fractura o una inoportuna rotura de ligamentos. Nada parecido. Su problema estaba en la mente. “Hacía tiempo que algo no iba bien. Pasé un tiempo sin querer verlo, pero me di cuenta de que tenía que afrontarlo, porque la situación era desagradable. Todo lo que tenía que ver con el fútbol suponía pasarlo mal. Eso que tanto disfrutaba, de repente, se había convertido en un suplicio”, explica la centrocampista asturiana a Panenka. La presión, la exigencia, un día a día repleto en el que quería compaginar su trabajo con la continuación de los estudios… “El fútbol no te permite parar: entrenar, viajar, rendir, resultados, expectativas, objetivos… Estaba abrumada, cansada. Entré en un bucle negativo”, confiesa.

Siguen siendo noticia los casos de futbolistas de élite que son baja por problemas de salud mental, aunque ya no son una novedad. Han contribuido a esa normalización ejemplos como el de Andrés Iniesta, quien, ya en el último tramo de su carrera, decidió sincerarse y contar que, mientras pasaba por su mejor momento profesional, sufría una depresión que le llegó a arrebatar incluso “las ganas de vivir”. Cada una de esas palabras, salidas de la boca de referentes como el de Fuentealbilla, son pasos de gigante en un contexto que, hasta no hace demasiado, desconfiaba de los que optaban por cuidar la cabeza. Así lo recuerda el ex del Athletic Club y el Alavés Ibai Gómez, que hizo público que sufrió episodios de ansiedad que acabaron acelerando su retirada de los campos. Le ocurrió en 2016, al final de su primera etapa en San Mamés, marcada también por los percances físicos. “No dormía si sabía que iba a ser titular al día siguiente. Hasta las cinco o las seis de la mañana estaba llorando en la cama. No quería jugar, pero tenía que hacerlo. O eso es lo que sentía en aquel momento”, relata el hoy entrenador en conversación con esta revista. En aquel momento, el cambio de aires, en forma de fichaje por el Alavés, le bastó para recuperar la confianza. Pero no se apoyó en un psicólogo, y eso dejó una ventana abierta a los fantasmas, que seguían ahí cuando volvió al club de su vida, donde el sentido de pertenencia y el peso de la responsabilidad se tornaron en miedo. “Volví a perder la confianza y la ilusión. Pero esta vez fue diferente, porque me puse en manos de profesionales”, recuerda el bilbaíno, que abandonaría el fútbol en 2021, antes de probar suerte en Irán y en el Deportivo de La Coruña, donde corroboró que la vida de futbolista ya no le llenaba. Que tardara tanto en iniciar la terapia es el signo de aquellos años, no tan lejanos en el tiempo pero sí en cuanto a mentalidad. “Era muy difícil acudir a ellos [los psicólogos]. Ahora está dejando de ser un tabú. Pero entonces era algo que parecía hacerte débil”, señala. Y reconoce: “Yo no detectaba que tenía un problema. Lo más difícil, muchas veces, es darte cuenta tú mismo. Entras en esa vorágine y no entiendes que estás pasando, por ejemplo, por un proceso de depresión”.

 

“Yo no detectaba que tenía un problema. Lo más difícil, muchas veces, es darte cuenta tú mismo. Entras en esa vorágine y no entiendes que estás pasando, por ejemplo, por un proceso de depresión”

 

UN PROBLEMA LLAMADO FÚTBOL

Mientras en el balompié español que conoció el Ibai Gómez jugador admitir un problema de salud mental seguía minando la credibilidad y el valor de mercado del futbolista, en Japón, la estadounidense Simone Biles cambiaba de un plumazo la relación entre el deporte y la mente. La gimnasta sintió que, simplemente, no era capaz de cargar con todo el peso del mundo sobre sus hombros. Así que se retiró de la competición antes de la final de gimnasia por equipos de Tokio 2020. Regresaría unos días después (“quería salir, hacerlo por mí”), pero el aviso a navegantes estaba dado. Aunque en su mano estaba la posibilidad de confirmarse como la mejor de todos los tiempos en la especialidad, tomó una decisión que haría saltar por los aires un paradigma aparentemente irrompible desde los albores del profesionalismo y la mercantilización del deporte, el que normalizaba la toxicidad en el alto rendimiento. “Tengo que concentrarme en mi salud mental. Tenemos que proteger nuestras mentes y nuestros cuerpos, y no solo salir y hacer lo que el mundo quiere que hagamos”, declaró en aquel momento. Tres años después, en París 2024, Biles regresó al gran escenario para llevarse tres oros, una plata y cometer algún que otro error técnico que no le nubló la sonrisa. ¿La presión le ayudaba a competir mejor? Qué más da, a fin de cuentas. “Pocas veces en la historia un atleta ha estado bajo un foco mediático tan grande como Simone Biles en Tokio. Cambió muchas percepciones. A nivel histórico, se verá como el momento en el que muchos deportistas asumieron que, aunque seas el mejor del mundo, y estés en el mejor escenario, tienes que parar si lo necesitas”, analiza Roger Castillo, coordinador de la revista polideportiva Fosbury. “Estados Unidos perdió el oro en aquella prueba por la decisión de parar de Biles. Pero recibió el apoyo del equipo, y eso también es clave”, añade. Al estilo de Andrés Iniesta, otros mitos del olimpismo como los nadadores Ian Thorpe o Michael Phelps contaron también que tuvieron que parar su actividad para prestar atención a las señales que mandaba el cerebro, pero la novedad con la norteamericana residía en que su decisión se había producido en plenos Juegos, con todo por ganar, y ante los ojos del planeta.

Otro caso venido de Estados Unidos (un entorno siempre catalizador de cambio), pero con mucho impacto en España, fue el del jugador de baloncesto Ricky Rubio, que en agosto de 2023, mientras se encontraba concentrado con la selección española antes del Mundial, anunció que paraba su actividad y decía adiós a la NBA para atender su salud mental. “Ricky Rubio tuvo dos situaciones de este tipo. Cuando perdió a su madre, en 2016, no llegó a verbalizar todo lo que le ocurrió, lo sufrió en silencio y lo acabó digiriendo como pudo; años después, cuando le llegó un nuevo momento de crisis, ya había cambiado tanto el panorama que sí que fue capaz de darle visibilidad. Es una forma de explicar cómo ha cambiado todo en estos años”, opina el director de la revista Gigantes del Basket, David Sardinero, que considera que el impulso de la NBA en términos de concienciación y sensibilización con relación a la salud mental, “desde que el jugador de los Cleveland Cavaliers Kevin Love se sinceró al respecto en 2018”, había allanado el camino hasta, a través del testimonio de Ricky, cambiar mentalidades en nuestro país…

 

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