Pasaportes

Y de repente, Valverde

Una zancada elegante y algo atropellada.

Una contradicción cegadora.

Federico Valverde (Montevideo, 1998) es un hombre antiguo que corre como si se le estuviera escapando el bus pero no quisiera que le saltara el sombrero de la cabeza. Apurado pero distinguido. Justito, aunque sobrado. La marca de un jugador singular, emperrado en demostrar que no perder el estilo cuando ya no tiene sentido conservarlo es, en sí mismo, un estilo.

Y con 21 años cumplidos este verano.

Cuenta David Álvarez en las páginas de El País que de chico, en las categorías inferiores de Peñarol, tuvieron que sentarle porque no trabajaba para el equipo. Su técnico era José Perdomo, mito del club. “Mirá, si querés jugar a nivel mundial, tenés que marcar [defender] y jugar, las dos cosas”, le dijo. Y no obedeció. Valverde solo atendía al balón si podía manejarlo. Así que lo castigaron. 

Ese tirón de orejas levantó un escalón más en la formación de esta criatura rara, anacrónica, que hoy, qué cosas, se ha ganado un sitio en una de las plantillas más exclusivas del mundo gracias a su condición de gregario. A su modestia infinita. No hay nada previsible, ni casual, en la todavía corta carrera de Valverde, al que Zidane empieza a mirar como a todos nos gustaría que nos miraran nuestros padres: con aplomo y seguridad.

Centrocampista. Esbelto. Diestro. Uruguayo, algo que no dice nada y sin embargo lo explica todo. El ‘Pajarito’, como insisten en llamarle aquellos que aún no son conscientes del alcance de su vuelo, tiene suficiente carácter para sostener el peso de su descomunal talento.

 

Centrocampista. Esbelto. Diestro. Uruguayo, algo que no dice nada y sin embargo lo explica todo

 

Hay una estirpe de futbolistas extraños, casi irreales, que juegan desde el primer día como si en realidad ya estuvieran acercándose al último. Conocen cada palmo del campo, no dudan, sortean con agilidad cualquier apuro, la presión del contrario o el ruido de la grada apenas los inquietan. Llevan toda su vida solucionando problemas, como Harvey Keitel; están acostumbrados a la exigencia, a la desdicha, al fuego cruzado; solo que la verdad es que no, justo están comenzando, no han tenido tiempo de aclimatarse, y la salvaje naturalidad con la que afrontan su cometido solo puede proceder del fondo de su misterioso ser.

Uno ya no espera gran cosa del fútbol, cansado de que cada temporada sea igual de previsible que la anterior, con un campeón y decenas de fracasados tiritando de frío a su espalda. Por eso se agradecen hallazgos como el de Valverde.

Todos esperaban a Hazard. Todos esperaban a Jovic. Todos esperaban, otra vez, a Vinicius. Pero nadie esperaba a Federico Valverde. Y de repente, aquí está. Corriendo elegante y atropelladamente.

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Marcel Beltran

Ver comentarios

  • Es uruguayo pero no es como el vampiro uruguayo. Este es un caballero en el campo.

  • Me imagino el mediocampo de Uruguay en el mundial 2022. Nández-Valverde-Bentancur-De Arrascaeta. Una hermosura.

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