El ’10’ de la Real Sociedad lo dejó sin hacer mucho ruido en 2018, si por él fuera no habría ruedas de prensa ni homenajes. “Bueno, que tras más 500 partidos y 15 años en la Real he decidido colgar las botas. Un saludo”. Así es como imagino que serían las palabras de Xabi Prieto si de él dependiera. Asombra ver la diferencia que existe entre ese carácter reservado, de alguien que no quiere llamar la atención, con un futbolista que sobre el césped se atrevió con todo tipo de recursos técnicos. Tendemos a definir a los futbolistas vascos como tipos con mucha garra, entrega y exentos de calidad técnica, pero esto último no es tan cierto como parece. Ya fuera pegado en la banda o jugando más por el centro, Prieto siempre tenía un recurso técnico preparado por si el rival apretaba, le encantaba que los defensas estuvieran encima porque ahí era cuando daba rienda suelta a su imaginario.
La vida de los futbolistas es bastante más sencilla de lo que creemos, desde fuera el prisma tiende a ser muy distinto. A veces es tan simple como que hay jugadores, más de los que creemos, que por mucho dinero que les pongan en la mesa, tan solo desean sentirse cómodos en su entorno. Si de ellos dependiera, se quedarían en su casa jugando para el equipo de su ciudad, pero muy pocos pueden tener esa suerte. El éxito no se mide únicamente en títulos, para muchos el título más importante es llevar el escudo de casa y jugar para sus familiares, amigos y vecinos. “Simplemente estoy en casa y en el club con el que soñé jugar desde pequeño. Soy feliz aquí. ¿Para qué me voy a marchar si aquí lo tengo todo?”, señalaba Xabi Prieto. Evidentemente le llovieron ofertas, pero el donostiarra jamás se vio con otra camiseta que no fuera la de la Real. A veces da la impresión que para muchos el éxito deportivo tan solo va relacionado con jugar para los mejores clubes del planeta, sin darse cuenta que hay diferentes tipos de gloria.
Estamos ante una de esas historias que nos acercan a un fútbol del pasado, a ese en el que el jugador de casa podía comenzar y terminar su carrera con el mismo escudo grabado en el pecho. Una de esas carreras que muchos sueñan con tener y que un privilegiado como Xabi Prieto ha realizado. Eskerrik asko, Xabi.
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