Pasaportes

Volando a ritmo de Adama Traoré

Adama Traoré tiene la velocidad por castigo, habla el idioma del vértigo. En plena sociedad enferma de las prisas y la inmediatez podríamos considerarlo todo un virtuoso, pues sus piernas se mueven a una rapidez que su mente no alcanza. La diferencia es que Traoré es consciente de que el vértigo puede terminar en nada, en puros fuegos artificiales. Así pues, trabaja en incorporar la pausa a su repertorio. No sabéis lo complicado que debe ser frenar y volver al ritmo de los humanos cuando alcanzas semejante velocidad, pero no le queda otra. Tras desconocer los límites a los que le llevan sus musculosas piernas, ahora pretende pedirle un descanso al tiempo y frenar las agujas del reloj. Lejos queda aquel Traoré que debutó siendo un adolescente sustituyendo a Neymar en el Camp Nou. Ese futbolista hace tiempo que murió, ha hecho la mili en el fútbol británico y se ha peleado contra sí mismo para buscar la mayor eficiencia posible.

Recuerdo a Odonkor, cómo no hacerlo, derrochaba carisma el cabrón. Futbolistas rápidos los ha habido unos cuantos y la mayoría han terminado tropezando contra su propia celeridad, se han mostrado torpes ya que en muchos casos lo fiaban todo a esa única carta: ‘atrápame si puedes’. El ejercicio de sinceridad no es sencillo, el asumir que con correr más que el resto no te basta, y que también se debe comprender el juego. No retar solamente al cronómetro, también hacerlo a los límites de cada uno. “Siempre he sido rápido, pero reconozco que necesito mejorar en el último tercio del campo”, afirmaba Traoré en una entrevista a The Guardian. Detectado el problema se ha puesto en ello y de qué manera, pocos jugadores se muestran en la actualidad tan diferenciales como él. Poco a poco va abandonado la soledad de la banda y busca compañía en sus internadas por el centro.

Lo fácil era nadar dando círculos, engañar a cualquier club de Turquía y ser fruto del típico highlight que da la vuelta al planeta. Lo jodido es mirarse al espejo y asumir el cambio. De Traoré no solo envidio esos bíceps a prueba de balas, si no cómo se está reciclando siendo tan joven y teniendo aún esa punta de velocidad. El paso que ahora está dando, añadiendo cartas a su manga, era lo lógico pasando la treintena cuando el cansancio físico ya llama a la puerta y no en su plenitud. En la Premier es el jugador de moda y no es para menos, choca contra todo y frente a todos saliendo victorioso en la mayoría de duelos. Su fútbol es ese ariete golpeando la puerta de la fortaleza enemiga, insistente y letal. De una manera u otra, por lo civil o por lo criminal, termina encontrando el hueco con el que destrozar la defensa rival. Me gustaría hacer el mismo ejercicio que Adama, asumir que bajar el ritmo es sinónimo de mejoría pero se vive tan bien en el frenesí que lo dejaré para mañana. O quizá no.

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Iñaki Lorda

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