Tuilla (Asturias) no es Nueva York, ni falta que le hace serlo, pero las patadas al balón que empezó dando en su tierra David Villa ahora continúan en la capital del mundo. Para muchos irse a la MLS significa ganar bastante dinero y además hacerlo en los Estados Unidos, el aspecto deportivo queda al margen. El sueño americano. Si bien es cierto que esta dinámica con el paso de los años está cambiando, desde Europa se ve la liga de fútbol americana como un simple cementerio de elefantes. Un tipo como Villa ya no necesita dinero, respeto, ni títulos. Lo ha ganado absolutamente todo pero para él la MLS no es un periodo vacacional. Ha ganado ligas, diversas copas, un Mundial, una Eurocopa, y ha sido pieza clave para todos sus equipos. ¿Y qué necesidad posee Villa de seguir manteniendo el nivel?
Años atrás otro campeón de todo que también había pasado por el FC Barcelona recaló en la MLS. Villa y Henry se parecen, aunque el físico del francés no llegó a América en las mismas condiciones que las del asturiano. Henry no aterrizó en Nueva York para dejarse llevar, el catorce trató hasta el último aliento en conseguir el título con NY Red Bulls. Allí se agotaron sus pilas, las piernas del francés dijeron basta. A Villa le ocurre lo mismo que a Henry, incluso en la típica pachanga con amigos le salta la vena competitiva, pelea cualquier balón por mucho que sea agosto y la piscina llame su atención. Han sido, y son, auténticos ganadores, los cuales se dejaban la piel en la MLS no para agradar a un público que todavía se familiariza con el fútbol, sino por ellos mismos, porque es su forma de venerar al balón. ¿Cómo no iba a pelar cada balón un campeón del mundo y de Europa? Gente así, como Villa, Henry o Giovinco, están haciendo que la MLS se convierta cada vez en más competitiva y envían un mensaje al resto de jugadores europeos: allí uno acude a ganar, aunque si lo desea podrá arrastrarse desde Orlando hasta Los Ángeles.
La mística de Villa es tal que todavía entra en las convocatorias como delantero de la selección española. Ya tiene 35 años, camino de los 36, y su nombre puede continuar apareciendo junto a los Morata, Diego Costa o Alcácer. Una cosa está clara, aunque compita en una liga de menor exigencia física, está haciendo una cantidad de goles importante como para plantarles cara a los demás delanteros. Pero no solo hay que mirar las cifras, Villa no vive dentro del área y tan solo se dedica a empujar el balón. El asturiano mantiene una gran frescura física, lejos queda aquella grave lesión que sufrió en el Mundial de Clubes con el Barcelona. El club catalán no confió en su recuperación y Villa les robó una Liga con el Atlético de Madrid. Porque así es el guaje, uno no le puede dejar ni cinco centímetros de ventaja. Esa lección no la deberán olvidar sus vecinos, los defensas del NY Red Bulls todavía están buscando sus caderas. Tres goles para hacer su primer hat-trick desde que llegara a USA en 2015, una demostración más de que el talento no envejece.
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