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Una Segunda ante la lógica

Hace un año Axel Torres hacía la siguiente reflexión: “en una categoría tan igualada en lo futbolístico como la Segunda, tienen mucha ventaja los clubes sin urgencias históricas”. Es una reflexión tan cierta como cruel. Es una categoría que huele la sangre y cuanto mayor sea el nerviosismo peor será el castigo. En la Segunda División no existen privilegios para los grandes clubes, allí los reyes no tienen corona. No se sube de categoría por nombre, títulos o masa social. Su fútbol es indescifrable, el colista puede vencer en casa del líder y el decimoquinto clasificado posee opciones intactas de ascenso hasta casi la penúltima jornada. La diversión de lo aleatorio. Como en cualquier torneo, hay clubes con mayor poderío económico que parten con cierta ventaja de cara a sus aspiraciones de salir del infierno, pero esa pequeña superioridad no asegura nada.

Teniendo en cuenta la clasificación histórica de Primera División, hay siete equipos entre los veinte primeros que no están en la máxima categoría del fútbol español: Zaragoza (9º), Valladolid (13º), Racing (14), Sporting (15), Osasuna (16), Oviedo (17) y Mallorca (18). Incluso más de uno está, o ha estado hace relativamente poco, en Segunda B. ¿Qué tienen en común todos ellos? En líneas generales una mala gestión económica, exceso de prisa por ascender, gran peso histórico y una masa social importante. En esto último se han intentado agarrar en los días de invierno, en las noches donde tan solo estaban ellos bufanda en mano ante un club desolado. Ahí es donde nace el amor por unos colores y su comunidad, romance efímero que desaparece en cuanto los intereses económicos lo nublan todo.

Este tipo de clubes nada más descender de categoría tienen una enorme prisa por volver a ascender, realizan buenos refuerzos y se postulan como máximos favoritos. No existe una fórmula científica que asegure el éxito, y todavía menos en Segunda. Suele ser frecuente que la primera temporada sea muy triste, incluso estén más cerca de Segunda B que de Primera. Evidentemente hay excepciones, como la del Levante esta misma temporada o el Villarreal hace unas cuantas. El ascenso muchas veces llega de casualidad, sin haberlo planeado antes, ahí están los casos de Sporting, Osasuna, Leganés o Eibar. Quizá esa sea la única clave, soñar con subir en lugar de verlo como una obligación. Que se lo pregunten al Girona… Si bien es cierto que muchas veces la responsabilidad es mayor cuando los clubes necesitan dinero y la única forma de lograrlo es huyendo de Segunda. Ahí entramos ya en unas urgencias insanas.

El Infierno de Dante llega a su fin, tan solo quedan cuatro supervivientes: el gran aspirante (Getafe), el que quiere encadenar dos ascensos seguidos (Cádiz), el que sueña con su primera vez (Huesca) y los que llevan muchos años en Segunda (Tenerife). Adiós a la lógica, subirá quien menos lo esperemos.

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Iñaki Lorda

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Iñaki Lorda

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