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Todos queremos una madre como la de Leigh Walker

Es bueno tener metas en la vida. No hace falta que te lo diga un libro, una canción o tu expareja. Eso lo puedes saber por ti mismo, que al final nos lo tienen que contar todo, y así nos va. Mi abuelo siempre soñó con comprarse una cadenita de oro con un cristo. No es creyente, pero sí un dandi. Y no paró de trabajar hasta que tuvo a su mesías colgado del cuello. Lo importante no es tanto qué quieres como querer algo, y activar tus energías para conquistarlo. Un coche, un hijo, un lápiz, un crucifijo. Qué más da. Hay que moverse. Fijar un objetivo y moverse.

Leigh Walker, portero del Scarborough de la quinta división inglesa, quería la camiseta de Carlo Cudicini, guardameta suplente del Chelsea. Cero comentarios al respecto. Ya hemos visto que aquí cada uno tiene sus historias, y hay que respetarlas. Lo cierto es que Walker trabajó lo suyo para conseguir la prenda mencionada y, después de caer en casa contra los ‘Blues‘ en un partido de copa de 2004, venció a la timidez y se acercó a su adversario. El destino premió su atrevimiento. Cudicini no solo accedió a intercambiarse con él las zamarras, sino que, ya en el vestuario, tuvo el detalle de escribirle una breve dedicatoria en la tela: “Para Leigh, mis mejores deseos para esta temporada”. El modesto arquero, ese día, abandonó feliz su estadio.

Al llegar a casa le dijo a su madre que quería enmarcarla. Qué menos. Ella estuvo de acuerdo, pero como la camiseta estaba cubierta de barro, en un arrebato muy de madre, decidió que antes de buscarle un sitio en la pared la lavaría. Y cuando Walker fue a buscarla entre la ropa tendida… Adivinen lo que había pasado. La tinta no había sobrevivido a la lavadora. “¡Pero, mamá…!”. Demasiado tarde.

Este episodio podría haber terminado así, con una ilusión rota, otra más, pero resulta que aún se reservaba un último giro para el final, cuando la causante de todo ese asunto, una mujer definitivamente extraordinaria, acudió a la prensa para contar lo sucedido y anunció que se proponía ponerse en contacto con Cudicini para pedirle una nueva dedicatoria para su hijo. Es bueno tener metas en la vida, sí. Pero es mejor tener una madre como la de Leigh Walker.

 


Este artículo está extraído del interior del #Panenka78, un número que sigue disponible aquí.


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Fotografía de Getty Images.

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Marcel Beltran

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