Primero agachó la cabeza avergonzado, era el culpable de ese gol en contra. Luego sonrió pícaro. Un hat-trick no se marcaba todos los días, y un error en el último tramo del partido no podía eclipsar la gran actuación de esa noche, una noche especial para él. La grada del BayArena acabó en pie coreando su nombre, ese nombre que tan bien conocía la afición desplazada del Hamburgo. A Heung-Min Son lo habían formado ellos, y acababa de endosarles tres goles en su reencuentro. Por si fuera poco, acabó brindando otra asistencia en un partido que acabó 5-3 para los de Sami Hyppiä.
Aquella cita fue una buena ocasión para recordar que el joven dejó Corea del Sur con solo 16 años para pasar a formar parte de la cantera del Hamburgo. Entonces, Son ya era una promesa. Contaba con unas cualidades que, sumadas a la formación que recibiría en la cantera germana, pronto le hicieron estar preparado para dar el salto a la máxima categoría. Desequilibrio, agilidad, velocidad y definición. Nada de esto pasó desapercibido por el Leverkusen, que este verano desembolsó por él 10 millones de euros. A estas alturas de la temporada y con actuaciones como las que viene realizando en el último mes de competición, ha hecho toda una declaración de intenciones. Está dispuesto a conquistar la Bundesliga, como mínimo a ser una de sus revelaciones.
Empezó con buen pie, catalogándose como el fichaje más caro de la historia del Bayer Leverkusen, pero las primeras voces dubitativas acerca del veloz extremo no tardaron en hacerse escuchar. Desde que anotó la noche de su estreno ante el Friburgo, un solo gol en once jornadas ponían al surcoreano en entredicho. Hasta que llegó el partido contra el Hamburgo, que destapó la mejor versión de Son. La que nos deja seis goles en las últimas cinco semanas.
Los de Sami Hyppiä contaban anoche con el plus de motivación que conlleva ganar o morir. Además de la obligación de constatar a ojos internacionales que el mazazo del United – precisamente el equipo que acabó echándoles un cable – fue solo un tropiezo de uno de los equipos más en forma de la Bundesliga. En el minuto 50 llegó el gol en Anoeta, obra del turco-germano Toprak, pero no sería hasta el 67 que arribarían buenas noticias desde Old Trafford. Son y sus compañeros respiraban aliviados lo que restaba de partido, en una noche en que el fútbol recompensó el trabajo germano con la misma fuerza que hirió el orgullo de la Real, que se despidió de la Champions con tan solo un gol a favor y un punto en la clasificación.
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