“La manera de pensar que tenemos cada uno se transmite al fútbol. En la vida no me gusta esperar, por eso sobre el césped soy así”, Maurizio Sarri no puede ser más rotundo en sus ideales. Acude a San Paolo con su chándal de gala, las gafas impolutas y varios filtros de cigarrillo que pasará por sus labios durante los 90 minutos que dure el partido. Esto ya no es lo que era, los entrenadores a los que les comen los nervios no pueden fumar desde la banda. Aunque Sarri, a veces, ha tenido algún que otro truco. Durante las tres temporadas que estuvo en el Empoli solía fumar en los encuentros como local. ¿Cómo se lo montaba? Es fácil, se acercaba a las gradas del Estadio Carlo Castellani y desde allí algún aficionado le acercaba un cigarrillo. Tan solo eran un par de caladas, suficiente para un fumador empedernido como él. Sarri no cumple los estereotipos del clásico entrenador. Es minucioso como pocos, adora su trabajo por encima de cualquier cosa, es políticamente incorrecto, muy supersticioso y amante de la literatura. En una entrevista reconoció que al defensa Lorenzo Tonelli le había recomendado la biografía de Djokovic, para que así entendiera el cuidado de los pequeños detalles como la dieta.
No hay una sola categoría del fútbol italiano que no haya visto a Sarri por sus banquillos, desde regional, tercera, Serie B y hasta la Serie A. En todos los clubes por los que ha pasado ha trabajado de sol a sol, su dedicación roza el límite de la obsesión. Para el técnico “fatiga es levantarse a las seis para ir a la fábrica” y no preparar numerosas jugadas tácticas a balón parado. Antonio Conte comenzó su carrera como entrenador en el modesto Arezzo en segunda división, tras sus malos resultados fue cesado y Sarri ocupó su vacante. Aquí llegaría la primera de sus gestas deportivas, llevó al club de la Toscana hasta los cuartos de la Coppa Italia. Continuó por clubes modestos hasta que llegó al Empoli. De nuevo la Toscana se cruzaba en su camino. En esta ocasión, ascendió hasta la Serie A al Empoli y además logró mantenerlo en la máxima categoría del fútbol italiano. Es entonces cuando De Laurentiis no dudó, llamó a Sarri y lo convenció para fuera el técnico del Nápoles tras la salida de Rafa Benítez rumbo a Madrid. No creo que le fuera difícil persuadir al exbanquero, ya que desde crío era aficionado del Nápoles.
Le espera una temporada interesante, se medirá a Guardiola en la Champions y a la Juve en el Calcio. ¿Cómo le van a asustar estos retos a un tipo que lo dejó todo por ser entrenador?
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