Pasaportes

Recuerdos en negro y oro

Esta camiseta del Liverpool no tiene ninguna historia. Nunca ha pisado un terreno de juego. Nunca ha quedado empapada de sudor después de 90 minutos. Nunca ha celebrado un gol. Ni lo ha hecho ni entra en las previsiones de nadie que se dé en un futuro. No está hecha para esto. Su función no es entrar en el juego, en el césped, en el relato, sino dejar dos pinceladas de ellos, de lo que fueron. Como el epitafio de una sepultura, como los créditos de un largometraje o como el texto de la tapa trasera de un libro.

Negra. Misteriosa, rebelde; simbolizando el inconformismo de unos chicos hastiados de ver a un club grande, gigantesco, el suyo, vagando por el espacio sin opciones a revalidar triunfos pasados. Elegante y sensual, un poco de ambas, por qué no. El retrato perfecto de un fútbol cartografiado por una mente alemana y proyectado sobre el verde, a una velocidad supersónica, sumamente seria y atractiva, por hombres vestidos de rojo. Enigmática, indescifrable, oscura, porque nadie supo detectar cómo cortocircuitar las vías por las que veintitantos jóvenes venidos del noroeste inglés peregrinaban hacia la gloria. Y con un poco de heavy metal, claro está. Ni serenidad ni dulzura. Excitación, potencia y electricidad fluyendo por las venas.

Dorada. Brillante, perfecta; como el rey de los metales. Representando, pues, que entre los más preciados del viejo continente fue el Liverpool el que acabó sentado en el trono. En señal de belleza y pureza, a partes iguales, los toques áureos se dejan caer por la vestimenta. El guiño justo a un fútbol con la cara descubierta, pecho al aire y exento de caretas. Indestructible e inmortal, porque ningún equipo, absolutamente ninguno, fue capaz de derrumbar a una plantilla que quedará, para siempre, grabada entre los más bellos recuerdos de una afición que nunca les dejó caminar solos. Y si también dicen que el oro representa la felicidad eterna es porque, hoy, en el fútbol, quizá no haya nada más perenne e imborrable que la sonrisa del entrenador campeón de la Champions League.

Esta camiseta del Liverpool no tiene ninguna historia. Pero es, sin embargo, la mirada retrospectiva a una incontestable hegemonía de finales de los años 70 y de principios de los 80, con la consecución de las primeras cuatro ‘Orejonas’ para el club. Es Bob Paisley y es Joe Fagan. Es la resiliencia de una memorable noche de 2005 en Estambul. Es Rafa Benítez. Es el vértigo infatigable, el carácter indomable y la insumisión de 2019. Es Jürgen Klopp. Y es, sobre todo, una camiseta que resume la brillante y brutal historia del Liverpool por Europa.

 


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Jorge Giner

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