Sobre los científicos, comentó Jacques Cousteau que eran “hombres curiosos”, tipos que “miran a través del ojo de una cerradura, la cerradura de la naturaleza, tratando de saber qué es lo que sucede”. Y quizá Alex Ferguson no domine ninguna ciencia como la del fútbol, la más aleatoria del planeta probablemente, pero en su curiosidad por saber qué se escondía detrás de las derrotas que acumulaba su United cuando debía sacar del perchero la segunda equipación de la 1995-96, encontró la respuesta en una especialista de la vista de la Universidad de Liverpool que, además, trabajó para el United durante dos décadas.

Mediados los 90, la marca deportiva que vestía a los ‘Red Devils‘, Umbro, cambió el elegante negro acompañado de detalles amarillos por una camiseta extraña, parcheada, casi ininteligible. Desde la boca del estómago hasta el cuello y las mangas, aquel estampado parecía robado de la sastrería de un hombre setentón que disfruta del retiro vistiendo cada mañana de verano sus pantalones de toda la vida. Y a partir de la zona abdominal, un pequeño ‘homenaje’ a Vito Corleone, a su séquito y a aquellos trajes de mil rayas típicos de los 40 y los 50. En definitiva, un mejunje de colores, estampados y retoques que nunca cayeron de pie en Old Trafford.

 

Aquella camiseta del Manchester United ocultaba un secreto científico: los jugadores eran incapaces de verse entre sí en el campo

 

Pero más allá del gusto estilístico de los mancunianos, debatible, como todo, los problemas de aquella equipación llegaron cuando arrancó el curso. Primer partido de liga, camiseta gris, derrota en el Villa Park. Jornada 12, visita a Highbury y derrota. Iban de gris. Tres partidos después, volvió el gris y solo lograron llevarse un punto del City Ground. En el penúltimo encuentro de la primera vuelta viajaron a Anfield. ¿Qué pasó? Derrota por 2-0. Iban de gris, claro. Y no se la pusieron de nuevo hasta que el calendario los llevó a The Dell, a falta de pocos partidos para concluir la Premier League.

Con el Southampton de Matt Le Tissier vistiendo su habitual rojo y blanco, el United tuvo que regresar al gris. Y los primeros 45 minutos fueron catastróficos: 3-0, reflejaba el luminoso al descanso. Al bajar a los vestuarios, Ferguson lo tuvo claro. “¡Quitaos esas camisetas, os las cambiáis!”, gritó a sus futbolistas. Y de regreso al césped desapareció para siempre el gris, porque saltaron al campo con el tercer uniforme, a rayas azules y blancas. En la segunda parte solo hubo un gol, y fue del United. Se puso el punto final a un color que ocultaba un secreto científico que Gail Stephenson, la especialista de la vista, le descubrió a Ferguson: los jugadores eran incapaces de verse entre sí en el campo.

 


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Fotografía de Getty Images.

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Jorge Giner

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