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La hinchada que fichó a su héroe

En 1980 Peñarol veía como su eterno rival, Nacional, mandaba, no solo en Uruguay, sino en todo el continente americano. Necesitaban un golpe de efecto: traer de vuelta a su estrella, Fernando Morena, que en aquel momento jugaba en el Valencia. El único inconveniente era que el club no podía pagarlo, así que fueron los aficionados los que, con gusto, se rascaron el bolsillo.


“Uruguay es fútbol y política”, zanjó una amistad charrúa durante una guerrera noche montevideana. Y aunque albergamos dudas sobre la parte de la política, pronto quedó claro que no se equivocaba respecto al deporte rey.

Si el lector tiene la fortuna de pasear por la principal arteria de Montevideo descubrirá con asombro que la mitad de la gente viste, aunque no haya partido, con una remera o un chándal de Peñarol o Nacional, los dos grandes clubes del país. Incluso van al trabajo con ese atuendo. Y los días que juega la selección, impresiona ver las gradas del histórico Estadio Centenario, sede de la final del primer Mundial, pobladas de gente tres horas antes de que comience el partido. La importancia del fútbol en la sociedad uruguaya se puede demostrar a través de muchos ejemplos, pero uno de los mejores es la vuelta del delantero Fernando Morena a Peñarol en 1981.

Regresa el ‘Potrillo’

“Fue muy agradable para todos los que hicieron posible mi regreso, para mí y para mis compañeros. Fue algo maravilloso en todos los sentidos”. Fernando ‘El Potrillo’ Morena, uno de los mayores iconos de Peñarol, nos atiende para hablar de aquel mágico episodio.

Es 1981 y Morena disputa su segunda temporada en España, ahora en el Valencia, tras su paso por el Rayo. Tras un año espectacular de Nacional, su máximo rival, Peñarol, se plantea traer de regreso al delantero uruguayo. Aunque si alguien piensa que el ‘Nando’ regresó al conjunto carbonero mediante la clásica operación entre clubes, es que no conoce Uruguay y, sobre todo, no conoce a Peñarol.

“En 1980 Nacional lo ganó todo [Libertadores e Intercontinental incluidas]. Peñarol, para contrarrestar, empezó la campaña ‘A Morena lo traemos todos”, explica el periodista charrúa Mauricio Arbilla. “Había que pagarlo con un millón de dólares y Peñarol no tenía un mango. Entonces empezaron a recolectar”. La movilización de los aficionados para que Morena volviera fue abrumadora. “Fue una campaña nunca vista acá. Yo puse 100 dólares”, recuerda Arbilla, que tenía 14 años. Lo recaudado se añadió a lo que puso el club. “La masa estaba enloquecida. El día que pedí el pase, cuando fui a la AUF [Asociación Uruguaya de Fútbol], todo el mundo me quería dar un lápiz para firmar, era una locura”, recuerda el goleador. Se dice que a su llegada a la sede de la AUF desde el aeropuerto se tuvo que cortar el tráfico, pues la comitiva que le seguía desde que bajó del avión era enorme. Morena recibía el trato de un rey o de un papa, pero con más orgullo: estaba allí porque los seguidores de Peñarol, muchos sin grandes recursos, habían hecho un esfuerzo para cumplir la utopía de verle de nuevo como carbonero.

El amor a ‘el Nando’

¿Por qué recibió Morena tanto cariño? ¿Cómo es que la gente puso parte de su sueldo para traerlo de vuelta? La primera etapa del ‘Potrillo’ con la elástica negra y amarilla se prolongó desde 1973 a 1979 y la cantidad escandalosa de goles que hizo fue vital para que Peñarol obtuviera cinco ligas en esas siete primeras temporadas. Tal era su ascendiente en la grada, que muchos aficionados acudían a la cancha, no por Peñarol, sino para ver marcar a Morena. En un partido en el que perforó siete veces la portería rival -y falló un penalti- el diario La Mañana tituló: “Y al séptimo descansó”.

Su regreso, después de ganar -con gol incluido- una Supercopa de Europa con el Valencia, fue un éxito rotundo para Peñarol, que se llevaría dos ligas uruguayas, una Libertadores y una Intercontinental, sin duda fundamentales para que la IFFHS (Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol) nombrara en 2009 a Peñarol el mejor club sudamericano del siglo XX. Todavía hoy es el máximo artillero de la historia de la liga uruguaya, y de Peñarol, en sus 126 años de historia. Además de ser el segundo en la tabla histórica de goleadores de la Copa Libertadores.

En Montevideo todavía recuerdan los versos del famoso jingle publicitario que ponía música a la ocasión en la que la hinchada mirasol se elevó, tal vez para siempre, sobre el resto de aficiones del mundo, y cuya primera estrofa dice: “A Morena lo traemos todos / porque todos somos Peñarol. / Una hinchada que se juega entera / por Morena el gran goleador”.

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Guillem Hidalgo

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