Mi primer jaque mate fue un baño de realidad. Un mal movimiento, un despiste, una elección errónea y tu imperio se convierte en polvo. Lo presencié por primera vez en la casa de verano de la abuela. Mi primo mayor, el de Zumosol, con las blancas. Yo, con las negras. Empieza el juego. Peón. La clásica salida de amateur, supongo. Alfil. Quiere meter miedo. Reina. Dónde va con la reina. Jaque mate. Mi rey cae desplomado. Mi reino, el de la infancia, descubre la inocencia por culpa de un tablero de 64 casillas alternadas entre el blanco y el negro.

La historia cuenta que ese tablero llegó a tierras europeas a través del imperio bizantino. 100 años después, en pleno siglo IX, lo introducían los árabes en España. Como en la Edad Media, el ajedrez va de reyes y reinas, de castillos y torres, de caballeros y caballos, de oficiales y alfiles, de soldados y peones; de guerras, de batallas, de sangre, de lucha por el poder de unas tierras. Un juego como símbolo de tiempos pretéritos. Tiempos donde las fronteras fluían como el agua por los ríos, donde las historias quedaban difuminadas, donde, quizá, pasaron cosas que nunca nos contaron o no pasó nada de lo que siempre nos contaron.

 

En pleno desmembramiento de Yugoslavia, al diseñador Miroslav Šutej se le encargó que trazara los símbolos de Croacia; la bandera, el escudo de armas y, por supuesto, la camiseta de la selección pasaron por sus manos

 

Los ecos de las voces del pasado dicen que dos siglos después de que dos personas europeas se sentaran por primera vez frente a frente, con un tablero en medio, en una lucha ficticia por unas tierras, el rey croata Stjepan Drzislav retó a un veneciano a una partida de ajedrez. La clase social del de la ciudad de los canales baila según quién lo cuente. Podía ser un carcelero o un príncipe. Aunque suele imponerse la versión del príncipe. Y lo que estaba en juego tampoco está muy claro. Quizá era hasta la libertad de Croacia, quién sabe. El punto en común siempre es el mismo: el monarca balcánico tumbó a su rival y el suelo por donde deslizaban las piezas de ajedrez pasó a ser símbolo de los croatas. Fue en 1499 cuando apareció el primer šahovnica (tablero de ajedrez) representando al país. Dos décadas después, se utilizó como sello real. Y en pleno desmembramiento de Yugoslavia, al diseñador Miroslav Šutej se le encargó que trazara los símbolos del nuevo país; la bandera, el escudo de armas y, por supuesto, la camiseta de la selección pasaron por sus manos, que resaltaron los cuadrados blancos y rojos alternados en cada emblema nacional de Croacia.

Hay otra teoría de cómo llegó el escaque a la vida croata. Va sobre unos escudos ajedrezados pertenecientes a sus primeras tribus, encontrados en Irán, de donde se supone que provienen los antepasados de este pueblo. Pero entonces no tendría sentido contar cómo descubrí el jaque mate. Así que me enroco y protejo la primera historia.

 


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Fotografía de Getty Images.

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Jorge Giner

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