Uno se hace una idea exacta de lo que fue Gonzalo Higuaín como delantero cuando le dicen que el gol más famoso de su carrera no subió al marcador. Final del Mundial 2014. Maracaná. Minuto 29. El ‘Pipita’ empuja a la red un centro de Lavezzi y pierde el control. Grita como un loco, se señala el pecho —el gestito, por si acaso; genio—, abre los brazos, corre hasta salirse del campo. Es una escena memorable, sobre todo porque desde el primer momento el linier ya ha levantado el banderín y el narrador de la tele argentina ha apagado el fuego: “Offside, offside, offside. Está cobrando offside”. El damnificado, sin embargo, sigue a lo suyo. Cuando se da cuenta de que le han anulado el tanto, sus compañeros han dejado de protestar. Han pasado el verano, el otoño y el invierno, y ya se descorcha la primavera. Todos hemos sido Higuaín alguna vez, porque a todos nos han frustrado una alegría después de celebrarla, más allá del tiempo reglamentario. Lo peor, en estos casos, no es la abrupta decepción. Lo peor es que esa sensación que se derrama después de una felicidad inútil no nos sabe a nueva. “Hemos visto caer a padres, hermanos y amigos en las pequeñas y miserables batallas del día a día y nos hemos dado cuenta, poco a poco, que perder es el estado natural del hombre, que aquel que no ceja de cosechar triunfos no es uno de los nuestros”, escribió Galder Reguera en Hijos del fútbol. La derrota une, en la derrota nos reconocemos, porque más allá del café, la boloñesa, las pelis de Villeneuve y algún que otro atardecer en la costa, no hay mucho más que derrotas, una puesta encima de la otra. Por eso admirábamos a Benzema pero queríamos a Higuaín. Porque uno suponía el cosmos, lo inalcanzable, mientras que el otro arrastraba unos aires de mundanidad que lo hacían peor jugador pero un ídolo más portable. El fútbol del argentino era seco, rudo, llano. Nada poético. Ligeramente accidentado. Hacía pensar en Juan Rulfo cuando se servía en una página de un lenguaje deliberadamente austero para recrear la pobreza del campo mexicano. Higuaín se retira sin haberse inventado un regate. Tiró pocos caños, no controlaba la pelota con la espuela, apenas probó el autopase. Rey de lo rudimentario, acumuló memes, sí, pero también números a la altura de los más grandes. Pasado el tiempo, queda esa celebración suicida en Brasil. Queda ese tufo a mal fario que persigue a los nueves que fallan goles cantados. Y queda, sobre todo, la empatía. Porque todos hemos sido alguna vez ese ciego que deambula risueño por la vida, como si no existieran las hostias ni los fueras de juego.
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Realmente fue un delantero muy bueno tanto en sus inicias con river plate y lo que esta haciendo al final de su carrera en el inter de miami, tuve muy buenos momento en el real madrid apesar de ser un joven rodeado de grandes figuras pero sin duda donde mas brillo fue en el napoli, en donde se podria decir que es considerado idolo. lamentablemente su gran carrera se vera opacada por su falla en la final del mundial, era la oportunidad que argentina volviera a ser campeona del mundo y darle un mundial a messi.