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Heysel en la memoria

Mi abuelo era seguidor de la Fiorentina, pero mi padre, tifoso juventino, lo convenció para que le acompañara a Bruselas. Al fin y al cabo la final de la Copa de Europa suponía una excusa perfecta para que padre e hijo pasaran un par de días juntos en la capital belga. En la agencia de viajes les dieron entradas en el sector Z del estadio.

Heysel. Un estadio decrépito que albergaba su cuarta final de la Copa de Europa. El sector Z, en principio destinado para compromisos de la federación belga -hasta que un directivo corrupto revendió las entradas a las agencias italianas- era una grada de hormigón cuarteado, salpicada de para-avalanchas de hierro, y separada por una valla de alambre de los seguidores del Liverpool. En pleno auge del hooliganismo británico, aquella ubicación fue el primero de los errores que conducirían a la tragedia. Luego llegaría la venta de miles de entradas falsas, con la consiguiente masificación. Y, sobre todo, las escasas medidas de seguridad. Cuando a las 19:15, una hora antes del comienzo de la final, los hooligans abrieron la valla y empezaron a entrar en tromba en zona juventina -gente mayor, familias, niños-, apenas 12 agentes de policía y un perro vigilaban el sector Z. El pánico se extendió y las avalanchas se sucedieron en cuestión de minutos. Mi padre y mi abuelo escaparon de la primera y accedieron a la pista de atletismo. Pero mi padre, que era médico, divisó a un niño tumbado sobre el cemento. Volvió a entrar en la grada. Mientras trataba de reanimar al chico le atrapó una segunda oleada. Tenía 31 años.

Han pasado más de tres décadas. La UEFA y las autoridades belgas salieron indemnes de su responsabilidad en aquella tragedia: al final, para evitar más muertes -39- obligaron a disputar el partido en luctuosas circunstancias con una hora y media de retraso. Por su parte, la Juve ha mantenido durante muchos años una actitud distante con las víctimas: supongo que se trata de una situación incómoda, porque mancha la primera Copa de Europa del club e implica a muchos altos estamentos del fútbol. Afortunadamente, las cosas están cambiando pero aún estamos solos.

En 1985 yo tenía tres años. Poco a poco fui conociendo la historia de mi padre, de cómo murió. Me hice periodista deportivo y ahora presido la Asocación de Víctimas de Heysel. Tengo aproximadamente la misma edad que mi padre cuando murió. No lo recuerdo pero no lo olvido.


Este texto, de Andrea Lorentini, está extraído del #Panenka43. Puedes conseguirlo aquí.

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Redacción

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