¿Qué hace un hincha cuando tiene el corazón roto? Gerson Vega compró un boleto de Lima a Arequipa. De la costa central hacia el sur del país en 180 minutos. Su equipo, al que quiere desde pequeño, no juega una final copera desde 1977 y no disputa una instancia de eliminación desde 2010. Lima, como sede internacional, carece de lo que Arequipa atesora en la estadística. En el Monumental de la Universidad Nacional de San Agustín (UNSA), Cienciano del Cusco logró el más distinguido palmarés para un equipo peruano hasta la fecha. Quienes vieron a ese Cienciano campeón de la Sudamericana en su ciudad, en su estadio, se preguntaron si algún día verían a Melgar en la cumbre del continente americano. Cerca de las 19h del 6 de julio, Gerson llegó a la UNSA y encontró lo que hoy es raro en la capital: niños vestidos con camisetas gigantescas sobre los hombros de padres que cantaban, orgullosos de un equipo en octavos de final.

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Días antes del partido de vuelta por la Copa Sudamericana, Melgar obtuvo el Torneo Apertura y la afición arequipeña recibió a su equipo en el aeropuerto Rodríguez Ballón consciente de que una gesta nacional no garantiza el éxito en el plano internacional. Sin embargo, el hincha sabe que Melgar jamás gozó de una mejor temporada. Los números multiplican las emociones. En la llamada Liga 1, Melgar permaneció invicto en casa durante 19 fechas. Dato que asemeja en la Copa Sudamericana: superó a Racing Club de Argentina, a River Plate de Uruguay y al Cuiabá brasileño, a todos por dos goles de diferencia. Por lo que tras el empate a cero en el Valle del Cauca frente a Deportivo Cali, Melgar, en teoría, era favorito la noche del 6 de julio en la UNSA.

Melgar tentó primero, tal como lo hizo en Colombia, siempre cerca del arco rival. A los dos minutos, Luis Ibérico recogió un rebote cerca del área grande y asistió a Bernardo Cuesta, quien anotó en posición adelantada. Un presagio. Desde entonces, el esquema fue claro en el local: 4-2-3-1. En ataque, la superioridad numérica gracias a los marcadores Alejandro Ramos o Paolo Reyna. Los atacantes, Luis ibérico y Kevin Quevedo, partían desde los lados hacia el interior donde esperaban, con o sin balón, generar posibilidades de uno a uno o paredes que los dejaran frente a la portería. Esos movimientos producían espacios para que Ramos o Reyna desdoblaran, factor sorpresa, hasta la raya, frontera del campo, y llenaran de centros el área. Juego de movimientos. De espacios.

En el área, Bernardo Cuesta. Es difícil hablar de Melgar y no pensar en Cuesta. Como es difícil hablar de Arequipa y no pensar en el poeta de los yaravíes cuyo ilustre apellido es honrado en el club de su ciudad. Si el refrán “buen hijo vuelve a casa” es cierto, Cuesta lo cumple a rajatabla: partió tres veces y volvió cuatro en el curso de diez años, mismos en los que anotó más de 350 goles. La gran mayoría en Melgar. Por eso, cada vez que el hijo pródigo fue en busca de la tierra prometida, el dueño de casa dejó las puertas abiertas para que regresara.

Al minuto 52, Walter Tandazo, uno de los centrocampistas, se sumó al ataque y recibió un pase de Quevedo al borde del área grande. Tandazo tiró el centro aunque sin mayor peligro para el Deportivo Cali. El visitante mantuvo la posesión de balón por un minuto y medio hasta que el árbitro argentino Facundo Tello interrumpió las acciones. El tiro de Tandazo dio en la mano de un defensa rival. Ojos que no ven, el VAR lo confirma. Penal. Cuesta definió fuerte al lado izquierdo del portero. En la televisión, el ídolo argentino gritó rodeado por sus compañeros, también eufóricos. La siguiente toma evidenció la ternura y la pasión, por si alguien duda que no hay espacio para sensaciones juntas: un niño decía ¡gol! ¡gol! y abría los brazos, los dedos estirados, dando gracias a su dios por hacerle de Melgar. Ese niño vestía un sombrero gigante con el número 9. Si ese niño quería ser ingeniero, tal vez esa noche soñó en ser goleador. Quizás no fue el único.

Con la ventaja en el resultado, el técnico Néstor Lorenzo –nuevo entrenador de la selección de Colombia– preparó un cambio. Jean Pierre Archimbaud por Martín Pérez Guedes. La intención: cuidar la ventaja, pero sin dejar de atacar. Archimbaud entendió la asignatura. En más de una ocasión. Archimbaud fue clave en la fase de grupos en Montevideo. River Plate igualó el marcador a cinco minutos del final del encuentro, pero Melgar no desistió. Ser grande es también ganar fuera de casa. A solo 120 segundos del final, Archimbaud controló un pase cerca de la medialuna y le pegó al balón para que viajara por encima del portero. Era el 2-1 a favor de Melgar, el punto de inflexión arequipeño en la Sudamericana. Archimbaud aceptó conversar por teléfono después del partido frente al Cali y dice que no hay nada más lindo que un gol en el Centenario, “un centenariazo”. A excepción del nacimiento de su segundo hijo que tenía tan solo horas de nacido.

Lorenzo pidió a Archimbaud que no descuidara a Teófilo Gutierrez, alguna vez figura en el River Plate argentino. Pero Gutiérrez estaba distraído, ocupado con los hinchas caleños, quienes decepcionados trataron de invadir el campo de la UNSA.

15 minutos después del primer tanto, una mala salida de Cali provocó que el balón suelto llegara a los pies de Ibérico. El peruano de 24 años asistió a Cuesta a toda marcha camino al arco rival. El buen hijo volvió porque no hay mejor lugar que su propia casa. Cuesta definió de izquierda, cruzado al palo opuesto del portero De Amores. Ese fue el gol de la clasificación. En un país de clubes ajenos a las instancias finales, Melgar es el socorro.

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De regreso a su hotel, a unas cuadras de la Plaza de Armas de Arequipa, Gerson subió a un taxi y conversó con el conductor sobre la victoria de Melgar. Gerson opinó sobre Ramos, Reyna, Tandazo, Ibérico, los más jóvenes de un equipo ordenado, paciente, que juega como un conjunto veterano. El taxista había escuchado el partido por la radio y tenía una conclusión: Cuesta, ausente en Colombia, debía regresar. Antes de que Gerson hablara de Alec Deneumostier, otro joven defensor, el conductor pidió un deseo: “ojalá cerremos con Internacional [de Porto Alegre] en la UNSA”. Cuando conversé con Archimbaud, la llave estaba definida: Melgar abre los cuartos de final en casa y cierra en Brasil. Le pregunto si el sorteo no es favorable, pero Archimbaud responde en nombre del grupo: “difícil, mas no imposible”.

 


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Fotografía de Getty Images.