“Bajo una copiosa nevada, sobre el blanqueado césped de San Mamés”, según recogía la televisión de la época, el Athletic Club celebró una de las mayores victorias de toda su historia el miércoles 16 de enero de 1957, en un inolvidable encuentro de cuartos de final de la segunda Copa de Europa. El conjunto bilbaíno se había clasificado como campeón de la liga española: la sexta de su palmarés y la antepenúltima, antes de las dos de principios de los 80. Como en la 83-84, en la 55-56 había conquistado la Liga y la Copa del Rey, tras superar al Atlético de Madrid en la final, en el Santiago Bernabéu (2-1, con tantos de Artetxe y José María Maguregui).

El equipo se estrenó en la Copa de Europa superando al Porto en la ronda previa (1-2 en Portugal, con goles de ‘Piru’ Gainza y Canito y 3-2 en San Mamés, con hat-trick de Artetxe) y en la primera ronda batió al temible Budapest Hónved (3-2 en San Mamés, con goles de Artetxe, Félix Markaida y Arieta, y 3-3 en Bruselas, con goles de Armando Merodio, dos, y Eneko Arieta-Araunabeña). El cuadro de Budapest contaba en sus filas con los artilleros Ferenc Puskás, Sandor Kocsis y Zoltán Czibor, que un año después aterrizarían en España para jugar en el Madrid (Puskás) y en el Barça (Kocsis y Czibor). Junto a Mihály Tóth y Nándor Hidegkuti habían formado el ataque de la Hungría que fue subcampeona del mundo en 1954, después de caer de forma inesperada ante Alemania Occidental en la recordada final del Milagro de Berna.

Sobre el duelo de vuelta del Athletic contra el Budapest Hónved, Patxo Unzueta escribió en 2012 en El País:Era el mes de noviembre de 1956, semanas después de la entrada de los tanques [soviéticos] en Budapest, razón por la cual el partido no se jugó en Hungría, sino en Bruselas. Pasó a cuartos el Athletic por el tanteo global de 5-4, lo que desató en la ciudad una euforia incontenible con vistas a la siguiente eliminatoria, contra el Manchester”. La siguiente piedra en el camino fue, efectivamente, el Manchester United: campeón de la liga inglesa de la 55-56 y primer representante inglés en la Copa de Europa, ya que “el Chelsea rehusó hacerlo en la primera edición por esas cosas de la soberbia británica”, según relataba Alfredo Relaño en las páginas de As. A su turno, el conjunto británico llegó a cuartos de final tras dejar por el camino al Anderlecht en la ronda previa (0-2 en Bruselas y 10-0 en Inglaterra) y derrotar al Borussia Dortmund en la primera ronda de la fase final (3-2).

Los dos equipos se cruzaron en el viejo San Mamés a principios de año, un miércoles a las 15:30, “pues aún no había iluminación eléctrica en San Mamés”, contaba Unzueta en El País. “El juez alemán [Albert Dusch], atento al progreso de su moneda, hace que el marco suba dos veces, hasta que por fin no cae de canto y se pone en buena cotización para Gainza, que elige terreno. Vamos a ver qué pasa en San Mamés, además del frío y la nieve. Ya ven ustedes cómo los manchesterianos arrancan con un brío propio de los españoles que otrora inventaron aquello de la furia”, narraba la televisión, justo antes de centrarse en el primer gol del partido, en el minuto 3. Lo marcó Uribe, como el 2-0, ya en el 28′: “contemplemos ahora el coraje de los bilbaínos en la ejecución del segundo gol, no apto para cardíacos, famoso gol conocido por el sobrenombre de ‘a la tercera’. ‘Ahora no. Ni ahora, aunque parezca que sí. Ahora'”, añadía la voz del NO-DO.

Según decía Unzueta, “impresiona ver, en el reportaje de un NO-DO de entonces, la imagen del césped de San Mamés totalmente blanco bajo una incesante nevada. En mi colegio, el de los Escolapios, en cuyo patio aprendió a regatear y a chutar Pichichi, había los que tenían entrada y los que lo oyeron por la radio. Entre los primeros estaba José María Arrate, futuro presidente del Athletic, que había sido castigado a pasar la tarde estudiando en un aula de la planta baja y que se escapó por una ventana para no perderse el partido. Proeza que forma parte de su currículo rojiblanco. Siendo uno de los que ese día no tenían entrada, creo poder afirmar que la realidad vista puede resultar menos interesante que la imaginada por quien escucha, ya sea por la radio o relatada por un testigo. El reportaje de NO-DO no llega, ni de lejos, a transmitir una emoción comparable a la que nos hizo vivir el relato del 5-3 que registró el marcador”.

 

La decepción pronto mutó en orgullo, porque el recuerdo ha ido pasando de abuelos a nietos, de padres a hijos, cual tesoro. Porque el recuerdo de esa noche jamás se jubilará

 

Antes del descanso, el Athletic anotó el 3-0 por mediación de Markaida (44′). En las gradas, los puros, los cigarrillos, los aplausos enfundados en guantes y, sobre todo, las sonrisas emergían entre la densa niebla, mientras un señor se tapaba con un periódico, cual sombrero improvisado. San Mamés entero, 36.737 almas según WorldFootball, se frotaba los ojos, maravillado, rendido a los once aldeanos de Ferdinand Daučík: Carmelo Cedrún; José María Orúe, Jesús Garay, Canito; Mauri Ugartemendia, Manuel Etura; José Luis Artetxe, Markaida, Ignacio Uribe, Merodio y Gainza, inalcanzables para los ‘Red devils‘: Ray Wood, Bill Foulkes, Roger Byrne, Eddie Colman, Mark Jones, Duncan Edwards, “un jovencísimo medio, un prodigio técnico y físico”, según escribió Alfredo Relaño en As, Johnny Berry, Liam Whelan, Tommy Taylor, Dennis Viollet y David Pegg.

El United atesoraba un equipo repleto de grandes nombres, pese a la diáfana claridad del resultado al descanso, y empezó a demostrar su talento al amanecer del segundo acto. En el 48′, cayó “el copo más frío de toda la nevada: un remate de Taylor desde cerca que se le escapa a Carmelo por muy poquito. El árbitro echa las manos por delante. Canito las lleva a la cabeza. Y Garay las deja en la cintura. Los rostros de los espectadores reflejan el contratiempo, que irá en aumento como el mal tiempo”, contaba el NO-DO. El 3-2 también llegó antes de la hora de juego (54′). “No pierdan de vista a Garay en primer término a la izquierda y observen el sancionable empujón que le va a propinar Taylor antes de que remate Viollet. ¿Han visto? Si arbitra la cámara este gol no vale”. Viollet (9) y Taylor (8) fueron los pichichis de esa Copa de Europa.

El 3-2 enmudeció e intimidó San Mamés, pero el Athletic respondió con firmeza, por mediación de Merodio (71′) y Artetxe (78′). Ya en el minuto 85′, Whelan anotó el definitivo 5-3, poniendo el broche de oro a un “memorable partido en el que los bilbaínos han dado una gran lección de calidad y entusiasmo”, decía el NO-DO. “El público despide en pie a los dos equipos admirado por aquella exhibición de fútbol de ataque”, recordaba Relaño, glosando un encuentro monumental, épico, mítico, histórico.

En la vuelta, jugada el 2 de febrero bajo el silbato de Dusch y en Maine Road, el campo del Manchester City, porque Old Trafford “fue bombardeado y casi destruido durante la Segunda Guerra Mundial, por lo que durante un tiempo el Manchester United tuvo que jugar en el campo de su eterno rival”, según explicaba Unzueta en El País, el Athletic cayó duramente goleado (3-0, con tantos de Viollet, Taylor y Berry, ya en el 85′). El Athletic cayó eliminado a un solo gol del replay, ya que aún no se había instaurado la norma del valor doble de los goles lejos de casa en caso de empate y la igualdad se resolvía con un encuentro de desempate, como tuvo que hacer el Madrid en octavos de final para superar al Rapid de Viena. “El Athletic caerá por 3-0, en parte porque el gran Carmelo juega lastimado desde el 1-0, en parte porque Daučík tuvo miedo y alineó al medio defensivo Etura de delantero centro”, explicaba Relaño. Tras eliminar al Athletic, los ‘Red devils‘ cedieron en semifinales ante el Madrid, a la postre ganador (por segunda edición consecutiva) después de batir a la Fiorentina en la final (2-0 en el Bernabéu, con goles de Alfredo Di Stéfano y Paco Gento). Un año más tarde, Old Trafford lloró por el Desastre aéreo de Múnich, que el 6 de febrero de 1958 se llevó la vida de 24 personas: ocho eran futbolistas, seis habían jugado en San Mamés ese 16 de enero de 1957, como Edwards. Bobby Charlton, inédito ante el Athletic, fue uno de los sobrevivientes y uno de los referentes del Manchester que, al fin, se coronaría campeón de Europa en 1968, en Wembley.

Los cuartos de final alcanzados por el Athletic en esa primera participación en la Copa de Europa (56-57, 83-84, 84-85, 98-99 y 14-15) perviven como el mejor resultado del club en la máxima competición europea, igual que pervive el recuerdo de esa noche mágica, magnificada y embellecida por la mística del viejo San Mamés y por la nieve. Fue el partido de la nieve, como todavía lo recuerdan los más mayores de San Mamés. Y como también lo recuerdan los más jóvenes: porque la decepción pronto mutó en orgullo, porque el recuerdo ha ido pasando de abuelos a nietos, de padres a hijos, cual tesoro. Porque, aunque este domingo llegue a los 65 años, el recuerdo de esa noche jamás se jubilará.

 


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Fotografía de Elorza, cedida por el Athletic Club.