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El fútbol pirata de Vinicius Júnior

No vull pagar (No quiero pagar) fue el nombre de una campaña creada en 2012 con el fin de terminar con la sangría de los peajes en Catalunya. Ya sea por tozudez o por razones políticas, el objetivo de aquellos ciudadanos se consumó, por fin, el pasado mes de agosto. Se acabó el expolio. Nadie quiere pagar, por eso se celebró calurosamente la liberación de las autopistas. Igual que se celebra la reducción del IVA, el descuento por familia numerosa, el Black Friday o el 50% de la tarjeta Caprabo. Ahí competimos los ciudadanos de clase media, en la capacidad de cosechar ofertas, rebajas y chollos varios. En un rango superior se encuentran aquellos que desobedecen, como Josep Casadellà, el pionero de la campaña. O aquellos otros que driblan a Movistar Plus instalándose la señal satélite en su salón. Basta con cuatro artimañas y un tutorial de YouTube para adentrarse en el fantástico mundo de lo gratis. La cosa no tiene mala prensa, incluso despierta la admiración de aquellos que continúan apoquinando. La locución está en bengalí, porque no vale un euro, pero se ve de puta madre, o mejor. Fíjate, si no, en la repetición del gol de Vinicius. Se le aprecia hasta el color de los dientes. Blanco marfil.

La emisión es tan pirata como el fútbol del brasileño, un jugador condenado al análisis moderado. Por alguna razón que se me escapa, está de moda bajarle los humos a ‘Vini’. Regatea, galopa y dispara como los mejores, pero huele a mentira, a falsedad, a quiero y no puedo. Los ojos que lo ven permanecen a la expectativa, descuidando la efectividad de su exitoso presente. Las novedades son peligrosas porque son inesperadas. No les damos importancia hasta que nos atropellan. Duelen más esos golpes que los previsibles. John Ruskin dividía los libros en dos clases: los del momento y los de todo momento. Lo que no aclaró fue el aspecto cronológico, pues una clase precede a la otra. Hace falta tiempo, pero así ocurre. Vinicius, por ahora, es el libro del momento, la moda inevitable, la reproducción de la jugada a la hora del patio, la angustia del lateral derecho. Se te va y no lo pillas. Maravilloso ese momento en el que los movimientos se robotizan. Como si de un algoritmo se tratara, el extremo madridista opera sistemáticamente ofreciendo a la jugada la mejor opción, la que va directa a portería sorteando a los rivales. Pero claro, la copió de Neymar, dirán los moderados, los haters, los que no contrataron el seguro ‘anti modas’.

 

Como si de un algoritmo se tratara, el extremo madridista opera sistemáticamente ofreciendo a la jugada la mejor opción, la que va directa a portería sorteando a los rivales

 

Es cierto que el envoltorio no acompaña. El dorsal 20 -que no el 10-, el penacho, el talante socarrón y el “Jr” en la espalda lo piratean sobremanera. La lambretta es el súmmum, el elemento que termina de imprimir la calcomanía. El que juega es Vinicius, pero en tu mente está Neymar, un libro todo momento. A pesar de su alto nivel, la opinión popular nos dice que Vinicius se encuentra todavía en el salto, en el alambre de Ruskin. Lo cual nos obliga a diferenciar el fútbol real del que nos cuentan. Los que reniegan de él son los que sostienen que el COVID es un resfriado, que Lebron James está acabado o que Venecia huele mal. Habladurías. Los tópicos nunca adelgazan, al contrario, se hinchan. Quién no lo asume es porque no quiere, basta con echar un ojo a las estadísticas recientes del jugador. Igual es mi paja mental y ya por todos es reconocido, pero -el señor Casadellà estará conmigo- este texto debía dar a luz. El fútbol es jodido porque es capaz de engañarnos, gracias a Dios.

Y al dinero; Vinicius no estaría en la cresta sin los 61 millones que tuvo que pagar Florentino. Con el decodificador verás la Champions gratis, pero antes deberás soltar los 100 pavos que cuesta el chisme. Vinicius será un pirata, sí, pero de los buenos. De los que, después de robar, matan y dejan escrito su nombre en el cadáver. Lo que el gobierno te sufraga hoy, te lo reclamará mañana. No te lo cuentan, pero la liberación de los peajes costea, con tus impuestos, el mantenimiento de las autopistas. Nada es gratis, ni las carreteras, ni la televisión, ni mucho menos Vinicius Junior.

 


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Fotografía de Imago. 

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Lluís Inarejos

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Lluís Inarejos

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