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La inauguración del Tottenham Hotspur Stadium en abril de 2019 sustituyendo al entrañable White Hart Lane no fue la única alteración que sufrió el norte de Londres en estos últimos meses. Cuando se anunció la llegada de José Mourinho al banquillo del Tottenham, admito que me eché las manos a la cabeza. ¿Cómo podría encajar este tipo en el sistema cocido a fuego lento durante cinco años que practicó el anterior entrenador? Se presagiaba toda una transformación en los cimientos del equipo. Y así ha sido. Ha habido un cambio de rumbo. Quizá menos brusco de lo esperado. Quizá adaptando las bases que dejó el legado de Mauricio Pochettino. Quizá haciendo pequeñas alteraciones significativas; algo temerosas, pero en según qué contexto, efectivas. La paciencia y el período de adaptación en los tiempos del fútbol moderno han limitado, de alguna manera, la eficiencia que pueden llegar a demostrar los profesionales. Y más pasando de un estilo acunado por el ‘bielsismo’, a un pensamiento más antagónico como el que propone el luso.

Una nueva filosofía que se adentra en las entrañas de un club no tiene por qué conllevar una connotación negativa. Es más, con Mourinho dirigiendo a los ‘Spurs’, se han mejorado tanto los resultados como algunos aspectos técnico-tácticos. Pese a ser -y lo seguirá siendo durante mucho tiempo- una leyenda viva de la entidad, el estilo de Pochettino estaba quedando algo caducado. Ya fuere por la falta de ingenio o por la falta de armario. Mauricio pedía a gritos que llegasen nuevas piezas, pero el ‘bajo’ presupuesto de la entidad por la construcción de su flamante nuevo estadio, limitaba las transacciones. Era necesario un cambio. Tras su siempre conflictiva salida de un club grande, en este caso el Manchester United, el técnico portugués se ha alejado del foco mediático. Salió de la esfera de la exigencia por conquistar un título o ser aspirante, al menos, a él. Adaptó el rol de ‘el tapado’; el que trabaja en las sombras para dar rendimiento al club. No sin antes establecer su carácter férreo: en su partido inaugural en las filas londinenses, ganó por 2-3 al West Ham de Pellegrini. El primer triunfo a domicilio del Tottenham en diez meses.

DETALLITOS DE PIZARRA

Normalmente, Pochettino utilizaba el 4-2-3-1 para mostrar un centro del campo rocoso: podía utilizar un doble pivote con el músculo de Sissoko, que permitía una transición rápida superando líneas, y la consistencia junto a la salida pausada de Eric Dier, más atrasado, actuando de ancla. En otros casos, sustituía al británico por Harry Winks, hecho que le daba más juego y trabajo en el medio. Arriba no había duda. La línea de tres titular del dibujo mencionado, la componían las flechas siempre incisivas por las bandas que daban amplitud y verticalidad al juego: Son por la izquierda y Lucas Moura por la derecha. Pegadito a ellos, Eriksen o Dele Alli en la mediapunta, bajando a recibir, distribuyendo el juego tanto por dentro como por fuera, o para llegar desde segunda línea (más en el caso del danés que del inglés). En punta, inescrutablemente se encontraba Kane, la arrowhead del equipo. En su primer partido, ‘Mou’ no tocó la formación, pero con la salida de Eriksen al Inter de Milán, era imprescindible una pieza que lo uniera todo. Dele Alli se convirtió en esa clave de bóveda -si ya no lo era antes- y Giovani Lo Celso tendría que adaptarse para iluminar la sombra que dejó el danés.

Como curiosidad, tanto Pochettino como Mourinho, cambiaron la formación táctica ante el mismo rival: el Liverpool. El técnico argentino -en la ida- apostó por un 4-4-2, manteniendo el doble pivote de Sissoko y Winks; abriendo en bandas a Dele y Christian Eriksen para jugar más por el interior y dejar todo el carril a los laterales; y Son junto a Kane arriba. Mucha concentración en el centro para intentar aguantar las embestidas internas del tridente ofensivo de Klopp. En cambio, el luso -en la vuelta- prefirió el 3-4-3 para dar verticalidad y ensanchar las bandas en transiciones rápidas con dos carrileros (Aurier y Rose), y en fase defensiva contrarrestar la rapidez del Liverpool con la rapidez del Tottenham. En lugar de ir a presionar y correr en vano, ‘Mou’ prefirió esperar en campo propio, dispuesto a defender en bloque y esperar replegados para recuperar y salir con un juego de vértigo. Un distintivo muy propio del sello Mourinho. Una filosofía que, en líneas generales, aporta equilibrio, organización y estabilidad defensiva. Sobre todo con la incorporación de una pieza que no entraba ni en el draft más rocambolesco.

EL DON DE ‘MOU’

Una de las cosas por las que más se debe destacar el papel de Mourinho en el norte de Londres es su apuesta por un chaval del filial llamado Japhet Tanganga en el eje defensivo. Debutó, precisamente, ante el Liverpool, y dejó una huella profunda en la arena para darse a conocer. Para tirar la puerta abajo, sentando a Sessegnon. Un lateral izquierdo que también puede actuar de central, muy rápido, potente y fiable. No le tiembla el pulso con el balón en los pies, pese a tener tan solo 20 años. Eficacia pura. En una época de irregularidad e incertidumbre defensiva en el equipo, el luso decidió apostar por el canterano y ahora este se ha vuelto imprescindible en sus planes.

En el partido del domingo pasado ante el City de Guardiola, Tanganga volvió a ofrecer una actuación muy seria. Pero el foco mediático estaba puesto en la rivalidad histórica de los técnicos. ‘Mou’ y Pep son los dos entrenadores que más se han enfrentado -hasta en 23 ocasiones-. “Era un escenario distinto, un contexto competitivo distinto, pero era, al fin y al cabo, un Mourinho contra Guardiola, por lo que las cuestiones estilísticas no aguardaban sorpresas”, destaca Miguel Mosquera en su artículo de MarcadorInt. Así pues, nos encontramos, de nuevo, con los dos técnicos más contrapuestos del campeonato. El conjunto de Mánchester tuvo el protagonismo del partido, con posesiones largas, limitando espacios con presiones altas, agotando al rival.  Pero no supo aprovechar las oportunidades, perdonó demasiado, y eso le pasó factura. Más aún teniendo en cuenta el rigor táctico en fase defensiva y la capacidad para adaptarse al partido y minimizar las virtudes rivales que tienen los ‘Spurs‘. También es cierto que el Tottenham no cogió ritmo ofensivo hasta la expulsión de Oleksandr Zinchenko. Cada mínimo detalle condiciona un partido. Y hay que saber cómo responder. A eso le sumamos la buena actuación del nuevo fichaje, el holandés Steven Bergwijn, procedente del PSV Eindhoven, solidario en defensa e incisivo en zona de tres cuartos, que abrió el marcador.

Lo cierto es que, hasta el momento, me ha sorprendido gratamente el rendimiento que ha conseguido hacer aflorar el portugués en el banquillo del Tottenham. Sabe sacar perfectamente lo mejor de sus jugadores. Pero sigo sin fiarme del todo, porque ya sabemos el carácter que tiene. Quizá el cambio tan abismal de técnico se debe, precisamente, a que en Londres quedaba disuelto un estilo que ha dado mucho, pero que poco a poco iba apagándose. Al igual que con el pensamiento de San Agustín y el de Nietzsche, se ha dado entrada a una filosofía completamente diferente. Pese a las lesiones, la falta de nuevas piezas y las dudas iniciales, lo que es indiscutible es que Mourinho ha virado el timón, dando hasta tres vueltas de campana, para cambiar completamente el rumbo que estaba llevando el equipo. Esperemos que el capitán no sea el primero en abandonar el barco cuando vengan altos oleajes.