Las vueltas que da la vida. 16 años, tres meses y ocho días. Con esta edad, Fabrice Olinga anotó con el Málaga la diana con la que iba a ser recordado mucho tiempo después. Tras estos segundos de euforia, muchos ya creían y comentaban que podía ser el nuevo Samuel Eto’o. De hecho, se curtió en la Academia del exfutbolista azulgrana y demostró tener mucha hambre dentro de un terreno de juego.

El Mallorca fue su destino, después de este comienzo en el mundo del fútbol en su país. En el fútbol base y en juveniles del equipo balear, Olinga ya puso en práctica sus habilidades desde el perfil izquierdo y la punta atacante. Tal fue su irrupción que el Málaga confió en él para su cantera, con ficha de filial y con opciones de jugar en el primer equipo. Y estas posibilidades se convirtieron en realidad el 18 de agosto de 2012.

Balaídos, 0-0, minuto 59, y el técnico chileno Manuel Pellegrini decidió llamar a su jugador. “¡Olinga, va, que entras!”. El camerunés se despojó de su peto, se enfundó la camiseta blanquiazul y esperó a que el árbitro diera paso a la sustitución. Sebas Fernández fue el elegido para abandonar el campo y Fabrice, con el dorsal ’45’ en la espalda, salió a comerse el mundo, literalmente. Provocó, con sus regates y velocidad, la amonestación del jugador gallego Oubiña e hizo trabajar de lo lindo al portero Javi Varas. Sus ganas fueron tan inmensas que erró un gol cantado. Sin embargo, después llegaría lo mejor. En un contraataque del equipo blanquiazul, Isco cogió el esférico en banda derecha y lanzó un pase en profundidad al camerunés, que estaba en punta de ataque. Se cosió la pelota a su pie izquierdo, sentó a Cabral con una bicicleta y un regate, y disparó a portería. El balón golpeó en el palo derecho de Varas. No obstante, la jugada continuó. El rebote lo aprovechó Eliseu, ya en banda izquierda, para dar un pase al pequeño Buonanotte dentro del área. El argentino regateó a su defensor y asistió a Olinga para que, con el muslo derecho, subiera el 0-1 en el marcador. Rápidamente Isco, el mismo Eliseu y el bueno de Buonanotte, fueron a abrazarlo, como un padre cuando acoge a su hijo entre sus brazos. Batía todos los récords posibles en un debut, y, todo esto, en el primer partido del campeonato, amargando también el regreso del Celta a Primera, después de seis años. A día de hoy, sigue siendo el jugador más joven en debutar con la camiseta del Málaga y continúa siendo el futbolista más precoz en anotar desde que se fundó la Liga.

Sin embargo, como les ha sucedido a muchas jóvenes promesas, Olinga es uno de estos jugadores que crees que va a llegar muy alto y al final se queda por el camino. Tras este fulgurante paso por el Málaga, donde incluso llegó a disputar minutos en la fase previa de la Champions, se marchó al Apollon Limassol chipriota por 500.000 euros. Un traspaso extraño, tanto por el club de la Costa del Sol como por el equipo del sur de Europa. En la entidad blanquiazul no se acabó de dar confianza al jugador camuerunés, que había ofrecido actuaciones de mucha calidad, y el Apollon tan solo se limitó a cederlo. Tan solo un día después de su traspaso en invierno a este club, se fue de préstamo al Zulte Wagerem por seis meses. Volvió al equipo de Chipre en el verano de 2014, pero en febrero del año siguiente fue traspasado a la Sampdoria. Del conjunto italiano, fue cedido, otra vez, al Viitorul belga, para acabar siendo comprado por su último club, el Mouscron, donde milita desde 2015. Hasta cinco clubes en año y medio. Una cantidad muy alta para un futbolista que, por juventud y tiempos del fútbol, necesitaba justo lo contrario.

 

Olinga es uno de estos jugadores que crees que va a llegar muy alto y al final se queda por el camino

 

Ahora, con 23 años, siete años después de la gesta, Olinga tiene la experiencia y las condiciones necesarias para ser titular en su club. De hecho, en estos primeros cuatro partidos de liga, ha disputado dos como titular, donde marcó gol en uno, otro no lo jugó, y en el último estuvo 61 minutos sobre el campo. De momento, dos victorias, un empate y una derrota en este comienzo del campeonato.

Fabrice tiene ya en su currículum muchas ciudades, pero Málaga le marcó como futbolista. En la Costa del Sol se viven tiempos de incertidumbre, posteriormente a su marcha. De estar a un gol de jugar las semifinales de una Liga de Campeones, a no saber quién puede disputar el próximo partido de la Segunda División del fútbol español. El equipo de Martiricos necesita aligerar masa salarial y fruto de ello, se han producido ventas como la de Ontiveros al Villarreal o N’Diaye al fútbol saudita. Sin embargo, esto no es suficiente para que el club del jeque Al-Thani pueda inscribir a sus flamantes fichajes, como Okazaki o José Rodríguez. El límite salarial es consecuencia directa de la sanción que le impuso la Liga por no ajustar sus presupuestos al acabar la temporada pasada. Por tanto, en la entidad blanquiazul hay trabajo por delante, ya que la ilusión de toda una ciudad se ha desvanecido en cuestión de años. Van Nistelrooy, Saviola, Baptista, Isco o Joaquín, han pasado a mejor vida en el club. Ahora luchan por permanecer en la categoría de plata y sueñan con que algún día el nombre del Málaga vuelva a aparecer en los titulares del fútbol europeo, como en su día lo hizo, entre otras cosas, por esa irrupción estelar de Fabrice Olinga.