En Eibar, enclave industrial guipuzcoano de unos 30.000 habitantes, se viven días de ilusión desbordada. No es para menos. El modesto club del pueblo, que ha pasado su historia soñando con lo desconocido sin renunciar nunca a sus principios, consiguió sellar este pasado fin de semana un ascenso con sabor a gloria. El año que viene, por primera vez, se codeará con los grandes del fútbol español.
En el pasado #Panenka29, correspondiente al mes de abril, Naxari Altuna (@naxaltuna) nos brindó un reportaje sobre los entresijos de este conjunto vestido a rayas azulgranas y que es el fiel reflejo de una población humilde con un pasado ligado a la industria armera. Con motivo del mismo artículo, el fotógrafo Iñaki Andrés nos capturó en imágenes cómo se vive un día de partido en Ipurúa. Desde la grada, desde el terreno de juego y desde los ojos de los grandes artífices de este proyecto tan singular como exitoso.
Aquel 2 de abril de 2014, el SD Eibar recibía en su feudo al Hércules CF. El enfrentamiento acabó en tablas (1-1), pero ese punto permitió a los Álex Aranzabal, Gaizka Garitano o Jota Peleteiro situarse un poco más cerca de la proeza hoy celebrada.
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La notición futbolístico de este fin de semana no es la lucha hasta la extenuación del Real Madrid y el Atlético de Madrid en la final de la Champion. El notición de este fin de semana es que el equipo con menor presupuesto de toda la segunda categoría ya es de primera división. El Éibar ha roto esquemas y se ha ciscado en el mercantilismo a ultranza que rige en los grandes clubes de fútbol. El triunfo de los humildes, de los que se lo curran, de los que sufren y disfrutan más que Cristiano, Messi y Diego Costa juntos. Me temo que la temporada que viene desearé que mi equipo pierda contra el Éibar. Joder, creo que al final me haré armero.