Mi hijo tiene 12 años. Ha visto competir a Chile en dos Mundiales (2010 y 2014) y ganar dos Copa América (2015 y 2016). Eso, en un deporte que genera tantas pasiones y ejemplos de vida (para bien y para mal), es un dato que lo está marcando.

Yo, cuando ya caminaba en los 35 años, solo había visto (competir quizás sería un exceso) a nuestra Roja en dos Mundiales (1982 y 1998), y perder sin mucha historia dos finales continentales (1979 y 1987). Totalmente virgen de títulos.

Para mi hijo, el pararse en cualquier cancha y competir, es lo normal. ¿Por qué no? Si tenemos a Vidal, a Medel, a Alexis, a Bravo, a Aránguiz… Con Bielsa, Sampaoli o Pizzi. Cada cual con su librito, pero allí estamos. Compitiendo y ganando.

Esto se traspasa mucho más allá de la cancha de fútbol. Claro. Mi generación, marcada por las frustraciones, ha sabido manejarlas, quizás entenderlas, y hacerlas parte de nuestro crecer.

Hoy, nuestros chicos no saben de frustraciones. Su estado de whatsapp reza: “Estamos nacidos para ganar… Vamos Chile CTM!!!”

Y eso a veces preocupa. Porque si hoy Arturo Vidal dice “siempre supimos que íbamos a ganar”, uno de los referentes de mi generación, Iván Zamorano, acuñó aquella frase de que “los grandes se ven cuando se levantan”.

El caer es parte fundamental del aprendizaje.

Todos los actuales bicampeones de América,  algunos con más escándalo que otros, han tenido caídas. A ninguno le ha sido fácil llegar hasta estas alturas.

Por eso se agradece el ninguneo mediático internacional a este título de Chile. Porque la noticia para la gran mayoría es el Messxit, el #NoTeVayasLio y la crisis argentina. El foco en otro lado. No alimentando nuestro ego.

 

Si hoy Arturo Vidal dice “siempre supimos que íbamos a ganar”, uno de los referentes de mi generación, Iván Zamorano, acuñó aquella frase de que “los grandes se ven cuando se levantan”

 

Para mi hijo, no. Nada que agradecer. A la mierda los que no reconocen la grandeza de Chile. “Estoy orgulloso de ser chileno”, me dice.

Me encanta que le brillen los ojos, pero el límite con la soberbia es deleble. Y ya estamos peleados con los uruguayos (con quienes hemos tenido simpatía sempiterna) y poco a poco alcanzamos a los argentinos en una pedantería y petulancia que en el resto del continente ya nos reconocen.

Pienso en todas estas tonteras, en vez de estar disfrutando y cargando a los vecinos… No me nace. Sé que esto es como una pelota, redonda, que va a seguir rodando y que nos tendrá a veces arriba… y otras abajo.

Pero confío en que aún le queda mucho a esta Selección, mucho por ganar, mucho por aprender.

Y no solo a la Selección.

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Jorge Nazar

Ver comentarios

  • Creo que confundes "simpatía sempiterna" con condescendencia. Los uruguayos eran condescendientes con nosotros, futbolísticamente hablando.

  • si y no
    siendo tambien chico cuando veia a la roja en el mundial de francia 98 (la que sigue siendo mi favorita), me parece que culpar la frustracion actual de los jovenes es mas bien culpa de los padres, los cuales probablemente sean mediocres al no enseñar a los niños de hoy (que son bien insoportables) a comportarse como se debe
    el ninguneo a nuestra seleccion es injustificado tras este bicampeonato y menos el ser opacado por la salida de un jugador que no la moja como messi, somos probablemente una gran seleccion el dia de hoy, y se merece todo el reconocimiento ya que esto ha pasado tras cien años y debe celebrarse como tal
    por otra parte, comparto que debemos saber ganar, no seremos potencia hasta ganar un mundial y que nuestra liga sea poderosa frente al resto del mundo, nos costo cien años ganar y no es bueno andar de soberbio, pero ojo, desde siempre nuestros vecinos nos han visto como gente soberbia
    en general, tu posicion no me parece, mas bien, no es un pensamiento que sea neutral o de lo correcto, tu posicion en mi punto de vista es, simplemente el pensamiento mediocre del siglo pasado, del cual nunca ganariamos nada ni en cien años mas

  • levemente chovinista el artículo, para otro tipo de sitio web, panenka me parece más profunda y no tan superficial, saludos desde chile

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