Åge Hareide es el primer seleccionador noruego que entrena a la selección danesa. Suena extraño, tratándose de un hombre que hace 300 años se podía considerar compatriota formando parte del Imperio colonial danés. La lógica que explica el fenómeno se encuentra en las diferentes escuelas que han influido en el fútbol nórdico, en el que el fútbol danés se ha desmarcado de la corriente anglosajona seguida por el resto de países. La excepción que confirma la regla o la constatación del eterno retorno fue lo que ocurrió con Charles Williams consiguiendo una plata olímpica en Londres 1908 para Dinamarca convirtiéndose en el primer inglés al frente de una selección nórdica. Que parezca una extremidad de Alemania sobre el mapa ayuda a entenderlo todo. Incluso ver el mundo desde abajo mientras que Islandia, Suecia, Noruega y Finlandia lo hacen desde arriba, al igual que Inglaterra.

La escuela futbolística de Dinamarca se encuentra en los Países Bajos y la de Hareide en los encuentros que disputó en los ochenta como zaguero tanto en el Manchester City como en el Norwich City. El contraste entre el ‘kick and rush’ y el ‘totaalvoetbal’ es claro y para entender que la normalidad se haya impuesto en la convivencia es la cotidianidad del éxito de Islandia, un lunar en el Imperio colonial. Desde la explosión islandesa en 2014 se predica la palabra de Lagerbäck y Hallgrímsson por lo más septentrional del mapa. Desde aquella Eurocopa de Francia las consignas que siguen Suecia y Dinamarca son hermanas de las que obedece Islandia, incluso siendo la propuesta del combinado islandés aquella que más matices presenta. Justo la única que ha sido eliminada.

Es por ello que con la entrada de Hareide en Dinamarca estamos hablando de la colonización cultural a la inversa. Åge es parte de la generación que sucedería a Egil Olsen, primer apóstol del fútbol inglés en Noruega. Inevitablemente, a día de hoy el fútbol danés está más cerca de Malmö que de Kiel. De preguntarnos cuando dejaría Dinamarca de desangrarse saliendo en corto a cuestionarnos si es sano tanto balón en largo con Eriksen de por medio.

Con la clasificación del país nórdico para octavos tras más de una década sin lograrlo la respuesta es sí. El mayor éxito de Åge Hareide es haber llevado a la selección al lugar prometido, lo que podría tomarse como un hecho sin mérito teniendo a Christian Eriksen como estrella. Mencionando a Christian, la clasificación ha llegado porque en cada partido se ha sido resolutivo teniendo como base una trabajo táctico digno del profesor Egil Olsen. Ante Perú fueron Eriksen y Sisto junto a Schmeichel, ante Australia repitió Eriksen con la ayuda de Jørgensen y ante Francia tanto Christensen como Kjær sostuvieron a Dinamarca. Entre las estrellas mencionadas un denominador común: un habilitador familiarizado con el juego directo y un nivel defensivo alto. Ambos factores íntimamente relacionados con el hecho de que Dinamarca parezca un bloque, de que haya pasado de ronda con breves tramos de dominio.

Los nombres mencionados sustentan la idea de juego de Hareide, que dirige el juego directo y sus segundas jugadas a castigar los errores del rival. Todo ello a partir de un trabajado y recogido 4-4-2 con más de la mitad del plantel en campo propio y el talento de sus futbolistas tanto para lanzar o decidir (Eriksen y Kjær) como para agitar (Sisto y Poulsen). El ejemplo más claro lo encontramos en el gol de Poulsen ante Perú. Un plan concreto con recursos exitosos tales como echar a un ariete a banda como receptor o mandar a Christensen a defender a Griezmann.

Hareide: “Creo que veréis a una Dinamarca diferente de lo que se ha visto hasta el momento. Necesitamos jugar diferente para avanzar. Por supuesto que necesitamos defendernos pero también necesitamos atacar, más de lo que lo hemos hecho en los partidos anteriores”.

El minimalismo danés es ejemplificado por Eriksen, que es el que centra tanto los aplausos como las críticas. Como figura, no como jugador. Sobre todo porque nada entre la indefinición de ser un articulador, al que Hareide, por el momento, le encomienda aparecer poco y bien. Christian no manda, espera. El 0-0 depende del talento defensivo del capitán Kjær y Christensen, no de la voluntad de Eriksen. Ni como generador se ha erigido, papel que desempeña Pione Sisto. El jugador nacido en Uganda deja a las claras que Åge Hareide llora de la emoción cada vez que Pione baja a recibir para desordenar al rival con su propio desorden. Puro ‘kick and rush’. Christian está enfocado a la victoria, al último toque. No es casualidad que salgan las mismas palabras para describir el Mundial de Eriksen y el de Dinamarca. El tiempo dirá si fue lo mejor.