Miradas

Un día de fútbol en el campo del bosque encantado

El ambiente es festivo, típicamente navideño, y la afluencia a La Salera notable, a pesar de encontrarnos con niebla y a cero grados de temperatura, y que los locales jueguen contra un filial. El coqueto campo de fútbol de Nájera se levanta en lo más alto de la localidad riojana, envuelto en un bosque de coníferas y excavado entre paredes arcillosas, entre las que se ha creado un anfiteatro natural que rodea medio campo. La visibilidad podría ser maravillosa, aunque los focos de la media docena de torres alumbrar, lo que se dice alumbrar, alumbran lo justo; el entrenador visitante se pregunta si habrá sido esa la causa de que su equipo haya mandado un lanzamiento de penalti al larguero, apenas empezado el partido.

Esa más que tenue luz, mezclada con la neblina, da a La Salera una apariencia de portal de Belén, cuya estrella aparecería en una suerte de segundo anfiteatro natural, donde se ubica una pancarta del grupo de animación local, la Resaka Blanquiazul, que aplaude los arreones del equipo riojano, en zona de descenso cuando llegamos a la mitad del campeonato de Segunda RFEF, la nueva categoría creada por la Federación entre la Primera RFEF de dos grupos y la tradicional Tercera División, de 18. Cuesta creer que este campo comparta categoría con La Condomina, el Rico Pérez o el Árcangel cordobés (bien es cierto que en otros grupos), aunque el parking de tierra se encuentre atestado de vehículos y en este día esté alojando aproximadamente a casi el 20% de la población de Nájera, de 8.000 habitantes.

En el descanso, el bar sirve cervezas a tutiplén –y sobre todo cafés calentitos-, decorado éste con banderines vintage, y los carteles de los últimos enfrentamientos épicos del Náxara en play off, con tristes finales hasta que la temporada pasada consiguió ascender al terminar segundo en el grupo riojano de Tercera. Su rival de hoy, el Burgos Promesas, también es nuevo en la categoría (en realidad todos lo son, al tratarse del primer año de la Segunda RFEF) y perdona varias oportunidades claras durante la primera parte, se le ve mucho más rodado, aunque se atrinchera en las contras locales. En la pausa se sortea un suculento jamón y una caja de vino por cortesía de una discoteca local; el número ganador lo determina la ruleta blanquiazul que se ubica junto al bar, al igual que un cartelón con el duro calendario que les espera a los najerenses hasta final de temporada: rivales vascos, navarros, cántabros, fútbol del norte, el barro como protagonista al menos hasta el mes de marzo. La ciudad del mueble se acuesta con un empate final que se podría calificar de justo, un punto más obtenido, donde algunos espectadores se guarecen entre las sombras perpetuas de los pinos que exhalan aromas de Segunda RFEF.

 


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Fotografías de Jesús Borro. 

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Jesús Borro Fernández

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