Unas 8000 personas se congregaron en el campo de Boetticher, en Madrid, un 8 de diciembre de 1970 para presenciar un partido de fútbol de lo más atópico. No había hombres pasándose el balón, eran mujeres. A día de hoy, lo que ya parece normal, hace 50 años era insólito. Con 80 años de retraso frente al primer partido masculino se consiguió, por fin, poner la primera piedra por la igualdad en el fútbol. De aquel encuentro surgió una heroína, para muchos Amancio se había metido dentro de una jugadora, que como él, era bajita y regateaba con mucha facilidad. Lo de bajita, más bien, era por su edad. Con 13 años Conchi Sánchez se había hecho con tan ilustre apodo debido a su desparpajo entre chicas que rondaban los 18 años. Lo de regatear con facilidad lo aprendió a base de partidos con sus amigos en la Plaza del 2 de Mayo, donde jugaban con regularidad. Ella es considerada la primera jugadora de España en vivir del fútbol. La primera en explorar un deporte que parecía tener solo un género. La que puso la valentía para romper con lo escrito y abrir las puertas para que pasaran las miles de mujeres que hoy pueden poner botas con tacos a sus sueños. A pesar de que aún hay mucho camino por recorrer, hoy son muchas las que siguen luchando para que el fútbol femenino, y el deporte en general, se equipare entre ambos sexos.

Nuria Sánchez (‘Mulán’, como se la conoce en el mundo del fútbol), al igual que hiciera Conchi “Amancio”, empezó también rodeada de chicos,  porque a pesar del tiempo que ha pasado, el deporte rey sigue estando más relacionado al género masculino. “Estoy haciendo un doctorado enfocado en la educación física y el género, porque por ejemplo normalmente las chicas en fútbol nunca participan, para que se intente cambiar un poco esa realidad. He creado una unidad didáctica de varias sesiones para que ellas participen y los chicos sepan que, a pesar de que no todo el mundo es igual de hábil, con trabajo el fútbol puede dar una vuelta en ese aspecto.” A los siete años Nuria, que ya llevaba unos cuantos dando patadas a un balón junto a sus amigos, sufre su primer revés tras declararle a su madre el amor por el fútbol y no a las clases de ballet a las que la habían apuntado. “Le dije a mi madre que prefería jugar al fútbol y me intentó apuntar al equipo del colegio, pero el entrenador no quería chicas en el equipo”. Para ella, más que un revés, fue un empujón a perseguir su sueño, “fue una razón más para continuar jugando. Si le hubiera hecho caso no hubiera llegado a Primera y no tendría los valores que me ha dado el fútbol”.

 

“Creo que hasta cierta edad deberíamos jugar todos juntos. Ellos aprenden de nosotras y viceversa”

 

Las palabras de Will Smith en En busca de la felicidad, “No permitas que nadie diga que eres incapaz de hacer algo”, fueron tomadas al pie de la letra por Nuria, que siguió buscando su felicidad hasta llegar a lo más alto. Fichó por el Villarreal, y jugó en Primera con el Valencia, equipo en el que acabaría pasando el grosor de su carrera: “En el Valencia es donde más aprendí, me dio la oportunidad de jugar en Primera. Pasé la etapa más importante. Crecí como jugadora y como persona”. Tras seis años en el equipo che, la sed de nuevos retos llevaron a ‘Mulán’ al norte de España, en concreto a San Sebastián. “En la vida necesitas cambios, pasé muchos años en Valencia y la Real Sociedad me dio una oportunidad: conocer gente nueva, una nueva dinámica.” En el equipo donostiarra permaneció un año antes de tomar la decisión más difícil. El fútbol, desgraciadamente para ellas, está en un segundo plano cuando se trata del futuro, los ingresos no permiten dedicarle todo el tiempo que deseas y la preparación para el postfútbol casi siempre acaba siendo más importante. “Tuve que decidir si continuar jugando al fútbol en Primera o centrarme en mi vida laboral”. Al final, la dura realidad golpea a tu puerta. Este deporte solo alimenta a un lado, y en el femenino debes plantearte el después, “al final a todas las jugadoras nos llega el momento de planteárnoslo. Realmente es lo que te va a dar de comer.”

En Inglaterra, pudo seguir practicando su deporte con el Leeds a un nivel menos exigente a como lo hacía en la Real.  En el club inglés coincide con Pablo Hernández, ex valencianista como ella, y con el que labra amistad. Tras acabar su formación en el país del té, vuelve estas navidades a España y, con la prioridad de continuar su formación, el Villarreal es de nuevo su punto de partida. “En el Villarreal, al estar en Segunda, no se entrena todos los días, lo que me permite tener tiempo para todo lo demás”. Los de Castellón miran a Primera como futuro cercano y la contratación de jugadoras con experiencia como Nuria les ayuda a estar más cerca de ese objetivo. “La mayoría de equipos de Segunda invierten mucho más que antes para ascender”.

El fútbol femenino ha evolucionado desde que se enfundara por primera vez la elástica del submarino amarillo, la profesionalización de algunos sectores es solo uno de los escalones que se han subido, pero, para muchas, no es suficiente. “Todas las jugadoras deberían ser profesionales y cobrar lo que se merecen”. Aun así es consciente que, desde que aquel entrenador cerrara una puerta, son muchas las que la están abriendo: “se están empezando a hacer las cosas bien, ahora se está dando el valor que merecen las chicas. De aquí a unos años las condiciones serán mucho mejores”. La mayoría de niñas ya no tienen el problema de ser rechazadas en un equipo, el fútbol base está creciendo y son muchos los equipos que tienen un equipo femenino en su cantera. Ahora la pregunta es; ¿es necesario separar ambos géneros desde tan pequeños? “Creo que hasta cierta edad deberíamos jugar todos juntos. Ellos aprenden de nosotras y viceversa. Yo jugaba con chicos y he aprendido mucho”.

El deporte como forma de vida. Nuria lucha por cambiar la percepción que la gente tiene en el deporte, no solo tuvo la valentía, junto a muchas más, de no hacer caso a quien le dijo “no”, también intenta que nadie vuelva a pasar por ello enseñando a los más pequeños los valores que te proporciona el deporte. “Queremos cambiar la dinámica del deporte, utilizarlo para educar a los niños. El fútbol me ha dado todos los valores que tengo y somos partidarios de que el respeto, el compañerismo y el trabajo en equipo se consigan a través de ello”. Cada persona que forma parte del fútbol femenino se ve en la obligación de, no solo jugar, también mejorar y hacerlo crecer, es esta generación la que está dando a conocer más que nunca este deporte. “Nos sentimos con la responsabilidad de reivindicar nuestro deporte, a pesar de que estamos viendo la luz hay que seguir. Trastocar un poco todo para intentar que el fútbol femenino avance más rápido”. Los tacos que marcó Conchi aquel 8 de diciembre solo fueron los primeros de millones que vinieron después, haciendo cada vez más visibles las marcas en el barro de quien lucha por seguir creciendo.