¿Quién no lo recuerda subido a la barra de un pub, bebiendo, fumando y derramando cerveza entre cánticos? Es Leo Gregory (Londres, 1978), conocido por sus papeles en varias películas sobre violencia en el fútbol, principalmente Green Street Hooligans, centrada en la hinchada del West Ham. En plena promoción de Once Upon a Time in London, su nuevo filme, nos recibió con su estilo casual, fumando y jugando con el mechero mientras charlamos sobre fútbol.


 

No soy hincha del West Ham, para nada. Soy del Tottenham desde siempre. Obviamente, en Green Street Hooligans solo interpreto un papel. Fue fácil ponerme en la piel de un seguidor ‘hammer‘. Más que nada porque, aunque parezca mentira, el West Ham me pagó el abono de temporada del Tottenham. Eso facilitó mucho las cosas.

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Crecí con tres hermanos y con mi madre. Dos de ellos y mi madre son hinchas del Arsenal, únicamente yo y otro hermano somos ‘spurs‘. Así que te puedes imaginar cómo eran los días de derbi en casa: muy divertidos. A pesar de que White Hart Lane ya no será el mismo que conocimos, ir por High Road el día de partido, las cervezas en el Seven Sisters, todo ese murmullo de gente un día de partido, resultan ser de las cosas más interesantes que puede haber para un chaval. Tengo muchas ganas de ir al nuevo estadio. Lo hemos hecho mucho mejor de lo esperado en Wembley, que siempre se nos había dado algo mal. Pero no es nuestra casa.

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Una vez me invitaron a un derbi del norte de Londres contra el Arsenal en White Hart Lane, para promocionar una película con el director y el productor. En el descanso, íbamos ganando 1-0, con un gol de Ledley King, y en el túnel de vestuarios me encontré a Robert Pirès, hablamos un ratito y nos fuimos hacia el terreno de juego. El francés entró desde el banquillo y metió el gol del empate. Aún hoy pienso que le tenía que haber dado una patada y haberlo noqueado. El jefe de comunicación del Tottenham ya sabía que yo era aficionado del equipo, así que me advirtió que me comportara y que no dijera, por nada del mundo, eso que los seguidores ‘spurs‘ cantaban contra el Arsenal. Así que me dio el micrófono, y en el centro del campo, de mi campo, el de mi equipo, durante un derbi, lo dije. Dije lo que no tenía que decir. Lo que pasa es que para salir teníamos que dar la vuelta y pasar por delante de los seguidores ‘gunners‘, así que todo el fondo visitante me cantó: Oh, who the fucking hell are you [‘¿Y tú quién cojones eres?’].

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Con Elijah Wood siempre nos felicitamos el cumpleaños. Es un buen tipo. Le encanta la cultura británica y nuestra música, temas de los que sabe más que yo. Cuando rodábamos Green Street Hooligans, había una escena en la que le tenía que dar un puñetazo en la cara. Lo ensayamos, pero, no sé si porque él no estaba prestando atención o por mi culpa, le di bien en toda la jeta. ‘¡Mierda! Se ha acabado mi carrera. Vendrá todo Hollywood a por mí’, pensé. Pero por mi bien, y el de los productores, no le pasó nada y pudimos continuar con el rodaje.

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La clave fue que Cass Pennant se involucrara en los filmes que rodé sobre la hinchada del West Ham. Él, que había sido uno de los hooligans más temidos y respetados de Inglaterra, se puso en contacto con las distintas firms [grupos de hooligans] del país. Claro, él los conocía a todos. Nos decían, por ejemplo, cómo teníamos que vestir. Es más, los figurantes en las escenas de violencia son hooligans de verdad, hombres que han formado parte de algunos de los grupos de hinchas más importantes.

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Nunca he sido un hooligan, soy un actor, pero sí que conozco a gente que está dentro de ese mundo y también me ha tocado vivir situaciones algo complicadas. Viajando con el Tottenham, en la época en la que era abonado, fui entendiendo cómo funciona la cosa. En ocasiones, estás donde se cuece algo y te ves involucrado. Recuerdo especialmente un partido en la Eurocopa de 1996, en el que Inglaterra cayó ante Alemania en semifinales, yo era bastante joven y estaba en el Soho, en West End [durante unos incidentes que acabaron con 66 heridos y 200 detenidos]. Si te gusta el fútbol y eres seguidor de un equipo, siempre llegas a conocer y a distinguir algunas firms.

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Hablando del Reino Unido, que es la realidad que conozco, diría que hoy en día está todo muy controlado, es seguro ir al fútbol. Pero no olvidemos que el país sufrió muchísimo la violencia en las gradas. Cuando hay huelgas, piquetes, disturbios, manifestaciones y la gente sale a la calle, he observado que en Inglaterra pasan dos cosas. Primero: se produce la mejor música. Segundo: la clase obrera se cansa de su día a día. Y eso se traduce en lo que ha llegado a pasar en los estadios británicos.

 


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Esta entrevista está extraída del #Panenka84, un número que todavía puedes conseguir aquí.